Reflexiones sobre el “yo” (mientras llueve)


 Javier Leon

Tras comer con unos amigos en Artemisa me marché al curso. A la salida llovía, así que aproveché para meterme de nuevo en el Lefties y comprar uno de esos pantalones de pana baratos, esta vez, para disimular mi escueto vestuario, de distinto color. Llovía a cantaros y eso me hacía feliz, porque la lluvia es hermosa cuando se contempla desde su propia naturaleza.

A la vuelta, mientras me mojaba alegremente, reflexionaba sobre el ego y sus peculiaridades. Siempre he sido una persona silenciosa, de esas que en el colegio se sentaban siempre al final de la clase sin hacer ruido excepto para echar de esas carcajadas que a veces me salen sin venir a cuento de nada. La frase preferida de mis profesores para referirse al chico de atrás siempre era la misma: “Xavi, aterriza”.

Lo mismo ocurrió de mayor. Siempre escondido, sin llamar mucho la atención, viviendo en la invisibilidad del anonimato. Cuando hay más de tres personas, prefiero escuchar y atender. Sólo expreso palabra si se me pregunta, dándole el protagonismo al otro. Sólo me animo a la cháchara cuando el interlocutor me interesa de verdad, o estamos a solas y el momento requiere de compartir.

En los momentos en los que los flashes podían deslumbrar de alguna forma, siempre los esquivaba. Cuando vivía o tenía a mi lado alguna celebridad (ya fuera por mis relaciones personales o mi trabajo), intentaba esconderme o apartarme. Cuando por algún motivo había la oportunidad de hacer alguna entrevista, buscaba la forma de evitarla.

Los que no me conocen aún siguen pensando que en lugares como este modesto blog sigo haciendo una extensa propaganda de mi “yo” o de mi “ego” o de mi vanidad o de mi orgullo espiritual o de cualquier otra cosa que pueda parecerse. No lo voy a negar. Quizás este exceso de desnudez o transparencia pueda parecer una exuberancia encubierta. Ni siquiera me paro a pensar en ello. Me gusta escribir todo lo que no hablo, y lo bonito de escribir es que no obligas a nadie a escuchar. Sólo escribes, sin esperar respuesta, sin pretender un trueque mínimo. Es un acto generoso donde expreso reflexiones, cosas del día a día, cercanas, que sirvan o no de medida para sabernos humanos e imperfectos. Y me gusta regodearme con esa imperfección.

Cuando hablo de los demás intento hacerlo de forma disimulada. De ahí que ponga siempre una inicial acompañada de un punto. Algunos amigos a veces se han quejado de que hablaba de ellos, o de cosas que ocurrían entre nosotros, de ahí que siempre intento mantenerlas al margen de mis reflexiones. Pero admito que me resulta difícil hablar de la vida si no es compartiéndola con ellos. Y me resulta difícil hacer grandes análisis macroeconómicos, políticos o ideológicos si no es acompañándola con el rigor de lo cotidiano. Este estilo o forma de escribir con respecto a la filosofía de lo cotidiano a veces me reporta auténticos fracasos en el plano personal. Las personas que se acercan en exceso a veces se sienten desnudas ante mis reflexiones, que, inevitablemente pasan por la experiencia diaria.

En estos cinco años de escritura continua, casi sin parón, sin cobrar nada a nadie, sin poner molestos anuncios o banners para intentar sacar algún rendimiento de algún tipo, nunca me he molestado en ver los réditos de esta filosofía de escriba. Quizás a veces he sido un poco intenso con esas emociones inevitables que la mayoría prefiere, muy respetuosamente, ocultar o disimular. En mi caso no podía hacerlo, porque el plano emocional, nuestro gran reto como humanidad, requiere de cierta desnudez y transparencia, y me gusta diseccionarlo para comprenderlo y domeñarlo. No es que realmente me guste hablar de mí y de mis cosas. Realmente a nadie le interesa si he comprado unos pantalones baratos en Lefties o si he cenado con un ministro o un embajador o con mi amigo Perico, el de los Palotes, que de forma anónima siempre llena mis días y mis horas. Eso sólo son anécdotas, motivos narrativos, fórmulas literarias para anclar al lector en un espacio y un tiempo, en un escenario. Realmente, lo importante, de haberlo, son las segundas lecturas, la lectura atenta entre líneas, los mensajes que pudieran incurrir entre anécdota y anécdota. Por desgracia muchas veces nos quedamos en lo epidérmico, en la superficies, sin analizar realmente el fondo.

La única misión de esta humilde y anecdótica escritura que no pretende ni fama ni notoriedad de ningún tipo es la de compartir. Y lo digo sinceramente: sólo compartir. Y cuando se comparte a veces nos equivocamos, porque somos humanos y no tiene mayor importancia. Y a veces puede que salga algún atisbo de vanidad o de orgullo. De verdad, tampoco pasa nada. Como decía, podéis seguir leyendo o dejar de hacerlo, nunca os reclamaré gloria o beneficio, excepto vuestro amor invisible y vuestro cariño anónimo.

Escribir es crear, y leer lo escrito es como ser penetrado por esa energía creadora. Realmente parece una obscenidad, pero escribir y leer es como hacer el amor en otros planos sutiles. Cada vez que alguien escribe expulsa cierta energía que alguien recoge en alguna parte. Respirar, conspirar. Compartir.

En fin, sentía la necesidad de decir estas cosas porque la lluvia que hoy caía intensa en Madrid necesitaba del hogar de una chimenea, rodeado de amigos compartiendo un chocolate caliente y hablando de mil cosas inútiles para el mundo pero necesarias para la supervivencia de nuestro “yo”, que no es más que el vehículo con el que la naturaleza nos ha dotado para comunicarnos los unos a los otros e intermediar entre el mundo tangible y el intangible.

Pd.- Os dejo una foto mía donde podéis ver mis pantalones baratos. De verdad que no pongo mi cara para que veáis lo guapo que soy, sino simplemente para que veáis, como decía Unamuno, que soy persona de carne y hueso.

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5 thoughts on “Reflexiones sobre el “yo” (mientras llueve)

  1. Te veo doble?, es real?
    Muy bien, a pecho descubierto, me encanta.
    Las galletas parecen que no habitan ya en la dieta diaria, se nota que te cuidas.
    Aquí también llueve, y es entrañable.
    Abrazos gordos.

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  2. Yo también estoy muy de lo mio y te veo doble :))
    Me gusta mucho leerte, ya hace años que lo hago… y te considero muy valiente por escribir tal cual sientes.
    Abrazos para tod@s

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  3. Gracias Xavi. Estás guapísimo.
    Escribes cosas muy hermosas, pero lo que más me gusta es que seas tan cercano y cariñoso.
    Fuerte abrazo, y que sigas bailando bajo la lluvia. 🙂

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