Cartas sobre la luz


luz

Todo lo que el hombre aprende está ya en él. Todas las experiencias, todas las cosas exteriores que le rodean no son más que una ocasión para ayudarle a conocer lo que hay en sí mismo”. Platón

Estimado RS,

Aquellos que se consideran discípulos de la luz tienen como misión, o eso dicen, ser una luminaria para dar cobijo a los sedientos y desamparados. La luz puede ser transmitida como una antorcha mediante libros, charlas, miradas, ayuda, cooperación, servicio, estudio, meditación, presencia o mero silencio. Cualquier actividad, desde un jardinero a un político, puede ser un punto de luz. El grado de luz dependerá de su fuente, de su fuerza, de su energía y su cualidad. Podemos pasarnos toda una vida preocupados por mantener el cuerpo físico (comida, trabajo, vestido, reproducción) o podemos preocuparnos, además de eso, de hacer crecer y mostrar otro tipo de realidades o manifestaciones de la existencia.

Cuanto mayor es el trabajo alquímico interior con nuestros cuerpos (esto incluye al físico y sus pesados metales), mayor es el grado de luz que somos capaces de irradiar, y por lo tanto, mayor es nuestra capacidad para dar “cobijo”. Llega un momento en que la luz es tan poderosa que se sufre una muerte real. Ya sea por un accidente, una enfermedad o un proceso consciente de cambio. Esta muerte real se la conoce como “segundo nacimiento”. En estas semanas he conocido a dos auténticos “nacido dos veces” que han pasado por ese proceso y que ahora son auténticas luminarias en su labor diario. Ya sea de forma pública o anónima, ambos realizan un trabajo increíble y poderoso. La masonería u otras órdenes iniciáticas esgrimen simbólicamente muy bien este proceso en su rito de “iniciación”.

Esa poderosa luz también es cegadora, por lo tanto, también puede crear movimientos violentos (ante la ignorancia) o de repulsión y desprecio (ante el miedo). Recordemos los trágicos finales de personas luminosas como Cristo, Gandhi o Martin Luther King. Inevitablemente, cuando encendemos una cerilla, hay algo que arde, y por lo tanto, hay algo que muere para producir luz. Y de alguna forma hay que estar preparados para esa muerte, y para ese segundo nacimiento en la luz. Una de las tareas más complejas es la de estar preparados para regular la intensidad de la misma. Mucha luz es tan perjudicial como mucha oscuridad. El intento de erradicación de la ignorancia y el miedo puede provocar situaciones contrarias, es decir, más ignorancia, más miedo, más violencia.

Luz es solo una palabra-símbolo que pretende mostrar un grado diferente de consciencia. Consciencia no significa inteligencia, sino tener una posición privilegiada para ver y entender los acontecimientos que ocurren a nuestro alrededor. Es como cuando en un documento de word o cualquier otro programa de diseño le das a la opción “ver caracteres ocultos”. De repente se despliega un mundo paralelo, unas “capas” que siempre han estado ahí pero que no eran del todo visibles excepto cuando tecleas esa opción. Si seguimos buscando más caracteres ocultos, de repente vemos que todo está encriptado en un idioma o código HTML o Javal ininteligible excepto para los iniciados en esa materia, en ese idioma. Desde esas capaz o realidades o códigos puedes “ver” los lazos que conectan todas las palabras y las cajas que las contienen, los caracteres ocultos que producen negritas y cursivas y tabulaciones y dan forma no solo al contenido, sino al continente. Este paralelismo sirve para lo que llamamos realidad. Existen personas capaces de leer ese código secreto al que lo antiguos llamaban el “Liber Mutis” y además, son capaces de modificarlos para crear nuevas realidades, “nuevas capas”, nuevos enlaces.

Tener consciencia, tener luz, no es más que la capacidad de “ver” ese otro orbe que siempre ignoramos por nuestra constante sumisión a la realidad ordinaria. De ahí la necesidad de rebeldía metafísica. Pero, ¿qué ocurre cuando “vemos” ese orden? Que entendemos el caos aparente y que por lo tanto deseamos ser partícipes del Orden mayor, “del Propósito que los maestros conocen y sirven”, como dice el viejo adagio, un propósito que pasa por hacernos más humildes, más sencillos, más compasivos y transparentes para que la luz nos atraviese y pueda llegar a otros. Y es ahí cuando nos convertimos en “creadores”, en luminarias, en “tejedores de luz“. Recuerda el viejo ritual: “luz, más luz”. Eso es todo.

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4 thoughts on “Cartas sobre la luz

  1. Probablemente sea tu grandeza, pero no entenderé nunca que sea el mismo quien escribe esto y quien llora por los rincones, chorbi tras chorbi.
    Sé que yo no busco ni el disimulo de esas sombras… pero no soy capaz de escribir lo que está akí arriba.

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    • La vida es experimentación y cambio, constante cambio. La fluidez de la trasparencia te permite poder estar un día mirando el sol y otro mirando las sombras que produce la luna. Hoy toca sol. Mañana llegará la noche, y estaremos preparados para superar sus estímulos… Lo importante es no amarrarse a ninguno de los dos, sino seguir fluyendo, experimentando, cambiando… 🙂

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