No puede ser que estemos aquí para no poder ser


 luces

La frase de arriba es de Cortazar y viene a cuento. Hoy recibía las letras de una amiga pública que recibía ayer una inmerecida mansa de críticas e insultos. Sé de alguna forma lo que es eso. Hay mucha gente que descarga su furia o frustración encima de cualquiera que le sirva de pantalla o espejo sin importarle si detrás de esa pantalla o personaje hay una persona de carne y hueso. Parece como si por el hecho de que uno cuente sus cosas, a veces buenas y otras menos buenas, diera derecho a cualquier atropello.

Le he contestado que intentara no desmoralizarse por ello, que un corazón grande como el suyo tiene la capacidad de albergar incluso a lo insulso y tosco de la vida. Pero realmente todo es complicado en las relaciones humanas, porque todos, de una u otra forma, en momentos flojos o débiles tendemos a descargar nuestra frustración, ya sea contra un partido político, contra un rival futbolero, contra un filósofo que piense de forma diferente, contra el vecino o contra la persona que más amas, que a veces casi todo lo aguanta.

Al rato, otra amiga, también pública, me escribía para darme las gracias. Le he preguntado porqué lo hacía y me ha contestado algo bonito. Y eso demostraba que el ser humano también es capaz de cosas hermosas y bellas, y de elevarte, más allá de vanidades y egos, a cualquier cumbre de paz.

He querido poner estos ejemplos de personas públicas porque luego ha pasado algo maravilloso. Me he puesto mis nuevos pantalones que compré en Lefties por la friolera de 5,95 €. Creo que nunca había comprado unos pantalones tan baratos, pero los otros se me habían roto por los roces y me había quedado casi desnudo. También, al calzado que el otro día olía tanto, le he puesto las nuevas plantillas para dar un paseo por Madrid. Estaba lloviznando pero no hacía frío. Había un ambiente grato y la gente parecía con ganas de saludar y mirarte a los ojos para reconocer en ellos algún tipo de brillo. Aproveché el paseo para ir desde Malasaña y Chueca, pasando por Gran Vía, a la gran oficina de Correos que está en el Palacio de Comunicaciones. Allí me atendió una amable señora con la que echamos algunas risas. Atravesé desde allí toda Gran Vía, dejando a mi lado los hoteles Palace y Ritz que antes frecuentaba. Recordaba aquellos otros tiempos y los comparaba con estos otros. Y la sensación era de tanta libertad. Poder pasear bajo la lluvia, feliz, sin dar explicaciones, con un pantalón barato y unos zapatos viejos, en el anonimato de la invisibilidad, sin corsés, anónimo, totalmente anónimo.

Desde el paseo del Prado llegué hasta Atocha y desde allí bajé por Ronda de Toledo hasta el barrio de la Latina. Allí cobré mi primer cheque después de más de un año sin cobrar nada de los distribuidores quebrados. Era una cantidad pobre y ridícula en comparación a todo lo que desde la editorial le habíamos servido: 656,64€. Con eso tendría para pagar el alquiler de este mes y comprar algo de galletas. En un arrebato de paradoja cogí una parte del dinero y lo llamé diezmo. Ese simbólico diezmo lo dividí en tres partes y mientras paseaba desde la Latina hacia Tirso de Molina y de nuevo Gran Vía y Malasaña descargué las tres partes en tres manos anónimas que pedían en la calle. A un joven de mi edad, a un hombre de unos cincuenta años y a otro de unos ochenta. La selección fue: “los primeros que se presenten, sin juzgarlos”. El gesto no era para sentirme bien con mi consciencia o con mi vanidad. Era simplemente para mirar a los ojos a un igual. Todo ese dinero que me había ahorrado en pantalones ahora lo disfrutaban otras personas. Quizás para comprarse un paquete de tabaco o un trozo de pan. Quién sabe. Pero quise no juzgarlos por su situación ni por su origen ni por su edad ni por su condición. Solo ofrecer algo de lo que la vida, después de un año de espera, me había ofrecido. No sé cuantos pantalones del Lefties podría haber comprado con ese diezmo. No importaba. Hasta nuevo aviso, tengo suficiente con este.

En el fondo todo son gestos que nos hacen más humanos. No importa que seamos personas o personajes, que nos lean mil o cien mil o que de forma anónima paseemos por la calle y podamos mirar a los ojos a un anciano con la excusa de unas monedas. En la sonrisa del anciano había algo más que un “gracias”, como el que he recibido esta mañana de mi amiga. Había un gran trozo de vida, un hilo conductor que nos decía a ambos: “no puede ser que estemos aquí para no poder ser”…

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6 thoughts on “No puede ser que estemos aquí para no poder ser

  1. Creo que es mejor dar dinero a instituciones benéficas de confianza y no a individuos. En mi tierra se dio el caso de una persona que tenía más de un millón de euros y, sin embargo, pedía en la calle. Si todos nos ponemos a darles dinero fomentaremos la mendicidad. Los servicios sociales y/o las instituciones como Cáritas y otras, podrían identificar a todas esas personas y hacer un seguimiento de lo que necesita cada una.

    Una mujer solía “acosarme” para que le diese algo, pero una vez me di cuenta de que solo con que unas cincuenta personas al día le diesen lo que yo le daba, ganaría al mes aproximadamente como yo, sin pagar impuestos y sin ningún esfuerzo por su parte. ¡Con el sacrificio y sufrimiento que paso para ir todos los días al trabajo!

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    • Eso era lo milagroso: no prejuzgar al que pedía. No cuestionar su condición ni su mendicidad. Sólo mirarle a los ojos, de alma a alma. Lo de las monedas sólo era un pretexto. Cuando era trabajador social trabajé mucho con ellos y te aseguro que hay de todo…

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  2. Podría ser que estemos aquí para ser cobijo del Ser, y al mirar a los ojos del otro… nos reconozcamos Ser en ellos, le reconozcamos cobijo también…
    Bello lo del diezmo.

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  3. he leido muchos comentarios, y veo que todos se enfocan a la generosidad de dar dinero a gente que lo pide, a unos les agrada lo que hace a otros no les agrada, el.comentario que mas. me gusto fue la respuesta un comentario que decia que el pretexto era dar el dinero para poder ver a los ojos a un igual.
    a mi parecer la frase, “no puede ser que estemos aqui, para no poder ser”
    se refiere a uno mismo, muchas veces estamos viviendo de tal manera en el que las personas se han vuelto materiales y quieren verse y actuar de tal manera que sean bien jusgados por otras personas, y muchas veces quieren darse a notar mas que otros para ser al menos conocidos mas no reconocidos, hay una parte que nos dice algo muy importante, vivir con el mayor anonimato posible y vivir como realmente queramos vivir de tal manera en que nosotros mismos nos.consideremos igual a otros, de tal manera en el que podamos caminar siendo nosotros mismo sin importar lo que piense, comente, o diga la gente.

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