Eterno retorno


Barcelona

Había una delicada pradera de agua salina cuando llegué a Barcelona. Realmente me aterra todo lo que tiene que ver con el mundo acuífero, por eso nunca me gustó fregar los platos ni nadar ni nada que tuviera que ver con ese elemento. Pero nací en el Mediterráneo, y por lo tanto, siempre tengo la necesidad vital de respirarlo cada vez que me marcho a vivir lejos de él y vuelvo, porque siempre todos volvemos. Por eso, cuando hoy llegué a la ciudad condal por una doble cita, tuve tiempo de acercarme hasta sus olas y respirar la mar.

Tras el chapuzón simbólico, fui hasta el Passeig de Sant Joan, donde asistiría a una interesante conferencia sobre tradiciones iniciáticas en la biblioteca Arús. Hace justamente ocho días me despedía de Barcelona en el mismo lugar, donde hicimos la presentación de un libro de la misma persona que hoy presentaba la charla. Y hoy hice el mismo recorrido, como si hubieran hecho un corta y pega y no hubieran existido estos ocho días. De la biblioteca Arús fui al barrio de Gracia y desde allí fui acompañado por la indescriptible A. hasta la Plaza del Sol. Entramos en el café Sol y pedimos las mismas cosas que pedimos hace ocho días. Como si de una secuencia repetida se tratara, entró el hindú que vendía claveles y formalizamos el mismo ritual. Todo exactamente igual excepto en una cosa: ella se había cambiado de zapatos y yo de camisa. Por lo demás, todo parecía una repetición secuencial de algo indescriptible, imposible de entender si no fuera por esas vagas señales arquetípicas que a veces asoman pudiendo simular algún atisbo de entendimiento.

Y mañana, para celebrar el reencuentro, intento de viaje hasta el mediodía francés, hacia Montsegur y el Prat dels Cremats. Deberemos descifrar, desde el pasado, el presente o el futuro, la reminiscencia que nos lleva hasta allí, o que nos intentará aproximar, porque según las previsiones, el tiempo parece haber conspirado contra cualquier intento de acercamiento. Y el tiempo será el representante de nuestros lestrigones y cíclopes, los guardianes del umbral de todo viaje iniciático. Y este viaje promete serlo. No se explica sino la secuencia hechizada del eterno retorno.

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3 respuestas a “Eterno retorno

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