El fuego secreto de los dioses


fuego

Aunque se conquistaran miles de millones de hombres en el campo de batalla, aun así, el más noble conquistador es aquél que se conquista a sí mismo” (Dhammapada).

En todos los ojos hay una luz de calor, una fuente de fuego. Las búsquedas infructuosas siempre nos llevan hacia la puerta de entrada de ese millón de soles que nos acercan más allá de los universos. La tenue ráfaga se refleja en los espejos celestes y vuelve como una llama ardiente hacia cualquier otra ventana. Todos los caminos nos llevan al mismo centro: a nuestro centro. Es desde allí que podemos desparramar en la cortina humeante cualquier paisaje posible.

Esa llama es la portadora. Está ahí, cerca y lejos dependiendo de donde estemos nosotros. Se aferra a nuestra pupilas cuando rozamos con nuestro rostro el calor sempiterno. Lo continuo que hay en nosotros despierta de su letargo cuando penetramos en la oscuridad y serpenteamos con nuestros rayos los bordes del infinito.

No hay más misterio que el saberse en la quietud y desde ella anclar nuestro propósito a la vida que respiramos en ese inhalar y exhalar infinito. Es ahí donde podemos penetrar todas las cosas renunciando a ellas. Pues si bien cuando cruzamos un río utilizamos la barca. Una vez terminada la travesía, no cargamos con ella a nuestros hombros. Renunciamos a su servicio pues en tierra firme ya no nos hará falta. Continuamos, desapegados del río, de la barca y de la travesía sobre sus aguas.

En esa conducta está el secreto que nos aproxima al fuego secreto. Todas esas cosas que sirvieron para deslizarnos un paso más en el camino no son más que regueros de vida, pócimas mágicas capaces de transformar nuestro atanor alquímico en un poderoso resurgir.

Hay algo de lo que aún no somos conscientes. Estamos vivos, aquí, ahora, en este instante. Si puedes respirarte, si puedes penetrarte, si puedes preñarte de vida, y sientes que no te pertenece, sino que se pixela en tus entrañas constituyendo tu forma pero sin ser mas que un garabato, una sombra moldeable y finita. Si sientes que eres tan solo un recipiente imperfecto pero capaz de albergar el agua pura, habrás entendido el secreto de los dioses. Somos ventanas, espejos, barca y recipiente de barro, y dentro de nosotros hay agua y fuego y aire.

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2 thoughts on “El fuego secreto de los dioses

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