Allí donde el río desagua


llama

Dicen que la pasión bate siempre la puerta de la esperanza. Entra indiscreta, zarandeando las pupilas y las almas, tropezando y golpeando cualquier atisbo de somera imperturbabilidad. Mata la posibilidad en cuanto toca la puerta. Llega cabalgando como un alazán desbocado, sin ver más llanura que la de su ciega sinrazón. Deseo, alabanzas que se exprimen y dilatan vaciando el néctar del sentimiento profundo. Ciega y estúpida. 

Olvida las profundidades de los ríos cristalinos convirtiendo en bravas las aguas que anduvieron mansas. ¿Qué clase de mundo se conquista con tanta torpeza? El desierto era tan amplio y la soledad tan quemada, que el ardor ante la humedad de los cuerpos celestes no podía más que desembocar en locura o llama.

Más las yemas del rubí o la esmeralda nunca fueron vasallos de ningún caballero. Sólo la lluvia del verano podría decidir si la sangre de nuestras venas merecen la lava volcánica de nuestras esferas íntimas o el declinar del sol ante la insurrección de nuestras almas. ¿Qué profunda llama puede arrancar de cualquier corazón el deleite ante lo necesario? ¿Qué pesada carga sume al espíritu libre en cárcel acuática?

La alquimia funde cuerpos en frenético baile. No hay más separación que el aliento consumido, la fragancia terminada o el fulgor inacabado. No hay sábanas suficientes para tapar tan alocadas incoherencias, ni música capaz de torpedear el ritmo de tan frenético éxtasis. Hay un viento ardiente que danza en su orgullo sátiro. Y su calor no puede más que evaporar las lágrimas del alma. No llores más mi espíritu, tú que también naciste humano.

El sol se eclipsa ante los iluminados momentos de abrazos extintos mientras la luna, ¡ay la luna!, yergue amarga su llanto y delirio. Todo se fue, no queda nada.

Hay un lugar donde el río desagua en el mar infinito. No me preguntéis como llegué, ni como saldré de sus manantiales y fuentes. Ahora no sé, arrastrado por el deseo y frecuentado por la tristeza, como podré retomar la vida entera. ¿Qué se puede hacer cuando el mar te arrastra? ¿Hay medicina contra la imprudencia?

(Texto inspirado por un poema de María Castilho)

Anuncios

5 thoughts on “Allí donde el río desagua

  1. Me encantó tu sentir y siento que la mejor medicina contra la imprudencia es –ser imprudente sin dejar de sentir que te lleva el viento …abrazo desde el sur -Josefina.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s