Soy asexual, ¿y qué?


 mujer con flores
San Valentín puede ser un buen día para salir del armario. Así que aprovecharé este tiempo de incertidumbre para hacerlo de forma clara y sin cortapisas: soy asexual. Lo intentaré explicar de alguna forma. 
A raíz de un encuentro fortuito en alguna calle de Madrid, intercambié durante unos días algunas letras con la conocida y polémica escritora L. E. Habíamos quedado hoy para tomar un café por la mañana y por la tarde para asistir a la llamada fiesta de San Calentín, un momento de encuentro para solteras y solteros donde debes colocarte un lacito para identificar tu condición sexual. Todo iba bien hasta que confesé algo que nunca había hecho en voz alta: soy asexual. Esa confesión no sólo causó extrañeza a mi interlocutora, sino que, de alguna forma, ayudó a perder el poco interés por mi persona. Mi propia conclusión fue que poco podía encajar en una fiesta donde uno de los requisitos era la división por tendencias sexuales. No había en el menú ningún lazo para mí. 
 
Nunca le había puesto esa palabra. Ni siquiera sabía que alguien hubiera antes podido definir esa inquietud interior que desde hacía ya algunos años me arrastraba hacia la incomprensión más absoluta. Pero este fin de semana pude conocer a alguien que le puso nombre, que lo definió de forma sensata y que, al confesar que yo lo era, no me juzgó. Más bien todo lo contrario, ambos sentimos un cierto alivio y una profunda liberación, ya que hasta entonces, hasta ese mismísimo instante, no habíamos conocido a un igual. 
 
Sentí cierta liberación metafísica y filosófica. Sentí cierto alivio al poder expresar a alguien abiertamente que no me interesaba el sexo, ni esa presunción mercantilista que del mismo se hace a modo de bombardeo constante y sistemático en nuestra sociedad actual. Mis críticas en este blog siempre habían sido abiertas y claras, pero nunca las había podido definir de alguna manera tan sencilla y especialmente contundente, a pesar de que la antropología, a veces de forma algo torpe, lo había intentando analizar
 
Mis parejas, cuando detectaban lo que ellas llamaban el “problema”, decían y argumentaban que lo único que podía diferenciar a una pareja de una mera amistad era el sexo y su práctica. Ante esa argumentación, uno siempre intentaba cumplir con la hoja de servicio, dependiendo de con quién, unas veces mejor que otras. Pero mi sensación interior era nefasta porque no entendía ese vocabulario moderno de “echar un polvo”, “follar” o tener sexo por tener. 
 
Había para mí una sacralidad en el mismo acto, una fusión no sólo de dos cuerpos, sino además, de dos almas. Veía en ese acto íntimo algo capaz de reencontrarse con los límites de la creación, con los alaridos de la infinitud. Algo tan inmensamente grande que me resultaba triste tener que reducirlo al acto de “echar un polvo”. Por lo tanto, mi sufrimiento era pervertido cuando nos enfrentábamos a ese momento como un mero requisito de la condición de ser pareja. Un trámite para perpetuar la ilusión de que realmente estábamos en pareja. 
 
Resultaba por lo tanto difícil comprender para muchos el hecho de que no me masturbe, o el que mi primer beso lo diera con 20 años y mi primera relación sexual la tuviera con 26. También resultaba difícil comprender, en el mundo de pareja, que no tuviera un especial interés por el sexo. Y eso hacia, quizás porque la otra parte se sintiera de alguna forma rechazada o por la misma incomprensión del hecho en sí, que terminaran mis relaciones. 
 
Y de ahí la liberación de estos días. Gracias a este fin de semana intenso he podido comprender la esencia de mi propio ser y mi propia condición “sexual”. Sin juzgar de donde viene esa asexualidad (muchos podrían pensar que de algún tipo de trauma no resuelto o alguna historia místico-esotérica de perturbada anomalía), sin pretender comprenderla o analizarla racionalmente. Sin buscar excusas o pretextos, como hasta ahora, para disimularla o esconderla. Ahora lo puedo decir abiertamente y enfrentarme a lo que tenga que venir con esta claridad. Sí, soy asexual, y la vida sigue… Así que feliz día de San Valentín a los que estéis enamorados y feliz día de San Calentín a los que deseáis, como yo, poder enamoraros… 
Pd.- Algunos escritos anteriores donde tocaba de forma tímida este tema:
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29 thoughts on “Soy asexual, ¿y qué?

