Tretas de un viajero


quijote

Estimado F.,

Me ha gustado tú decálogo del viajero, que hago mío. No soy turista, (no soporto el turismo) pero viajo mucho, o lo intento. Viajaría más si no fuera por la crisis. Vivir de los libros es difícil, y requiere sacrificios necesarios. A Mongolia fui a buscar Shamballa. La encontré prologando el libro de Roerich sobre la Resplandeciente y me convencí de que el mejor viaje no sólo es exterior. Interiormente se viaja más, sobre todo fluyendo, como en el Tao. Agua, somos agua. Y fuego. La tierra y el aire solo sirven para sostener a los dos primeros.

Ahora planeo de nuevo el viejo sueño de un viaje en coche por África, con la excusa pertinente de hacer algún trabajo de campo como antropólogo. La antropología me gusta casi más que la escritura, pero también depende del día. Escribir es viajar, sin duda. Y mejor solo, si no encuentras buena compañía. Por eso no me parece descabellado recorrer África en solitario. Hace dos años lo planeaba hacer en autogiro. El mismo día que estaba probando en la fábrica esos locos aparatos conocí a mi querida embajadora. A las pocas semanas me fui a vivir con ella a ese mundo de diplomacia extraña y el viaje no se hizo. Qué cosas. Así que África, Asia y América aún esperan mi viaje. Todo se andará. Algún día.

Al final no nos vimos para ese café estos días en Jesús del Valle. Fue toda una suerte porque tú tienes tantas ganas como yo de hacer nuevos amigos. Quizás por eso me caes bien, no eres peligroso en ese sentido y no vas a exigir, a no ser que surja, algún tipo de vínculo estrecho. Porque a mi edad me ocurre como a ti a la tuya, aunque ambos hayamos perdido la agenda en un mismo tiempo, son pocas las ganas de explorar lo ajeno a no ser que surja de forma espontánea  milagrosa y excitante. Bastante tenemos con lo nuestro, que también es rutinario y mediocre a su manera, y quizás por eso pocas personas tienen ya la capacidad de crearnos algún tipo de estímulo o curiosidad. La casual pérdida de sendas agendas quizás sea excusa para reencarnarnos de nuevo y abrir las canillas a lo nuevo. No lo sé… habrá que meditarlo.

Pero mientras ocurra y recuperamos la agenda, no descartemos ese café, no para ser amigos, sino para tener una correcta relación entre casero e inquilino, y de paso hablar de viajes y libros y soledades y mujeres, que sé que te gusta, como a mí, hablar de ellas. Miento, creo que últimamente es de lo único que me gusta realmente hablar. Lo demás son solo artilugios para llegar a ellas.

Un abrazo desde Barcelona…

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