En el vuelo saldrán alas


loco

“La vida no vivida es una enfermedad de la que puedes morir” Jung.

La vida no deja de ser un resplandor, un puro viaje hacia lo indescifrable. Podríamos recurrir a mil fórmulas para comprobar si estamos realmente vivos, o simplemente sucumbimos al mecanismo incierto del hacer, o del ir haciendo. Podríamos medir la intensidad de un momento, la brevedad de un día, el consuelo de una noche de verano, la paz de una meditación interior o la terquedad en las respuestas vitales.

Es un buen ejercicio mirarnos al espejo y preguntarnos todos los días eso de qué estamos haciendo con nuestras vidas, y eso otro de qué me gustaría realmente estar haciendo. A veces, las respuestas a ambas preguntas son inconexas y dispares, y casi siempre, sus susurros a media noche nos dan miedo. La fijación más normal es el aburrirnos en el devenir diario, en las diez mil cosas y en la certidumbre normalizada de la rutina. Ahí no hay cuestiones que valgan, ni sacrificios espurios en pro de una búsqueda que creemos interior pero resultante de un arbitrio incierto.

¿Búsqueda interior? Nadie sabe lo que es eso. Algunos se van a meditar a altas horas, a realizar retiros de diez días en puro silencio, a maquillar con antorchas celestiales las bóvedas de algún tipo de certeza. O a rezarle a cualquier Dios con tal de encontrar cierto bálsamo tranquilizador. Realmente todo eso son píldoras que nos calman, chutes de paz que nos dejan tranquilos y en cierta armonía. Al menos durante lo que dura el ejercicio, porque al salir del mismo, volvemos a la carga, a la rutina, al disfraz  a la máscara. Realmente solo buscamos eso: tranquilidad, analgésicos para el alma, creencias que doten de sentido el sinsentido.

Pero el camino de la búsqueda nunca es un camino tranquilo, con banda sonora de música celestial, ni retiros esplendorosos a una pradera verde cargada de paz y armonía. La búsqueda requiere prepararse para lo peor, lanzarse al vacío y decir eso de “en el vuelo saldrán alas”. Perderlo todo, ganarlo todo para volverlo a perder, atravesar ríos, montañas, desiertos y un millón de pruebas que nos harán fuertes, guerreros cicatrizados por las penurias del camino. ¿O acaso el orgullo, la vanidad, el egoísmo y la ignorancia se vencen sentados en un verde páramo rezando a cualquier Dios? ¿Acaso el hambre y la sed se sacian recitando un mantra? Rotundamente no. Todas esas técnicas son sólo un aperitivo, un contacto inicial con el mundo ilusorio, con la mentira que nos alejará de la prueba. Nadie nos va a librar del cáliz de la cruz, de la vejación del prójimo, de la envidia y de nuestros propios demonios interiores. Nadie hará por nosotros el trabajo ni el camino, ni debemos pedirlo ni exigirlo ni demandarlo ni aceptarlo.

Sí, vayamos mañana a escuchar los cánticos de Taizé, vayamos a meditar sobre las aguas de cualquier Ganges y silbemos las danzas de Shiva en los templos del Rajastán. Podemos hacer todo eso y más, pero nada nos librará, si queremos realmente avanzar y transformarnos, del dolor de la danza invisible. Allí descubrirás secretos y misterios, pero sobre todo, descubrirás la belleza del dolor transformador.

De estas y otras cosas hablaba esta tarde con Ramiro Calle, así que agradezco su inspiración a ese ser amable y despierto.

(Ilustración: El Camino del Loco)

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5 thoughts on “En el vuelo saldrán alas

  1. La bestia le muerde la bolsa mientras camina.
    ¿Es esa la señal del avance real; de que es uno mismo quien vive?
    Lo que va en el hato no alcanza ni al sustento diario; la seguridad, la devora la bestia…
    No se puede vivir de manera más uténtica.
    ¿Qué deja atrás el caminante? ¿Familia, hogar… nada?
    ¿Nada xq nada le pertenece? ¿Nada xq nada vale nada comparado con su camino?

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  2. Muy bueno Javier…Me ha encantado…
    “el dolor de la danza invisible” curiosa danza…que sino la bailas por mucho que camines no avanzas…Pero claro, en el fondo es normal…se les olvidó incluir en la educación enseñarnos a danzar solos y desnudos delante del espejo…No me extraña que no nos lancemos al vuelo…Tenemos más miedo a caer, que fe en que nos saldrán alas…
    Abrazo fuerte desde la montaña morena al zulito 😉 y para todos los compis

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  3. Es muy sabio todo lo que dices en este texto y la imagen de Ramiro, aun radiando toda la luz y serenidad que nos ofrece como libre verdad , es un buen ejemplo de ello.

    Curioso todo lo bueno que se puede llegar a transmitir a través de una imagen clara y limpia.

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