Esperemos a la primavera, ahora hace frío


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A las diez de la noche seguía trabajando en un libro. Sobre los tejados de Malasaña y sobre mi consciencia se escuchaba el ensordecedor ruido del helicóptero de la policía. Me asomé por las redes sociales y anunciaban movilización. Salí corriendo con ese nerviosismo que el año pasado tanto me absorbió dirección Cibeles. Me paré a medio camino para tomar un trozo de pizza mientras caminaba impaciente. A la revolución hay que ir bien comido. Las noches son largas.

En Cibeles no había nadie, tampoco en Gran Vía. Me marché hasta Sol y estaba todo vacío. Para más inri empezó a llover. Los bares estaban rebosantes de vida. La gente no parecía estar por la labor de cambiar las cosas, de movilizar el mundo, de transformar la sociedad. El hartazgo debe ser tal, que todos estaban recluidos en sus mundos, en sus parcelas de seguridad, en su hipócrita cobardía.

En las calles había cuatro gatos. El Parlamento totalmente tomado y cercado por las fuerzas de seguridad. Por todas partes había furgonetas policiales. Pero de los manifestantes nada. Caminé más de una hora bajo la lluvia fina hasta que por fin los encontré. No habría ni un centenar. Había más periodistas y policías que indignados. Pregunté incrédulo si esa era la revolución y me dijeron que sí.

Me faltaban héroes, me faltaban manos, me faltaban consciencias. No podía creer que la indignación, el hartazgo, pudiera traducirse en un centenar de personas. Sentí cierta indignación metafísica y filosófica. No podía entender lo que pasaba de un lado y de otro.

En alguna parte alguien se estaría refregando satisfecho las manos, planeando como engatusar aún más la mentira, pensando como seguir embaucando a una sociedad adormecida y frágil, ideando un plan para salir airosos de esta.

Todos los dioses habían desaparecido. Ni rostro del halo revolucionario. No hay nada que fascine ya nuestros corazones. Masacrados por el tedio, ¿qué nos queda? Supongo que esperar a tiempos mejores. Supongo que esperar a la próxima primavera. Ahora hace mucho frío y se está mejor en el bar, hablando de nuestras cosas. La revolución podrá esperar.

Pd. Nadie sabe nada… acabo de venir de la calle, de hacer la revolución, y todo el mundo estaba en los bares hablando de sus cosas. Éramos solo un centenar de estúpidos indignados pasando frío bajo la lluvia. ¿Barcenas? ¿A quién le importa Barcenas y la corrupción?

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4 thoughts on “Esperemos a la primavera, ahora hace frío

  1. Que reales son los hechos que has vivido. Tanta mentira y tanta corrupción, y todavia no mueven a la gente.

    A lo mejor hace falta, que se les toque algo que personalmente si les importe. Entonces si se moverian.

    Un abrazo, y no perdamos el sueño de que las cosas va a cambiar.

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  2. Ayer veía un programa, creo que era, Callejeros.

    Era gente rica. Se oían estupideces como: “yo no puedo salir a la calle sin algo de chanel porque siento que voy desnudo”.

    La periodista le preguntaba por la crisis y te explicaban que en las crisis, el lujo y el dinero en familias con cifras de ocho números, se movía mucho más y no solo no había crisis, sino que los negocios funcionaban mejor. Algunos se reían del tema crisis.

    La verdad es que me parecieron bastante estúpidos la mayoría de personajes que salieron.

    Estaba en mi trabajo. Turno de noche en una residencia con abuelos cuyas pensiones no llegan a ochocientos euros.

    Dos mundos distintos. Uno sirviente del otro y tuve la duda de si todos esos mundos espirituales en los que nos enzarzamos gentes de XX.000.000 para abajo, no entran dentro de esa religión de la que hablaba Nieztsche. La resignación,como valor moral para el pobre y otra moral para el rico.

    Quizá vale más resignarse que perder por lo que ya está perdido de antemano. La moral del pobre también habla de paz, porque solo él va a las guerras que inventan los otros.

    Ayer vi que había otro mundo mucho más necio que el mio. Casi mejor no revolucionar para no mezclarnos.

    Hasta entendí que los niños de Calcuta sean más felices que nosotros, porque yo ayer me sentí inmensamente más feliz que la gente que vi.

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    • Querido Javier
      el 28 de diciembre de 2012 permaneci en la comisaria de tetuan yo sola
      queria denunciar hacia mucho frio era de madrugada y sin embargo alli estaban la policia ¡bebiendo sidra! si bebiendo sidra ¿celebrando el qué?
      Esto no va a quedar asi. Aunque me vaya la vida en ello
      !!!!!NO VOY A TENER MISERICORDIA¡¡¡
      maldigo tanto cinismo
      Y SI ¿QUE PASA? ESTOY SOLA.

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