Clonación


 niños

“”La belleza se define como la manifestación sensible de la idea.” Hegel.

Cuando te gusta alguien intentas de alguna forma atraer su atención. Decirle que existes y que además, tenemos tantas cosas en común que podríamos crear una eterna vida juntos. La táctica de clonar deseos, pensamientos y realidades es tentadora. Si le gustan los Sigur Rós es posible que te aprendas de memoria todas y cada una de sus canciones. Si le gusta volar, te convertirás en avión. Pero todos sabemos que eso no es amor, sino una clonación donde una de las partes se anula para recrear los gustos de la otra y así llamar su atención.

Otra de las torpezas más comunes es la precipitación, el acoso y derribo. Imaginaos que conocéis a alguien que realmente os gusta y sólo deseáis, como podría ser natural, el estar con ella, el pasar el mayor número de tiempo con ella. Pero la prisa y el ímpetu nunca fueron buenas consejeras. El verdadero amor requiere de espacio, de tiempo y de mucha calma. Un amor maduro no se precipita, solo espera. No atrapa ni envuelve, sino que libera. No engatusa ni engaña, no anula ni vigila, no controla al otro ni lo manipula ni lo trata con violencia. Solo lo potencia. No teme, solo ama. Y amar a otra persona no significa necesariamente estar con ella, o mantener una relación con ella. Puedes amar sin ser amado, y lo más increíble de todo, puedes amar en silencio.

Estas faltas o descuidos suele ocurrir en personas que no han tenido un referente del amor, ni de pequeños ni de adultos, y cuyo único referente real han sido los cuentos infantiles -normalmente de príncipes y princesas- o las películas de Hollywood, tan cargadas de irreales e interminables escenas de sexo y pasión desenfrenado. Una persona adulta y realizada en el amor, con buenas bases sólidas y cierta madurez interior, siempre irá despacio, muy despacio. Sembrando sin esperar cosechar nada de inmediato. Viendo crecer la relación y los sentimientos de una manera suave y lenta sin esperar nada a cambio, sin desear nada a cambio.

De estas y otras cosas hablaba hace unas tardes con una amiga. Siempre queda muy culto hablar de filósofos de nombre potente como Hegel. En la misma conversación salió a colofón el nombre de uno de ellos. A ella no le gustaba, mientras que yo defendía mi amor por el filósofo, no tan sólo por su acérrima defensa hacia el mundo animal, sino por una anécdota que días anteriores había nacido en un paseo por un bello lugar. El discurso o la idea del filósofo me trasladaba a un lugar bonito con una presencia bonita.

El pensador no sólo era un nombre, era una reflexión. Hay muestras de cariño o admiración que pueden crear confusión. Hay muestras inequívocas de que a veces no se trata de mera ilusión, de mera conquista, de mera clonación o precipitación agitada, sino simplemente del inicio de algo que puede derivar en mil cosas como la amistad o el amor o el silencio. Te puede gustar alguien por mil motivos y puedes buscar su contacto, su presencia o incluso su atención. Pero hay indicios o claros indicadores que nos ayudan en el mapa de las relaciones.

A veces resulta difícil derribar futuros y engañosos pedestales. Por eso a veces sufrimos excesos de rebeldía o provocación. Pero es una forma de asegurar que lo ilusorio no existe y sólo permanece lo verdadero. Y como andamos escasos de cosas verdaderas, muchas veces nos sentimos totalmente solos, e incluso abandonados.

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