Encuentros bajo la lluvia


encuentros

Me gustaba observar todo lo que ocurría en lo interior, pero también en lo exterior. Había una pareja que me llamó especialmente la atención. Ella hermosa, de unos vivos ojos verdes que lo miraban todo con suma curiosidad. Él, tímido, reservado, pero husmeando una y otra vez todo cuanto ocurría. Pude ver como el primer día sus miradas se cruzaron. Hubo un segundo de tensión, un segundo de vuelco, de flujo libre, de conexión poderosa, de llama invencible. Fue como si se hubieran reconocido en esos encuentros estelares que ocurren en otras dimensiones.

Había en el lugar más apartado un rincón donde podían visualizarse. Se cruzaban casualmente una y otra vez, una y otra vez. Se miraban tímidos pero con deseo, con curiosidad, con anhelo. Al fondo de la granja había un rincón con caballos donde él se escapaba para pasear y abrazar a los animales. Ella lo buscaba con la mirada sin poder verlo, y sin poder imaginar qué estaba haciendo, qué estaba sintiendo, qué estaba pensando. Y él imaginaba que ella también se fugaba a ese lugar secreto y ambos paseaban juntos, en silencio, y ante la inmensidad de la expectativa.

Una de las mañanas se volvieron a cruzar las miradas en el rincón apartado. Él se quedó inmóvil y ella se sentó para estar más cerca. De repente empezó a llover. Todos corrieron a refugiarse pero ellos permanecieron inmóviles, mirándose en silencio mientras la lluvia corría por sus rostros. No podían traspasar la barrera invisible que les separaba, pero sus almas ya se habían rozado, ya se habían penetrado para siempre.

Cuando todo terminó tuvieron oportunidad de hablarse, de comunicarse, incluso de abrazarse. Pero nada ocurrió. Ambos forzaron oportunidades pero ambos huyeron de las mismas. Ambos provocaron encuentros pero ambos los silenciaron con igual acritud.

Me gustó observarlos porque veía en ellos tantas y tantas historias de amor, tantos y tantos encuentros que ocurren a cada instante. Me preguntaba qué poderosa llama hacía que las almas se reencontraran una y otra vez y qué poderosa lluvia torrencial hacía que se alejaran de igual forma, silenciosamente, con ese dolor de la promesa incumplida y de la experiencia agotada. Los observaba y me preguntaba todas esas cosas mientras la primavera volvía y los corazones palpitaban de nuevo.

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