¿Dónde estás ahora?


 desierto

Nunca estuve en Ypacaraí, a pesar de que albergo cientos de recuerdos de su lago y sus canciones. Recuerdo sus noches tibias mientras ella cantaba triste sus melodías en guaraní. Había una hermosa noche de plenilunio donde sus blancas manos desprendían calor. El camino hasta el lago atosiga la marcha melancólica, sopesando el suave canto.

Había otro lago en otro extremo. Le llaman el Lago de Aguas Blancas. En ese sí estuve, junto al gran desierto que daba cobijo a camellos e invertebrados. Allí había silencio, metáfora, timidez. No había nadie excepto el reflejo del alma en sus aguas. Allí también nació en la cueva blanca la poderosa llama que exterminaba las aristas del desprendimiento.

Conocí una vez a una mente poderosa. Desprendía rayos de fuego de su cabeza fulminando cualquier trozo o atisbo de agua o tibieza. Era capaz de evaporar lagos enteros con solo mirarlos. Pero su fuego no podía mirar el reflejo en el lago. Si es muy potente, termina evaporando sus cristalinas aguas. La llama tibia se deshace en la cera mientras el fuego descontrolado arrasa con bosques y pastos.

Ayer me hubiera gustado ser poseído por las fragancias de Ypacaraí y la ternura de Aguas Blancas. Lo intenté, me fui incluso a dar un paseo leve por las calles plagadas de luminarias con el ánimo de no dejarme arrastrar por el huracán que preveía. Pero el fuego era poderoso y encontró a otro fuego aún más poderoso y radiante, y el bosque entero ardió.

Ahora todo quedó desierto y desolado, arrasado por la llama que no pudo ser templada. Sin lagos, sin bosques, sin ríos. Sólo un gran desierto por delante, sin agua y sin llama, sin fuego y sin tibieza. Toca, de nuevo, la travesía por el desierto. Toca caminar para que las piernas no se hundan en el fango y el alma no escape a la llamada. Ahora el fuego se extingue porque ya no queda nada. Sólo la llama tibia que aguarda, en su cueva, nuevos bosques.

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One thought on “¿Dónde estás ahora?

  1. Le puedes plagiar a Zulema todos los versos y lamentarte x las esquinas como las rimas de una copla… “Estará donde le dé la gana”. Cuanto antes se comprenda, mejor.
    La “llama destemplada” se apaga con agua fría, seguro. Se aplica sobre la nuca cuando el recuerdo regresa… ¡hasta que no vuelve más!
    Un abrazo.

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