Una Mente Pura, un Corazón Noble y un Cuerpo Sano


vida

«Trabajar con amor es construir una casa con cariño, como si vuestro ser amado fuera a habitar en esa casa.» Khalil Gibran

La vida de soltero requiere mucha disciplina, doble disciplina. Al estar solo sin que nadie te vigile es fácil amontonar ropa sucia, comer mal y olvidarte de cosas tan necesarias como afeitarte o tirar de la cisterna después de plantar un gran pino. Así que hay que estar muy atento y programarse para no fallar en lo básico. Levantarte a buena hora, desayunar de forma correcta (en mi caso hago una gran excepción por mis galletas, pero prometo alternarlas con pa amb tomàquet), trabajar a fondo, hacer algo de deporte, cocinar y no olvidar de limpiar los platos, masturbarse al menos una vez al mes para mantener en forma la próstata (aunque los de mi edad frecuenten hacerlo una vez o más al día), mantener un cierto orden y limpieza en el apartamento… En fin, hay miles de detalles diarios que no pueden ser descuidados y requieren atención. Las diez mil cosas, que diría Laotzi.

Pero esas cosas básicas no son más que el principio de cierta disciplina física que luego se complica si quieres rozar cierta sofisticación. Ya sabéis, hacer un poco de yoga, estiramientos con baile, lanzarse a la piscina (si es invierno, por favor, cubierta), dieta vegetariana, zumos diarios…

Y luego las disciplinas para mantener vivo el cuerpo vital: respiraciones conscientes y profundas, baños de sol y agua abundantes, música, silencio, algo de soledad y algo de compañía, algún baile, alguna caminata, y risas, muchas risas, porque el buen humor, el cachondeo y la alegría de vivir atrae más vida.

¿Y el emocional? Estas son más complicadas y complejas, porque resulta más difícil domeñar las emociones y disciplinarlas para que sean dóciles y se alejen de la violencia, del caos, de la irritabilidad, de esas cosas que los griegos llamaban vicios, refiriéndose a eso que nos perturba y nos aleja de la luz y la calma. Tenemos tanto lío emocional que nos podemos tirar toda una vida desenredando la madeja compleja de conflictos, desviaciones, traumas, desdichas, dolor y sufrimiento que nos enloquecen y nos aferran a la tristeza, la rabia o la culpa. Pero las emociones son como el agua, es fácil arrastrarlas y moldearlas a ciertos compartimentos, o hacerlas fluir para que se limpien con oxigenadas herramientas de tres al cuarto.

Cuando logramos domar el cuerpo emocional se convierte en un poderoso instrumento para impulsarnos a esos lugares que deseamos comprender o explorar. Es cuando entra en juego la disciplina mental. La mente, con sus luces y sus sombras, que busca en la virtud las señales que han de dirigir al jinete hacia su destino. La mente es el mapa, pero no es el terreno, ni el camino. Mucha gente aún se confunde y se identifica con sus pensamientos, con su ego, con su «yo». Pensamos equivocadamente que somos lo que pensamos, y estamos muy alejados de percibirnos como un todo holístico e integral donde lo que somos no tiene nada que ver con lo que creemos que somos. ¿Cómo era eso de que somos algo más que la suma de nuestras partes? Pues eso…

Aún así, la mente (la concreta y la abstracta, porque tenemos más de una mente) nos ayuda para guiarnos y no tropezar en exceso en el camino. Es importante entrenarla, estudiar, conocer, comprender, aceptar que a veces el mapa, el GPS puede estar equivocado, y que la realidad se impone siempre, siempre, siempre. La mente tiene que estar alejada de tormentos, de vacíos, de cosas que perturben la correcta visión, de prejuicios, de juicios, de pensamientos que condenan y mancillan, que perturban y confunden, que mienten y se enorgullecen, que buscan en el otro la paja ajena. Por eso se dice que debe ser una mente pura, para poder ver mejor el mapa, y el terreno, y así no perder el tiempo en circunloquios que nos llevan más que a la perdición, a lo que en psicología llaman la «pérdida de sentido». Cuanta mayor pureza, mayor luz. Cuanta mayor luz, mayor visión. Cuanta mayor visión, mayores las experiencias, los recorridos y mayores las pruebas del camino, porque siempre querremos ir más allá, más lejos, y abarcar todo el horizonte posible, y la vida nos pone a prueba porque nos quiere enseñar a viajar, a volar, a vibrar con todo el omniverso.

Así que llega un momento en el que crees tener un cuerpo sano que te permite caminar y convivir con el universo y el cosmos circundante de forma saludable y correcta. Un corazón noble que intenta no perturbarse por las fluctuaciones vaporosas de las aguas emocionales, de los traumas del pasado y los miedos del futuro, sino que se permeabiliza para ser agradable, alegre y amoroso. En calma, paciente y sereno como un noble antílope que se alza victorioso en lo alto de una cima. Y una mente pura y cristalina, una guía eficaz para afrontar la vida desde otra perspectiva diferente.

¿Y qué más? Hay mucho más, mucha más vida y mucho más misterio del que jamás podamos llegar a abarcar. Porque cuando estamos alineados en la cuádruple esencia, algo se despierta aquí dentro. Algo difícil de explicar pero que nos transforma y nos impulsa hacia otro entendimiento, hacia otra percepción, hacia otro sentir, hacia otra visión de las cosas y los acontecimientos. La disciplina es solo un pretexto primario que luego deja de ser importante. Es sólo el entrenamiento, el pellizco necesario para empezar a volar. Y en ese vuelo, la vida cotidiana se vuelve mágica, plástica, casi irreal. Los sonidos son diferentes, las fuerzas que interactúan en todo lo envolvente se tornan sutiles y visibles y la impermeabilidad de las otras dimensiones parecen mezclarse entre delgadas líneas que flotan en una interminable amalgama de vida. Y se vive de forma más plena, más ancha, más provocadora. Y en esa provocación constante nacemos de nuevo a la espera de la segunda muerte, porque a la primera ya la hemos vencido, y ya no le tenemos miedo.

6 respuestas a «Una Mente Pura, un Corazón Noble y un Cuerpo Sano»

  1. Eres toda una caja de sorpresas. Y natural,muy natural. Hay pocas personas como tú. Es dificil desnudar el alma y entrar en otra alma con esa facilidad.
    Un cálido abrazo.

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