Escenas del bosque encantado


Image-1

Decía Oscar Wilde en el prefacio de “El retrato de Dorian Gray” que el artista es creador de belleza: revelar el arte y ocultar al artista es la meta del arte. Quienes encuentran significados bellos en cosas hermosas son espíritus para los que cabe la esperanza. Para ellos, decía, las cosas hermosas sólo significan belleza.

Todo arte está impregnado de belleza, de superficie y símbolo, de consecuencias y encuentros, de inspiraciones y momentos.

Con esos retazos se dibuja una mañana cualquiera siempre y cuando tengamos la suficiente lucidez para estar despiertos y poder contemplar las cosas bellas. Hoy ha sido una de esas mañanas lúcidas. Había un intenso perfume que embalsamaba el zulito. En la calle la ligera brisa primaveral anunciaba atisbos de esos árboles que siempre imaginamos cuando vivimos en grandes ciudades. Los que decoran el barrio solo son muestras alejadas de ese intenso olor a lilas o el delicado aroma de los espinos y el tomillo que consumía cuando vivía en la montaña. Pero no importaba, para mí dibujaban un bosque plagado de alfombras y tapices verdes, resplandores cargados de dulzura y espeso color a miel.

Las ramas abrían paso entre palomas que apuraban trozos de pan duro que alguien había dejado en la plaza Dos de Mayo. Mientras esperaba, las pisoteé con tacto pues los pajarillos más pequeños no podían disfrutar del manjar si no era a base de trozos pequeños. Qué hermoso tributo poder compartir ese trozo de pan duro.

Apareció hermosa, con una de esas sonrisas que gustan ver un lunes por la mañana. Había dado un salto cuántico de lo digital a lo real. La toqué disimuladamente para ver si era de carne y hueso. Claro que lo era, como en esas fantasías donde los pájaros de vuelo raso se deslizan impregnados de seda india, cargados de jade o como notas graves de un órgano lejano.

En las aceras no había saltamontes, ni madreselvas ni ninguna primaveral amapola. Pero no importaba. La lucidez puede dibujar un bosque donde sólo hay edificios y un prado verde donde sólo hay perseverancia. Y entramos a un rincón del paraje que llamaban café Pepe Botella, el cual podíamos imaginar como un trozo de sendero plagado de cielos turquesa, o como diría la voz que le habló a Dorian Gray, “un sueño de belleza en días de meditación”.

Charlamos sobre la vida y el amor. Sopesamos los avatares de la existencia. Apenas nos dio tiempo a hablar sobre Platón u Ortega o Jung, pero bastaron tres pinceladas para situar la escena y doblegar las ganas de seguir avanzando. El amor estético, el amor pasional y trágico, el amor de esos gorriones enlatados que alborotan entre hojas de cualquier enredadera… Todo podía contenerse en ese dialecto que descifra extrañezas y comprensión. Así da gusto ser ocioso un lunes por la mañana y compartir en el mundo real un bonito tiempo. Así que gracias a la dama por el paseo en el bosque y la pradera. Como nos quedó hablar del fuego de los dioses, habrá más paseos, más bosques, más praderas…

(Foto: La plaza Dos de Mayo de Madrid, esta mañana de lunes encantado…)

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s