  1. Ya me parecía a mí que tú tenías que tener algún maravilloso secreto. Asexual no sé si serás, pero un ángel sí que eres. Desde hoy añado a los asexuales a mi lista de personas que me encantan. 🙂

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  2. ¡¡Viva la libertad de pensamiento!!
    Cada vez soy más asexual…

    En los bosques, perdido, corté una rama oscura
    y a los labios, sediento, levanté su susurro:
    era tal vez la voz de la lluvia llorando,
    una campana rota o un corazón cortado.
    Algo que desde tan lejos me parecía
    oculto gravemente, cubierto por la tierra,
    un grito ensordecido por inmensos otoños,
    por la entreabierta y húmeda tiniebla de las hojas.
    Pero allí, despertando de los sueños del bosque,
    la rama de avellano cantó bajo mi boca
    y su errabundo olor trepó por mi criterio
    como si me buscaran de pronto las raíces
    que abandoné, la tierra perdida con mi infancia,
    y me detuve herido por el aroma errante.

    “Vendrás conmigo” dije -sin que nadie supiera
    dónde y cómo latía mi estado doloroso,
    y para mí no había clavel ni barcarola,
    nada sino una herida por el amor abierta.
    Repetí: ven conmigo, como si me muriera,
    y nadie vio en mi boca la luna que sangraba,
    nadie vio aquella sangre que subía al silencio.
    Oh amor ahora olvidemos la estrella con espinas!
    Por eso cuando oí que tu voz repetía
    “Vendrás conmigo” -fue como si desataras
    dolor, amor, la furia del vino encarcelado
    que desde su bodega sumergida subiera
    y otra vez en mi boca sentí un sabor de llama,
    de sangre y de claveles, de piedra y quemadura.
    Preciosos sonetos de Amor de Neruda para los románticos/cas como yo.

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  3. Iba a escribírtelo en privado pero he decidido sumarme a tu campaña nudista.
    No entro en valoraciones sobre tu sexualidad, entre otras cosas, porque no me cabe duda de lo que eres… 🙂
    Tampoco con este post de hoy consigues escandalizarme pero sí, como tantas veces, hacerme reflexionar sobre otro amigo muy querido que se fue hace ya tiempo. Era mucho mayor que yo que en aquellos momentos tenía veintitantos mientras el estaba en los 60. Era una persona elegante, delicadísima en el mejor sentido de la palabra. Siempre estuvo soltero y jamás se le conoció compañía: sencillamente, no le interesaba. Cuando pretendía escandalizarlo le decía que me iba de putas, y jamás recibí un juicio, ni siquiera un reproche moral tan de la época. Hoy me doy cuenta que lo que nos unía era el profundo respeto mutuo por la independencia del otro. Compartíamos otros muchos placeres extravagantes, pero jamás conseguí que me acompañara en una ronda nocturna en busca de un par de argentinas de buen ver.
    No era homosexual, estoy convencido, porque compartimos muchas noches de intimidad a solas, y algo le habría notado; tampoco era un dato que tuviese la más mínima importancia. Recuerdo haberlo presentado a mi familia y alguien decirme que era raro un “hombre soltero a su edad”, y que fuera prudente. Me sentó fatal el prejuicio y, la discusión, causó un pequeño disgusto en casa.
    Es curioso pero, ahora mismo, está absolutamente presente conmigo mientras te escribo.
    Hoy, después de tanto, me revuelves este recuerdo y me das el nombre para la etiqueta del archivo. Y, la verdad, no sé si me gusta. Cada día me repatean más las etiquetas. Ni siquiera me interesa la tuya; me interesa mucho más tu sofá, y el abrigo entrañable que supone cada vez que voy a Madrid.
    Los humanos sublimamos la sexualidad y nos sentimos obligados a justificarla con “amor” y otros términos bastante confusos. También sublimamos la necesidad de comer y beber pero sin creernos culpables. En el fondo se trata del gastado truco de hacer de la necesidad virtud. “¡Esas virtudes, que no se pierdan…!” 🙂
    Es un asunto tan personalísimo y cambiante, que no me parece acertado que te definas: lo que no provoca una compañía puede hacerlo otra. Todos tenemos experiencias en ese sentido.
    Decía Aranguren, en respuesta a una pregunta íntima, que estuvo “casado tres veces y en cada matrimonio fue un hombre diferente”. Esto es así. Por eso decir hoy que eres asexual puede ser precipitado. Este amigo del que te hablo no tuvo las oportunidades que tienes tú de conocer “gentes” en un radio de acción ilimitado.
    Yo tampoco me masturbo; me resulta incómodo. Y también con cada mujer soy un hombre diferente, como es natural.

