Tratado sobre la ignorancia y sus consecuencias


ignorancia

Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. Albert Einstein

Si no peleas para acabar con la corrupción y la podredumbre, acabarás formando parte de ella”. Joan Baez

Siguiendo los consejos de una amiga, titularé así este artículo, aunque también se podría titular de tantas maneras como imaginación tuviéramos a la hora de analizar la peste que recorre a nuestra sociedad. Y utilizo la palabra peste porque parece como si se tratara de una epidemia imparable que terminará por destruir -afortunadamente- toda esa podredumbre que nos envuelve.

La peste tiene sus propios síntomas y se manifiesta últimamente en la aparición de corruptos por todas partes. Especialmente en la política y la economía, no sólo amigos de lo ajeno, sino amigos de casi todo lo que tenga que ver con las malas artes y prácticas en cuanto a conducta y honorabilidad se refiere. Esta última palabra me hace especial gracia en nuestra cultura, donde lo honorable se perdió para siempre, es decir, se perdió la dignidad de tener honor y respeto hacia el otro y lo otro.

Sin embargo, no debemos estigmatizar al corrupto por sus malas artes. ¿Quién no, a veces intoxicado por otro, se ha corrompido alguna vez? Los que aparecen por méritos propios en la tele no son más que un arquetipo social que se reproduce una y otra vez a lo largo de la historia. Es, digámoslo así, un mal endémico.

Corrupción política, corrupción empresarial, corrupción policial, corrupción urbanística, corrupción ambiental, corrupción tributaria, corrupción sexual, corrupción deportiva, incluso corrupción lingüística o corrupción de materiales. De todas ellas, la definición de esta última es la que más me gusta: la alteración de la pureza o integridad de una sustancia, tanto si es por su desmembración, por la mezcla con otras sustancias o por la desviación de su curso esperado.

Porque realmente eso es lo que ocurre: una alteración del alma humana y de su integridad. La cultura, la mala cultura, y la educación, la mala educación, son la base de este espolio del alma, de esta peste que se extiende cada vez más por la masa uniforme.

Por eso la peste no es más que la ignorancia en su estado mayor, manifestándose con síntomas cada vez más difíciles de combatir con los anticuerpos propios de la cultura, la educación y la sanidad (recordemos que precisamente esto es lo que la ignorancia más ha recortado en los presupuestos a favor de bancos y banqueros, es decir, los amigos de lo ajeno, los que administran y dirigen nuestros ahorros y depósitos para crear “riqueza”).

Y la plaga se extiende en todos y cada uno de nosotros. Por ejemplo cuando sacamos al perro en la gran ciudad y no somos capaces de recoger, con perdón, su mierda. Cuando mentimos a nuestras parejas, padres o hermanos o robamos a nuestros amigos. Cuando engañamos a nuestro cliente o embaucamos a nuestro proveedor. Cuando insultamos al diferente y maltratamos al otro. Cuando cerramos el corazón y somos egoístas. La peste nos persigue y se apodera de nosotros y de nuestras vidas, de nuestras gentes, de nuestro sentido de la existencia. No son los corruptos, es nuestra común ignorancia. ¿Cuál es el antídoto? Más cultura, más libros, más enseñanza, más sanidad (la nuestra propia me refiero, ¿cuándo dejaremos de fumar, de emborracharnos -vivimos embriagados y no nos damos cuenta-, de drogarnos, de mutilar nuestros estómagos con restos de cadáveres…?)… En definitiva, luz ,más luz…

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