¿Te sientes preso? Escápate


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Que aunque dejas burlado el lazo estrecho que tu forma fantástica ceñía, poco importa burlar brazos y pecho si te labra prisión mi fantasía”. Juana De La Cruz

Mientras mojaba la última galleta digestic que esperaba desde hacía semanas la visita de la dama que nunca llegó, como si de un fantasma del pasado se tratara, miraba las rejas del zulito y de repente fue como si me encontrara preso en algún oscuro calabozo. Fue una sensación extraña que duró unos segundos, o quizás unos minutos. Pero puse los pies en la mesa del escritorio mientras fotografiaba la escena. Recosté para atrás la silla y me quedé mirando las rejas, la oscuridad, y el no saber si ahí fuera hacía frío o calor, había luz o tinieblas, como en el Tao: tinieblas dentro de tinieblas, la puerta de todo misterio.

Me acordé también de cómo separaban con un delgado lazo los límites donde debíamos pasear en la colonia de Gredos, en el retiro pasado. No podíamos pasar de allí. Esa era la ley, la norma. Pero mi consciencia era otra. ¿Por qué no traspasar esos límites imaginarios en la mente humana y volcar toda la libertad y vida en aquellos increíbles parajes? Eso hice una y otra vez. Saltarme la norma. Por las mañanas, mientras los otros dormían o descansaban, me escapaba hacia el sur. Allí descubrí una tropa de caballos que pastaban semi en libertad y que tanto me recordaban a mis caballos alemanes. Al principio sintieron desconfianza, pero a partir del tercer día, venían corriendo ante mi silbido. Era tan maravilloso poder abrazarlos, poder susurrarles al oído dulces melodías humanas que ellos interpretaban con cariño y gozo. Luego llegaban las despedidas, que siempre eran difíciles para ellos y para mí. Me acompañaban siempre hasta los límites que ellos nunca traspasaban…

Por las tardes me escapaba sigilosamente hacia el este. Allí estaban las montañas y los ríos y las maravillas del bosque. Qué grandeza sentarse junto a uno de ellos y escuchar el rumor de sus aguas. Los elementales danzaban por todas partes. Las hadas, los duendes del bosque, los espíritus de la naturaleza, con sus ondinas, sus salamandras, sus gnomos y sus sílfides que revoloteaban de aquí para allá para compartir el espectáculo natural.

Entonces, ¿cómo renunciar a esas maravillas por aquellas normas? No podía, mi espíritu, alentado por la luminaria celeste no me permitía dicha sinrazón. Por eso hoy, tras contemplar los garrotes, y a sabiendas que esos cayados solo existen en nuestra mente como proyección, cogí mis mallas de invierno, me calcé lo más apropiado y me deslicé suave por las calles con mi bicicleta hasta el Retiro, donde disfruté de un hermoso paseo y una hermosa tarde.

¿Te sientes preso? Escápate. Escapa de tu rutina, escapa de tu trabajo, de tu pobreza y de tu riqueza. ¿Cuál es el límite? Sólo hay que traspasar la fina cuerda, o el barrote, aunque sea a base de lima. Sólo hay que evaporar de nuestros sentidos la sensación de panóptico, de esclavitud, de cerrazón. Sólo hay que escapar al infinito y abrazar a caballos y ríos… o pasear por el jardín botánico o por el Retiro o por… ¿Te atreves? Pues escapa… corre… escapa…

(Foto: la ventana de lo “zulito”… ¿Os acordáis de las ventanas de La Montaña?… La vida…)

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3 thoughts on “¿Te sientes preso? Escápate

    • Gracias Inma, pues tú también me gustas, sin conocerte, por esas cosas tan bonitas que dices, que no son más que un reflejo de aquello que llevas dentro… Gracias de corazón por tu guiño bienvenido…

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