La esperanza me sirve


esperanza

Los anfitriones en Málaga, los queridos y siempre generosos D. y P. me han acogido como a un auténtico príncipe. Primer plato, segundo plato, tercer plato, postres… Da gusto ver como la generosidad de la compañía puede reanimar anímicamente a cualquiera. Especialmente cuando estás con personas que no juzgan. Solo te aceptan como eres, con tus cosas buenas o tus cosas malas. O personas que tienen tanta bondad interior que solo son capaces de ver exclusivamente bondad en el otro.

Por la mañana me levanté y estuve perezoso al menos dos horas disfrutando de los rayos del sol que entraban por la ventana. A muchos os parecerá exagerado pero cuando has pasado casi tres meses sin ver un amanecer con esa luz, especialmente esa luz del sur, creedme que dos horas han sido insuficientes. No podía creer que hasta hace poco viviera en un lugar totalmente luminoso, con grandes ventanales donde ninguna cortina o persiana impedía la entrada de la luz. Las noches siempre eran igualmente espectaculares. La visión del cosmos nítido y cargado de luminarias era algo que siempre me conmovía. Así que dos horas de luz ha sido mi regalo de la mañana.

El regalo de la tarde era pasar unas horas con los también generosos editores de Sirio, de los cuales estoy aprendiendo mucho y me están ayudando en mi supervivencia empresarial. Su generosidad, también extrema en los tiempos que corren, son testimonios que merece la pena expresar públicamente. Creo que animan de alguna forma a los que por algún motivo lo están pasando mal. No os preocupéis amigos, el mundo está lleno de gente buena y con ganas de ayudar. De hecho, si algo estamos aprendiendo de esta crisis es de la inmensa capacidad que el ser humano tiene para ayudarnos los unos a los otros. El apoyo mutuo y la cooperación se ha demostrado que es el germen de la evolución humana. Así que si algún día pasáis por una librería y veis el sello de Sirio acordaros: detrás de ese logo hay personas generosas, amantes de los libros y amantes de la vida humana, con sentido, con increíble generosidad.

Y así he pasado mi primera tarde y mi primera noche en Málaga. Una tierra luminosa, donde justo cuando llegaba a casa de los amigos que me acogen escuchaba en directo la noticia del nuevo Papa. Me ha gustado por muchos motivos su nombre: Francisco. Quizás estemos ante una nueva forma de entender la Iglesia, al menos la Iglesia verdadera, esa que predicó el inspirador de la misma cuando decía: “amaros los unos a los otros”. Es algo tan sencillo y tan difícil…

Sin embargo hoy he sentido ese amor. En el sol de la mañana acariciando el rostro en la Montaña, en los amigos de Sirio, en los amigos que me acogen estos días y en el generoso sentido de poder compartir este momento con todo aquel que guste de buscar esperanza en un momento difícil. Pues sí, mientras hay vida hay esperanza. Y la esperanza, como decía el poeta, me sirve, aunque sea mansa.

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