Transparencias


Lee Miller by Man Ray

Ayer las prostitutas de la calle Ballesta sonreían de forma especial mientras me dirigía surfeando por las calles del distrito Universidad a realizar algunos trámites burocráticos. También lo hacían las amables funcionarias que atendieron mi petición de ciudadanía madrileña, aceptando, con la firma de un escueto documento, el ser vecino de la villa y así poder, previo pago anual, aparcar mi coche en un radio determinado de calles. Un joven y atento taxista me ayudó con indicaciones donde se encontraba una calle mientras que uno de esos vendedores de oro que gritan a bocajarro cerca de la Gran Vía guiñaba un ojo ante mi cómplice mirada. Ayer parecía como si toda Madrid estuviera pasando un buen rato en la isla de Margarita, paseando entre palmeras caribeñas y disfrutando de un sol de verano. Todos parecían amables y felices, como si de alguna forma hubiéramos aceptado nuestra condición humana y todo estuviera bien. Había transparencia en todas las miradas, como si unos y otros, independientemente de su condición humana, fueran más transparentes. Incluso las oficinistas que salían al portal a fumar su cigarrillo sonreían, y dicho sea de paso, esa calada profunda es como una forma de meditación zen donde unos y otros buscan su centro. Algún día descubrirán que pueden seguir encontrando ese momento de Quietud sin necesidad de nicotina.

Pero esa era solo una percepción de la realidad. Mi percepción. La noche anterior había cenado con un reputado científico nuclear asentado en Japón compartiendo mesa con un director de cine nominado a los Goya. Allí hablamos de otros temas, de otras realidades alternativas, divergentes, que nada tenían que ver con la isla de Margarita. Puse sobre la mesa, muy tímidamente, mi queja-provocación sobre la dieta humana. Quizás, sin darnos cuenta, uno de los mayores problemas de nuestra violencia congénita nacida de nuestro hábito ancestral y solo modificada tímidamente en estos tiempos gracias a los movimientos de protesta de la contracultural y las modas imperantes de la new age.

Ante mi queja por la ingesta sistemática de cadáveres animales, un buen amigo me increpó al día siguiente por acordarme de la muerte de cerdos y vacas y no protestar por los asesinatos sumarios ocurridos en Siria. Precisamente ahí estaba toda la cuestión, todo el meollo del asunto. Si nuestros hábitos, empezando por los alimenticios, no fueran tan perversos, tan crueles y tan bestias, posiblemente hacía siglos que no habría guerras en el mundo, y por lo tanto, habríamos terminado de un plumazo con imágenes como las de Alepo. Y seguramente pasearíamos por la calle amables y cordiales mientras todo el mundo sonreiría de forma especial, guiñándonos unos a otros en esa complicidad humana.

Resulta que quizás para ello no hagan falta grandes revoluciones sociales, ni grandes epopeyas cargadas de heroicas batallas. Quizás baste levantarnos desnudos, transparentes, dejando que la luz nos atraviese, como en esta maravillosa foto de Man Ray, donde la luz se fusiona con el cuerpo desnudo de una bellísima y cristalina Lee Miller.  Desnudos y transparentes, claros y verdaderos como agua que corre hacia la entrega y la dicha, hacia la fluidez que busca en las cosas sencillas lo bueno de la vida. La revolución verdadera quizás empiece en nosotros, levantándonos con nuevos hábitos y sonriendo al mundo desnudos, sinceros, transparentes.

 

 

 

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2 thoughts on “Transparencias

  1. Hoy me he levantado desnuda y transparente, la luz atravesándome los huesos. Así he salido a las calles de Madrid y, curioso, me he cruzado con un montón de ojos brillantes, la gente sonreía de forma especial… Creo que ha empezado la revolución… creo que he empezado la revolución. (Hermosísimo post hoy. Gracias!)

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  2. Estoy de acuerdo en que nuestros hábitos alimenticios son perversos, crueles y bestias.

    En los libros de texto de mis sobrinos, y en otros que conozco, todavía se estudia una pirámide alimenticia en la que la carne y el pescado tienen mucha importancia. ¿Y los menús de los colegios? Por favor, los que tenéis el poder de la comunicación, a ver si hacéis algo para que esto cambie. El asunto es urgente, pues no podemos alimentarnos de dolor y miedo y esperar no tener como consecuencia ese mismo dolor, miedo, angustia, estrés, depresión, rabia, crueldad, etc.

    Muchas gracias, Javier.

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