Palabras-caricia


caricias

Estimada L.,

qué hermoso escrito y qué hermosas palabras-caricia.
Cómo bien dices, el afecto sigue intacto, sin saber a ciencia cierta de donde salió ni porqué, pero es cierto que por algún motivo desconocido, hay personas que siempre permanecen dentro, aunque tan sólo las hayas visto una vez en la vida. Hay personas que marcan incluso tanto que nunca sabes si tú eres completamente tú o la suma de de ambos. Y eso tiene su belleza, pues con el tiempo descubres que realmente nuestro pequeño “yo” no es más que la suma de todas esas personas que alguna vez han estado o están en nuestras vidas. Ese pensamiento es maravilloso, porque no podemos entender el “yo” sin el “nosotros”, y más allá de eso, no podemos entender el “yo” y el “nosotros” sin la ausencia de ambos. Es decir, en el fondo, somos parte de algo mucho mayor al que retornamos como gotas de rocío en una primavera silvestre. Somos susurros que brotan de la tierra y se esparcen por el aire hasta alcanzar el cielo, como decía aquel poeta.

La página la gestiono yo mismo. No tiene un exceso de trabajo porque ya sabes que me apasiona escribir, y lo que más me apasiona, pues lo comparto. En el fondo eso es la vida, un continuo compartir, y cuanto antes lo entendamos, antes fluiremos con su río incesante. Por cierto, me honra saber que en tus clases dejabas caer algún pensamiento de este menda. Eso me recuerda aquella charla que tuvimos hace tantos años, cuando yo apenas era un inocente adolescente cargado de curiosidad y me enseñaste la hermosura y la profundidad de la termodinámica. Lo que más me llamó la atención fue la forma tan entusiasta de describir el como habías llegado a Dios, al Universo, bajo la sombra de ese camino que llamamos ciencia. Ese entusiasmo tuyo fue mi mejor ejemplo para no desechar nada, porque todo tiene cabida en este universo y todo tiene algún tipo de significado para nosotros. Y el tercer principio de la termodinámica, como tú bien decías, sigue siendo un misterio para científicos y curiosos como yo. Al menos en lo que respecta al orden universal y macrocósmico, ese extraño orden que se manifiesta dentro de la aparente entropía. Un tema sin duda apasionante.

Lo de ser más o menos espiritual no tiene ningún mérito. Todos somos seres espirituales en nuestros diferentes grados y condiciones. Todos tenemos algo hermoso que aportar al mundo y eso es lo que hace que poco a poco el mundo se vaya espiritualizando. No se trata de grandes acordes, de sublimes y beatas reminiscencias, solo baste que cada uno de nosotros hagamos nuestra parte, ya sea cuidar un jardín o construir una casa o cuidar a un anciano. Todo aquello que hagamos con amor y paciencia, sea lo que sea, es espiritual. El hablarlo o expresarlo solo ayuda a tomar un poquito más de consciencia, pero nada más. Lo importante es que amemos lo que hacemos, y yo amo con cierto grado de locura todo lo que hago, hasta el punto que me cuesta desapegarme de las cosas que he amado con un grado mayor de intensidad.

Por ejemplo, las hermosas y excelentes y maravillosas mujeres que durante algún tiempo me acompañaron en el camino. Las amo tan profundamente que me cuesta horrores olvidarlas, y siempre, todos los días, reclamo para ellas un pensamiento hermoso y el mayor de los deseos. Supongo que eso será “amar en silencio”, como una vez me dijo una amiga. Todas fueron maravillosas a pesar de que en algún momento del camino dejamos de entendernos. Todas enriquecieron mi vida y a todas les agradezco que ahora, como decía al principio, formen parte de este puzzle en el que me he convertido. Perdona la divagación, pero el invierno invita a cierto grado de añoranza y melancolía que se acrecienta en la noche oscura, propicia para la ternura del desnudo y el corazón abierto.

Entiendo todo lo que dices de la casa y los cambios. ¡Todo es tan provisional! Creemos tener una vida segura, un mundo totalmente amarrado, y de repente, un día, sin avisar, todo se derrumba. Y lo peor de todo es descubrir que nadie nos preparó para esas cosas. Que estás solo, absolutamente solo ante todo lo que se viene encima. Y cuando crees que todo ha pasado realmente, que lo peor ya pasó, que ya no hay más fondo ahí abajo, viene de nuevo la tempestad que termina de derrumbar los pocos cimientos que nos quedaban. Hay algo de tremendo en todo eso. Al menos hasta que viajas por el mundo y te das cuenta de tantas y tantas cosas…

Pero tener una casa es importante, al igual que lo es tener el abrazo diario de alguien que te quiere, de alguien que ha estado ahí siempre, en lo bueno y en lo malo, de esa familia tuya que yo tanto admiro y que ha sobrevivido a casi todo. Tú ejemplo me vale y me fortalece, y sobre todo, me llena de confianza y esperanza. Porque a pesar de todo, aún sueño con esa melancólica sensación de levantarte un día y poder abrazar a los tuyos. Eso, querida mía, lo vale todo. Los sueños, sueños son. Están bien para ir tirando, para hacer la vida más increíble y necesaria. Pero nada vale más que el pequeño e increíble gesto de un abrazo sentido.

El mismo que te mando desde aquí, con amor y cariño, y con el recuerdo de los años que pasan juntos, a pesar de la distancia… Aquí, en mi pequeño zulito, también tienes casa y amigo…
Un abrazo sentido…

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