Le Petit Editor


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Estos viajes de ida y vuelta me relajan y me alejan de las cosas, tomando distancia y viendo la vida con cierta objetividad. Palabra extraña esa de la que desconfío desde que me hicieron científico social. Así que ayer llegué, cogí algunas cosas, entre ellas los libros de la tesis y la bicicleta y cargué el coche. Si entraron los libros para la tesis y la bici significa que este sería el último viaje de mudanza. Los demás serán por placer o por huida, porque huir, correr hasta no poder más, de vez en cuando viene bien. Los amantes de la newage dicen que no hay que huir, que hay que afrontar las cosas. Es cierto, no lo niego, pero donde haya una buena huida a tiempo… Y como digo, a mí me sirve de terapia, puedo coger distancia de las cosas, verlas de forma diferente, refrescar mi mente y mis emociones, relajar mi espíritu y su ansiedad por experimentar aún más vida de la que puede abarcar… Ama tanto el infinito…

Esta mañana temprano, cuando ya estaba casi saliendo, apareció “Le Petit Editor” con su mochila cargada de cds de Joy Division y los Arctic Monkeys, apuntándose a la aventura de pasar unos días en el “zulito”. Así que se va Alma y entra Franc. Y ahora esperamos la llegada de Carlitos para “salir” por el barrio y así echar unas risas de nuestra suerte. Con Franc, Le Petit Editor, como le conocen en el mundo senequista, lo pasamos bien en La Montaña. Vivía por el día en mi casa y dormía, a veces, en la suya. Él me mostró su mundo de adolescente efervescente, inquieto, inteligente, despierto y reflexivo a cambio de compartir la vida loca de «le grand editor», como él me llamaba. Incluso se atrevió a escribir un libro no terminado con ese nombre, relatando las peripecias de este servidor. Ahora hace arte dramático, cosa que le viene al dedillo porque el niño nació para el arte. Ahora solo le queda transformar su existencialismo angustioso, desesperado, autodestructivo casi, en ese vitalismo necesario e imprescindible para comprender que la vida no solo es un regalo, sino que es un regalo que hay que exprimir al máximo…

Está bien esta dinámica de entradas y salidas, me recuerda un poco a cuando vivía en la Montaña, donde mi casa se había convertido en una especie de asrham de retiro donde no paraban de entrar y salir gente. Ahora el asrham es más modesto, pero pronto se convertirá en un imán, en un catalizador, en un transformador o en su defecto, en un revolucionario sistema de amplificación interior… Sea como sea, aquí estamos de nuevo, dándolo todo…

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