Emociones ausentes


desierto

Estimado M.

Ando escribiendo un libro que mal titularé “La sociedad narcotizada”, narcotizada por la estupidez, la ignorancia y el egoísmo traducido en fútbol, televisión, internet, drogas y sexo (y la política, que es un estadio superior del sexo-violencia). Es una visión algo radical y casi un insulto a la falta de inteligencia humana, por lo que seguro que, aunque sigas cabreado y decepcionado, independientemente del sujeto que lo escribe, estoy convencido que te gustará.

Estuve en el Languedoc recientemente con una bella mujer que terminó también odiándome. Inevitablemente me acordé de ti y de nuestras conversaciones. Me preguntaba cual es esa delgada línea que hace que el humano sea capaz de pasar del amor al odio con tanta facilidad. Esta mujer me hizo reflexionar por todas esas personas que han estado de alguna forma estrechamente vinculadas a nuestras vidas y de repente desaparecen, con o sin motivo. Porque los motivos, aunque puedan ser del todo dolorosos, no deberían ser mayores que el amor que algún día los provocó. Eso también me hace pensar en aquellas otras personas que a pesar de circunstancias odiosas, han permanecido ahí. Eso demuestra que los humanos somos capaces de muchas cosas, dependiendo del grado de narcotización en el que estemos. Si la conexión con nosotros mismos es profunda, necesariamente la conexión con el otro también debe serlo, porque el otro no es más que un reflejo de ese todo que albergamos. Somos construcciones sociales, humanas, que dependen del otro para tener sentido.

Como ves sigo erre que erre, porque de alguna forma permanezco. Aunque sea en la sombra y en esta cómoda situación de no tener que dar ya más explicaciones sobre nada.

Ahora vivo en un zulito de menos de cuarenta metros, en absoluto silencio y oscuridad. No está mal el cambio, haber pasado de una casa de 400 metros plagada de luz a un zulo oscuro en un lugar oscuro. Llevo vida de eremita, comiendo poco y saliendo poco a la calle. La soledad siempre es una llama y en esas andamos. Hace justo un año perdía la casa de luz. También hace justo un año que ocurrió el incidente que nos separó. Por ese incidente y alguno más la bella Y. también decidió romper con nuestra relación, relegando mi vida a la realidad en la que ahora estoy. No me quejo. Estoy bien. Reconstruyendo muchas cosas en muchos planos. Revitalizando la esperanza como sujeto activo de nuestras vidas. Rentabilizando las horas para moldear la psique enferma en algo profundamente sano. Pasar de ser narcotizado a ser lúcido, si es que esto es posible. ¿Es posible una sociedad lúcida? Como decía, la soledad siempre puede ser una llama. Una llama hermosa que no terminará con la locura de esta loca vida, pero sí será capaz de volverme, y de paso volvernos, más humanos y sinceros.

Espero que estés bien, espero que todo vaya bien.

Un abrazo sentido…

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2 thoughts on “Emociones ausentes

  1. Lo curioso Javier es como pierdes las amistades y los amores. Por ejemplo habiendo conocido a la bella Y, una mujer muy completa.

    Mi pensamiento, en el que me incluyo. Nosotros en lo profundo, lo queremos y creamos que las cosas sean asi.

    Y es muy cierto, lo experimentado, o vivido en relación a otro, es un reflejo de nuestro interior. Continuamente creamos nuestra vida, interior y exterior.

    La diferencia esta en si lo que creamos, es a sabiendas y con consciencia, o estamos viviendo en la pura mecanicidad inconsciente, en todo lo que hacemos.

    Un abrazo.

    Javier

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