Desde la compleja solitud


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Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante.” “Lo hermoso del desierto es que en cualquier parte esconde un pozo”. El Principito

Ya se fue MJ. Hemos pasado unos buenos ratos de charla y experiencia. Ayer fuimos a la iglesia que hay en la calle Ferraz. Entramos a la cripta subterránea y participamos en la ceremonia, sencilla pero profundamente hermosa, de los cantos de Taizé. En la meditación se cantó un mantra en francés repetitivo que me gustó especialmente: “Oh tú, el más allá de todo, ¿qué espíritu puede captarte? Todos los seres te celebran. El deseo de todos aspira hacia ti”. Luego vinieron el Laudate Dominum, el Jubilate Deo, el Veni sancte spiritus tui amoris y el Dominus spiritus est. La mente y el corazón ciertamente se liberan en estos rituales místico-religiosos que pretenden conectarnos con el vacío envolvente, con la infinitud de las cosas y con la sensación de infinito primordial.

Después de Taizé fuimos a cenar a Lamucca del Pez, aquí cerca de casa, en la plaza Carlos Cambronero. Hacen unas pizzas de setas irresistibles. Mereció la pena esperar mientras mirábamos a unos y a otros en la barra del bar. Salí un momento al baño y una hermosa camarera me señaló en silencio su dirección. La miré encantado por su silenciosa presencia e indicación. Cuando ella misma vino a servirnos los postres, MJ, con esa gracia andaluza irresistible hizo los honores de romper ese delgada línea que a veces nos separan a los seres humanos y resultó todo un descubrimiento comprobar que tras el traje de luces había toda una artista. Nos intercambiamos algunos datos y volvimos felices por el hallazgo.

Hoy comíamos en los Hare Krishna. Participamos de los cantos que hay antes de la comida. El mantra se repetía, ahora en otro lenguaje, con otros ritmos. Pero en esencia era igual. Conectar nuestra mente finita con lo infinito. Anular cualquier preocupación y liberar nuestro interior. Con la ayuda de un armonio indio, címbalos, y mrindangas, se creaba un ambiente propicio para la devoción y la entrega a esa unidad de las cosas invisibles que nos unen y proyectan significativamente en experiencias de ese tipo.

Y ahora en la soledad, acompañado por el sonido del Nocturne de Chopin me libero de toda experiencia para entrar de nuevo en el silencio. Ahí fuera sigue haciendo frío. Parece que la primavera se resiste. Al menos en el interior hay una extraña calma, una serenidad apacible, una ecuanimidad bienvenida acompañada de ráfagas de melancolía indescriptible. Sazono los tiempos a base de recuerdos pasados y futuros, pero intento estar presente en el instante de la ocasión. En un estado intimista, oculto, secreto. Esperando la próxima experiencia, el próximo reencuentro, el siguiente momento de vida. Como esas notas de piano que se entremezclan unas con otras para crear la armonía celeste de la música. Solitud en Madrid. Compleja solitud.

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