Mañana es el fin del mundo, pero la vida sigue…


fin

Ayer tuvimos 6498 visitas en el blog. Ha sido nuestro nuevo record gracias a la indexación de un artículo que una buena amiga puso en su popular sitio. Al principio pensé que era una señal inequívoca del inmediato fin del mundo, un número que pretendía indicarnos los segundos exactos en el reloj del juicio final. Pero luego intenté calmar mis ansias de supervivencia y empecé a repasar con calma las noticias para ver si había alguna señal y vi, calmado, que todo seguía igual. También miré con curiosidad las otras teorías y creencias con respecto a tan importante momento de destrucción y aniquilación total, y esto fue lo que aún me tranquilizó algo más.

Son muchas las tradiciones que hablan del fin del mundo. En la mitología nórdica, el Ragnarök o destino de los dioses es la batalla que se perpetra entre los dioses, liderados por Odín, en el fin de los tiempos.

Existen otras escatologías –tratados de las realidades últimas- que pretenden describir con detalle el final ineludible. Zoroastro, en el mazdeísmo, describió con gran detalle la batalla final entre Ahura Mazda, el bien, y Angra Mainuy, el mal.

En el budismo, será Maitreya el que aparecerá al final de los tiempos como signo de esperanza y paz duradera.

El hinduismo se encarga de destruir cíclicamente todos los mundos. Vishnú es un gran aspirador de mundos y destructor de los mismos cada cierto tiempo.

En el islam aparecerá en el juicio final el Mahdí o Guía final, el cual volverá para pronunciarse sobre la verdadera religión universal.

Tanto los judíos como los cristianos esperan al Mesías en la Parusía, el advenimiento glorioso o segunda venida del Cristo, la cual, además, está proclamada últimamente y con mayor insistencia por los grupos que componen todos aquellos movimientos milenaristas.

De los mayas y su fin de los tiempos que ocurrirá exactamente mañana, ya se ha hablado insistentemente. Pero como siempre, nada aparente ocurrirá, como nada ocurrió en el año 2000 ni en 1999 ni en 1987 ni en el año 1000.

Hubieron otros fines del tiempo anteriores. Jesús de Nazaret predijo el inminente fin de los tiempos en una o dos generaciones. También hizo lo mismo Pablo de Tarso en la primera centuria. Martín de Tours dijo que todo acabaría en el año 400. Para Beato de Liébana el fin del mundo terminaba el 6 de abril del 793, y para el Papa Inocencio III, el fin del mundo llegaría 666 días a partir del surgimiento del Islam. El mundo también se terminó en 1689 para Benjamin Keach, el 16 de octubre de 1736 con la colisión de un cometa según William Whiston, en 1792 según Shakers, el 20 de noviembre de 1822 según unas monjitas chilenas. Willian Miller tuvo que modificar varias veces su fecha del fin de los tiempos al ver que una tras otra nada ocurría. Para el reverendo Michael Baxter todo terminaba en 1875. En el siglo XX hubo al menos una docena de fechas hasta culminar la inmediata que ocurrirá nada más y nada menos que mañana.

Pero como mañana la vida sigue, no se preoucpen, el milenarismo va a llegar de nuevo con dos fechas más: el 9 de febrero de 2027 según la biblioteca de los muertos y el 2060, según Newton.

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