La vida secreta


 vida

Quien agarra tu tiempo agarra tu mente. Sólo debemos mirar el tiempo que pasamos en algún sitio, haciendo alguna actividad, mirando absortos la televisión. ¿Quién nos atrapa? ¿Quién apresa nuestras vidas?

El aprisionamiento mental tiene que ver con nuestra docilidad a la hora de no enfrentarnos a la vida de forma activa. Creemos que la vida es eterna. Vivimos como si tuviéramos todo el tiempo del mundo por delante. Pero realmente no es así. Cada segundo que pasa es un segundo menos de existencia, un instante fugaz que se escapa para no volver nunca más.

De ahí la insistencia de volvernos temerosos ante el reto de la vida. Siempre habrá dos caminos, el cómodo, el que nos aferra a nuestro espacio de seguridad, y el desconocido, el camino de la vida secreta. Esa poderosa elección nos llena la existencia de experiencias, de profundos encuentros y de increíbles momentos irrepetibles.

Si tuviéramos que recordar uno por uno todos los años de nuestra vida, ¿qué recuerdos albergamos de unos y otros? Realmente pocos, quizás un viaje que nos sacó de nuestra rutina, quizás el encuentro con un ser especial, quizás la experiencia traumática de algún acontecimiento inesperado. ¿Hay alguien que pueda recordar algo más que eso? ¿Qué pasó con el resto de los mi cuatrocientos cuarenta y cuatro minutos del resto de los días. ¿Dónde se fueron? ¿Quién o qué los atrapó?

Ahora el reto está delante nuestra. Miramos el reloj y miramos hacia delante. El tiempo pasa y cada segundo es una elección. Sin embargo, hay otro tiempo al que los antiguos llamaban kairos. Es el tiempo de la ocasión. Es el tiempo de la rebeldía cósmica. Es el tiempo de sentirnos aquí y ahora, a la espera del instante milagroso. Entonces ya no miramos el reloj porque cada segundo, cada instante es único y auténtico. Ya nada ni nadie nos atrapa. Ya nada nos aprisiona a nuestra condición de zombis vivientes. Aprendemos a vivir, aprendemos a caminar en la vida secreta.

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2 thoughts on “La vida secreta

  1. Para todos los que por aquí estamos 🙂

    Y no pasa nada por tener malos días, todos los conocemos… y nada (al contrario) por expresarlos. Las sonrisas siempre vuelven, siempre.

    Me gusta

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