    Un fuerte abrazo, Criptógamo.

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    • Gracias por compartir tus reflexiones querido MJ. Casi resulta más divertido hacerlo así que en privado, porque… ¿qué es eso de la privacidad? ¿Acaso existe? ¿Acaso la necesitamos? ¿No se sentiría hoy más orgulloso tu amigo por el hecho de que lo hayas acariciado con tanto cariño de forma generosa y desapegada? He pensado mucho en lo de la etiqueta, incluso pensé hablar de este tema en tercera persona del plural, sin personalizar y entrar en la torpeza del ego descarrilado. Pero pensé que tendría mayor sensatez el hacerlo en la primera persona del singular. No con la intención de forzar nada ni de enseñar nada ni de colocar sobre mi otra carga más. Simplemente por hablar sinceramente de cosas que he descubierto estos días y que, quizás precisamente por ocultarlas, no supe entenderlas hasta hoy. Y al compartirlas recibo la anónima respuesta de personas que me escriben al mail para expresar tímidamente que ellos se sienten igual. Así que si de algo sirvió, y de algo pudo ayudar, pues ya cumplió su cometido. Ahora no voy a abanderar ninguna causa. Sólo el deseo de seguir amando con intensidad, y las ganas de seguir profundizando en el respeto hacia el otro, hacia lo diferente, sin dormirme con ello en los laureles con las injusticias y el dolor.
      Sabes ahora con más certeza que podrás seguir disfrutando del sillón sin el temor nocturno de que por la noche me abalance sobre ti para meterte mano. Así que aquí tienes (tenéis) vuestra casa-zulito para disfrutarla cuando queráis.
      Un abrazo sentido y gracias por compartir en voz alta tu hermosa reflexión…

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  4. Humanos… de carne y hueso, alma y corazón…

    Imagínate ahora que tú y yo
    muy tarde ya en la noche
    hablemos hombre a hombre, finalmente.
    Imagínatelo,
    en una de esas noches memorables
    de rara comunión, con la botella
    medio vacía, los ceniceros sucios,
    y después de agotado el tema de la vida.
    Que te voy a enseñar un corazón,
    un corazón infiel,
    desnudo de cintura para abajo,
    hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

    Porque no es la impaciencia del buscador de orgasmo
    quien me tira del cuerpo a otros cuerpos
    a ser posiblemente jóvenes:
    yo persigo también el dulce amor,
    el tierno amor para dormir al lado
    y que alegre mi cama al despertarse,
    cercano como un pájaro.
    ¡Si yo no puedo desnudarme nunca,
    si jamás he podido entrar en unos brazos
    sin sentir -aunque sea nada más que un momento-
    igual deslumbramiento que a los veinte años !

    Para saber de amor, para aprenderle,
    haber estado solo es necesario.
    Y es necesario en cuatrocientas noches
    -con cuatrocientos cuerpos diferentes-
    haber hecho el amor. Que sus misterios,
    como dijo el poeta, son del alma,
    pero un cuerpo es el libro en que se leen.

