Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida


beso

¿De qué sirve este enredoso aire, si no puedo respirar? Si no luchas por nada… ¿De qué sirve soñar?¿Para qué quiero un mundo carente de fantasía?¿De qué sirve la vida, si vives para servir? Prefiero estar consciente aún cuando duela. Prefiero que la muerte me sorprenda de pie, construyendo un mundo nuevo que quizás nunca vea. Me iré feliz sabiendo que mis sueños nunca abandoné.”  Mikhail Bakunin

¿Qué surge cuando el fuego roza el agua? ¿Qué danza maravillosa hace que la luz transforme en viento aquello que fue ola? ¿Qué magia arrastra hacia la transformación lo inamovible? Y todo mecido como esa danza imposible, como esa llama brillante convertida en estrella y átomo. Me susurraste el don de aprender, de seguirte hasta lo volatil, hacia lo invisible, hacia el aire y el desierto. Encantados por el sol, poseídos por  su tierra, extasiados en esta infinita danza que juntos padecemos. Gracias por llevarme tan lejos como fue posible, a ese “circulonosepasa” inalcanzable hasta ahora.

Salgamos ahí fuera y contemos estas maravillas. El sonido del éxtasis, la plegaria del susurro, la fortaleza de la danza invisible, lo sublime del abrazo inmortal. Salgamos a compartir esas cosas que vimos, aquellas estrellas que rozamos y la belleza innata de lo ausente. Ese momento en el que fuimos agua y fuego, aire y tierra, éter condensado en los diez mil mundos. ¿Qué nos queda cuando hemos alcanzando toda gloria? ¿Qué podemos hacer mientras vivimos ahora en nuestra fantasía soñada? ¿Hay algo más poderoso que aquello que es capaz de transformar? ¿Aquello que nos hace más humanos y verdaderos? ¿Qué llama es esa que nos ilumina en la noche oscura y qué mano es esa que nos guía hacia la protección del bosque? ¿Qué llanto poderoso nos avisa y qué grito nos soporta? ¿Qué esperanza nos eleva y qué susurro nos abalanza hacia lo incognoscible? ¿Qué nos queda ahora sino compartir lo ganado sembrando futuro?

Se cerró la puerta, y ahora, centrado en la oscuridad, diviso mil ventanas. Y miro sereno pero asustado y me interrogo. ¿Qué siente un gusano que teje y penetra en su capullo? ¿Oscuridad, soledad, miedo, confusión, aspereza? ¿Y no es eso necesario para la mutación? ¿No son esas las armas de la transformación final? ¿Qué milagro es ese que nos arrastra y nos empuja a la oscuridad para luego transformarla en vuelo? ¿Qué fuerza es esa que nos llama desesperada?

Una roca no tiene miedo porque no se mueve, no se transforma. Solo aquello que muta, aquello que transforma nos da miedo. Y siempre podemos elegir entre ser una piedra, inmutable, muerta, o estar vivos y enfrentarnos al cambio, a lo nuevo. ¿Es la vida cómoda nuestro sepulcro? ¿Es lo conveniente nuestra tumba?

Fluyamos sin miedo hacia lo que la vida nos proponga. Sólo el río que fluye puede perderse en la inmensidad del océano. Solo el que es capaz de perderlo todo por seguir su curso podrá alcanzar la inmensidad. Hagámoslo y salgamos ahí fuera a contarlo todo.

Pd.- “Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida” Mario Benedetti

‎”Y aquellos que fueron vistos bailando fueron considerados locos por los que no podían oír la música

Friedrich Nietzsche

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4 thoughts on “Se despidieron y en el adiós ya estaba la bienvenida

  1. “¿Qué milagro es ese que nos arrastra y nos empuja a la oscuridad para luego transformarla en vuelo?…” … la promesa del océano… la belleza innata de lo ausente aún…
    GRACIAS por cada palabra que publicas hoy.

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