Dos luces en el camino


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Al cabo de los años he observado que la belleza, como la felicidad, es frecuente. No pasa un día en que no estemos, un instante, en el paraíso”. Jorge Luis Borges

Tras comer tres tortitas de maíz sin gluten, me fui hasta la calle Santa Isabel, donde había quedado con Lucía Etxebarria. Llegó con su simpática y amorosa perrita que se pasó todo el rato subida en mis faldas, lamiéndome y comiendo aceitunas que, al parecer, las devoraba entusiasmada. Lucía es una persona dulce y tímida, inteligente y culta, de carácter amable y con esa sabiduría que la vida y sus avatares tejen en el signo de cada personalidad. Tiene una belleza, quizás sin ella saberlo, que eleva a los altares de lo sublime.

Hablamos de mil temas a la vez. Del mundo de los libros, por supuesto, pero también de los árboles genealógicos, de cómo nos afectan, de cómo podemos repetir una y otra vez el arquetipo y el patrón familiar, y de lo difícil y frustrante a veces que resulta el hacerlo. También de las personas buenas y de las personas tóxicas, esas que entran en nuestras vidas, se acomodan, y se esfuerzan en destruir todo aquello que tocan.
Lucía es una persona extraordinaria que puede presumir de ser una superviviente del mundo de las letras. Lo hace bien, lo hace con coraje y convicción y eso crea un público amable y fiel que ella cuida con mimo y cariño. Me han gustado sus sabios consejos con respecto a tantas y tantas cosas y me ha llenado de cierto aliento para seguir adelante. Así que gracias Lucía por ese instante de paraíso.

Salí corriendo de la calle Santa Isabel hacia la calle Goya pues allí había quedado en el café Nebraska con el amoroso Ramiro Calle donde me esperaba otro paraíso hermoso. Como llegaba tarde tuve que coger un taxi que me llevó volando y puntual a la cita. Ramiro me recibió con ese siempre cariño y entusiasmo que nos hizo devorar el tiempo con una interminable charla sobre las cosas de la vida. Hablamos de libros (este año le editamos cuatro), claro que sí, pero también de los árboles espirituales, y de cómo sus ramas nos conectan a unos y a otros, de cómo nos afectan y de cómo podemos empaparnos de su savia. También hablamos de las personas buenas, no importa si son conocidas o anónimas, y también de aquellas otras que, perdidas en algún reguero de su maltrecho ego, implanta sombras donde antes solo había regueros de paz.

Ramiro es una persona extraordinaria, como Lucía, un nacido dos veces que expresa su sabiduría y su amor en todo lo que dice y hace. Incluso sus críticas son amorosas, porque lo único que pretenden es sacar ante el reto de la luz todo aquello que debe transformarse (necesariamente). De nuevo me invitó a una de sus clases y de nuevo disfruté de sus increíbles enseñanzas.

Así que este ha sido el doble regalo de hoy. Regalo que ahora comparto con vosotros con gozo y alegría antes de que mañana, de nuevo, y por motivos del relux naciente, me marche a Barcelona. Allí, o en cualquier otra parte, estaré hasta el domingo.

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5 thoughts on “Dos luces en el camino

  1. Bueno, pues no olvides que lo mismo que estos dos seres te han aportado luz y cariño a ti, tú también lo aportas a muchas otras personas a través de las letras y sentires que aquí plasmas de forma limpia.

    Voy a estar unos días sin poder asomar por aquí, pero os iré leyendo a todos a la menor oportunidad que tenga.

    Abrazos 🙂

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