    Y por eso me alegro de haberme revolcado
    sobre la arena gruesa, los dos medio vestidos,
    mientras buscaba ese tendón del hombro.
    Me conmueve el recuerdo de tantas ocasiones…
    Aquella carretera de montaña
    y los bien empleados abrazos furtivos
    y el instante indefenso, de pie, tras el frenazo,
    pegados a la tapia, cegados por las luces.
    O aquel atardecer cerca del río
    desnudos y riéndonos, de yedra coronados.
    O aquel portal en Roma -en vía del Balbuino.
    Y recuerdos de caras y ciudades
    apenas conocidas, de cuerpos entrevistos,
    de escaleras sin luz, de camarotes,
    de bares, de pasajes desiertos, de prostíbulos,
    y de infinitas casetas de baños,
    de fosos de un castillo.
    Recuerdos de vosotras, sobre todo,
    oh noches en hoteles de una noche,
    definitivas noches en pensiones sórdidas,
    en cuartos recién fríos,
    noches que devolvéis a vuestros huéspedes
    un olvidado sabor a sí mismos!
    La historia en cuerpo y alma, como una imagen rota,
    de la langueur goûtée à ce mal d’être deux.
    Sin despreciar
    -alegres como fiesta entre semana-
    las experiencias de promiscuidad.

    Aunque sepa que nada me valdrían
    trabajos de amor disperso
    si no existiese el verdadero amor.
    Mi amor,
    íntegra imagen de mi vida,
    sol de las noches mismas que le robo.

    Su juventud, la mía,
    -música de mi fondo-
    sonríe aún en la imprecisa gracia
    de cada cuerpo joven,
    en cada encuentro anónimo,
    iluminándolo. Dándole un alma.
    Y no hay muslos hermosos
    que no me hagan pensar en sus hermosos muslos
    cuando nos conocimos, antes de ir a la cama.

    Ni pasión de una noche de dormida
    que pueda compararla
    con la pasión que da el conocimiento,
    los años de experiencia
    de nuestro amor.
    Porque en amor también
    es importante el tiempo,
    y dulce, de algún modo,
    verificar con mano melancólica
    su perceptible paso por un cuerpo
    -mientras que basta un gesto familiar
    en los labios,
    o la ligera palpitación de un miembro,
    para hacerme sentir la maravilla
    de aquella gracia antigua,
    fugaz como un reflejo.

    Sobre su piel borrosa,
    cuando pasen más años y al final estemos,
    quiero aplastar los labios invocando
    la imagen de su cuerpo
    y de todos los cuerpos que una vez amé
    aunque fuese un instante, deshechos por el tiempo.
    Para pedir la fuerza de poder vivir
    sin belleza, sin fuerza y sin deseo,
    mientras seguimos juntos
    hasta morir en paz, los dos,
    como dicen que mueren los que han amado mucho.
    Jaime Gil de Biedma

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    • Hermoso poema… Algún día diré que he vivido, porque también estuve en el fango y restregué mi mano sobre su mano, sobre su pecho y sus secretos. Y fuimos uno entre agua y barro, carne de mi carne, agua de su agua, fuego de su fuego y aire de mi aire. Todo tan unido que parecía una llama que daba formas a la invisible presencia de nuestras almas. Así sí, así el sexo se sublima en los altares del amor, atravesando sentidamente todo cuanto roza. Así si quiero amar, y ser hombre de carne y hueso…

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  5. Yo también soy asexual y me siento muy bien. Excelente decisión que tome hace varios años y que muchas personas me la critican. Me muestro tal como soy y a los que le gustan bien y a los que no también, es mi forma de vida y no hago ningún daño a nadie.

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  6. Realista y sincero Me Gusta!! Yo por suerte hace un año descubrí la web asexuality.org y gracias a la gente que se siente como yo respecto a su asexualidad, siento queahora las cosas tienen mas sentido y hasta me siento cómoda y agusto…
    Animo a todos aquellos con sus dudas respecto a su variabilidad asexual, ya sean demisexuales, gris-aseuales …. os dejo mi correo para cualquier duda viajeraplanetaria@hotmail.com

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