Los dioses tramposos


Loki,_by_Mårten_Eskil_Winge_1890

Si enciendes una lámpara para alguien más, también aclaras tu camino“. Buda

Desde el origen más remoto de las primeras culturas, entre ellas la interesante cultura sumeria, se habla de los dioses tramposos, término acuñado por la antropología para designar a esos parientes cercanos de los dioses, semidioses, titanes o gigantes, que de alguna forma, traicionan al mundo celestial para beneficio del hombre. Sus nombres son casi infinitos: Loki, Krishna, Furrina, Sun Wukong, Veles, Indra, Aniruddha, Mohini, Govinda, Kutkh, Susanoo, Maya, Rambha, Kokopelli, Eshu, Huehuecóyotl, Paynal… Jung también habló de ellos como los Trickster desde un punto de vista arquetípico, viendo en la imagen del Loco o el Payaso como esa figura transgresora que se salta las reglas y normas.

Fue Alfred Korzybski quien nos indicó eso de que “el mapa no es el territorio”. Los dioses mayores lo sabían, según nos cuenta la mitología, y los humanos, con la ayuda de los dioses tramposos, inventaron los mitos, la tradición iniciática y las creencias para llegar a ellos. Nuestro mundo limitado por el lenguaje y por nuestro propio sistema nervioso no nos permite alcanzar el mundo real, solo imaginarlo o pervertirlo con nuestras apreciaciones.

Es por eso que durante mucho tiempo, hubieron revoluciones celestiales que pretendían ayudar al hombre a conquistar esa realidad. Los dioses, asustados, decidieron esconder la verdad en aquel lugar donde el hombre nunca buscaría: en su interior.

La “conciencia de la abstracción” es una forma de abordar, según el propio Korzybski, esa realidad que no vemos. Las técnicas de meditación o la oración podrían ser atajos para penetrar eso que en la antigüedad daban por llamar el “misterio”, y así alcanzar la realidad verdadera.

Los dioses tramposos pretendían ayudar al humano a trascender esa realidad limitada para liberarlos de su esclavitud y ceguera. Los ejemplos más destacados o conocidos fueron Lucifer y Prometeo. Al primero se le conoce como al ángel caído que ayudó a la primera humanidad a comer del árbol prohibido del conocimiento. Los dioses, asustados, expulsaron al hombre del paraíso para impedir que también comiera del árbol de la vida, es decir, de la inmortalidad, alterando con ello la jerarquía celestial. De Prometeo se dice que robó el fuego de los dioses, es decir, la luz, el conocimiento, entregándoselo a los mortales humanos.

Los mitos babilónicos y mesopotámicos explican con más detalle esta guerra oculta entre los llamados dioses y los semidioses o dioses menores. Marduk fue un dios mesopotámico erigido por los dioses mayores, los Anunakis, como cabecilla para aplastar una rebelión contra los dioses menores, los Igigi. Estos mitos son apasionantes y se están poniendo de nuevo muy de moda en la ola de la newage. Está bien que pensemos en ellos y profundicemos en sus misterios… Siempre y cuando no nos desvíen ni nos confundan del lugar secreto, la cueva del corazón, el interior.

( Ilustración, el dios tramposo Loki, de Mårten Eskil Winge, 1890).

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