La tradición iniciática


 iniciacion

Tradición no significa viejo o antiguo, sino calidad o garantía, es decir, algo que ha perdurado en el tiempo y en el espacio gracias a su buen hacer y su correcto proceder testado por miles y miles de personas a lo largo de la historia humana. Iniciática significa ver las cosas de la vida cotidiana desde otra perspectiva, desde otra dimensión o desde otra percepción más amplia y alejada de los sesgos y la niebla propia de la confusión diaria.

Por eso, un iniciado, un dos veces nacido, se le reconoce no porque haya pasado por complejos ritos de paso, de iniciación o de cualquier otro tipo de mecanismo simbólico que en algunas órdenes se realiza a modo de arquetipo. Al iniciado, dentro de la tradición primordial, se le reconoce porque es capaz de transformar su vida y la vida de todos aquellos que entran en su círculo de influencia. Transformación no significa bueno o malo, significa cambio. Y el cambio es lo único que permanece.

Un iniciado puede ser un jardinero, el cabeza visible de una manada de lobos o esa flor que en primavera llena de fragancia su mundo vegetal. Esa fragancia es el mundo espiritual de los vegetales, al igual que el vuelo de las aves es la fase más expansiva en el movimiento animal, aquello que realmente nos diferencia de flores y plantas. Nos movemos porque tenemos impulsos, emociones y un sistema nervioso desarrollado que provoca una comunicación más amplia entre nuestros extremos. El maravilloso vuelo de un ave o sus cantos imposibles es lo más espiritual del reino animal.

El homo-animal también se mueve, pero además, lo hace con cierta racionalidad. Y el ser humano completo, ese que además de racionalidad tiene consciencia, asume un rol iniciático diferente con respecto a su antecesor. Las artes en general, la música, la belleza de sus creaciones. Eso es lo realmente espiritual en ellos.

Por eso, en toda la naturaleza, iniciar o iniciado no es más que entrar a un nuevo estadio que nos hace mejores y más útiles en el orbe universal. Estar despiertos no significa más que alejarnos de nuestra podredumbre, de aquello que nos enfanga en la oscuridad y la ignorancia y aprovechar con ello las oportunidades de la vida una. Esto no significa realizar grandes proezas, simplemente significa realizar bien aquello que estemos realizando. Es decir, hacer todo lo que hagamos desde nuestra consciencia, ya sea esta vegetal, animal o humana. Pero hacerlo bien, con compasión, sin necesidad de provocar daño o sufrimiento tal y como nos enseñó el Buda o con la necesidad de añadir a todo acto compasión, tal y como nos enseñó el revolucionario Jesús el Cristo.

Cada uno en su mundo, en su propósito, elevando cada día más nuestro grado de compromiso con esa vida que nos recorre y siempre, siempre, siempre, realizando nuestra parte en el misterioso orden universal. ¿Cuál es nuestra parte? Pensemos en ello…

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