Hacia la próxima revelación


«La revelación revela lo que está siempre presente; no revela en realidad algo nuevo y desconocido hasta ahora.» (D.K.)

Cuando nos desprendemos de la pesada carga de nuestras limitaciones personales y sociales, se muestra ante nosotros un campo de experiencia diferente. No nuevo, porque siempre estuvo ahí, pero sí, al menos para nosotros, ciegos y cegados, sí una nueva visión. Es evidente que esto está ocurriendo, ahora mismo, en este instante, y que existe un nuevo concierto social, una nueva luz y un nuevo sumidero de ilusiones y esperanzas que antes no existían, o mejor dicho, no percibíamos. La sociedad en su conjunto despierta al poder de saberse poseedora de la necesaria voluntad para cambiar y transformar situaciones difíciles. Tras años de auténtica oscuridad, ceguera e ignorancia, estamos abriéndonos hacia un nuevo amanecer donde el contrato social parece estar vinculado a otro tipo de energías y poderes.

Ese despertar es común, aunque algunos tardemos más en captar el nuevo paradigma y otros nos excitemos en exceso ante las pioneras ideas que deberán emanciparnos en el futuro. Esa excitación es imprudente, porque los cambios sociales solo pueden entenderse en el largo plazo, y todas las tendencias que ahora están naciendo en el jardín social deberán madurar durante al menos doscientos años para ver su luz.

Así, unos por pasivos y otros pocos sobreexcitados ante la posibilidad de cambio inminente, existe cierta y errónea postura de unos y otros.

La prudencia nos dice que el cambio es necesario, aunque la prudencia siempre había mantenido la premisa de someternos a la seguridad ortodoxa de lo conocido y cercano. Pero ese cambio acelerado y asombroso que estamos experimentando en los últimos cien años nos aleja de lo prudente y nos acerca a la necesaria reorganización de nuestra humanidad.

Estamos muy lejos de lo que los economistas llaman el punto de equilibrio, ese lugar donde se puede vivir sin que ninguna de las partes concurrentes a la existencia sufra ningún tipo de anomalía o pérdida, y en todo caso, andemos cerca del momento de ejercer algún tipo de influencia orgánica positiva en beneficio común.

Por eso ahora debemos esforzarnos en dirigir nuestras energías a la siguiente revelación, una vez comprendido que el egoísmo personal solo provoca irreverentes guerras, hambrunas y enfermedades. Pero, ¿cuál es esa revelación? En los próximos cien años las futuras generaciones habrán aprendido muchas cosas de nuestros errores y se esforzarán en poner en práctica las llamadas “justas y correctas relaciones humanas”. Algo aprendimos sobre la necesidad de paz tras sendas guerras mundiales. Pero no fue suficiente. Por eso, entender la frase de «justas y correctas relaciones humanas» en su más absoluta profundidad y ponerla en práctica será el reto futuro, y una experiencia que llenará de mucha más luz al conjunto de las sociedades.

Ahora sigamos sembrando, sigamos poseyendo a la vida de la excitante oportunidad del cambio.

2 respuestas a «Hacia la próxima revelación»

  1. Me tranquilza leer que eso cambios ansiados por tantas personas se esperan a largo plazo porque ya me estaba «desanimando» al ver que a mi alrededor no noto esas ganas y esas manos a la obra tan necesarias.

    Aun queriendo que esos cambios fueran ya, seguramente es imprescindible que las cosas vayan anclando sus raíces de forma segura y duradera y eso no es cosa de días sino de años.

    Lo importante es saber que vamos por el buen camino, a tropicones, pero por el buen camino.

    La foto es preciosa, claros y oscuros pero con el arco iris dejándose ver

    Gracias Javier 🙂

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    1. Somos muy impacientes y debido a nuestra corta existencia pensamos que todo lo que debe ocurrir en nuestro universo conocido pasará ahora, en este instante. Pero las cosas, a otra escala, no conocen nuestro tiempo y transcurren de forma diferente. La revolución que ahora estamos viviendo es solo una semilla de algo que debe expandirse durante décadas. Es una emancipación necesaria hacia la autonomía individual y social, hacia la mayoría de edad a la que estamos destinados a llegar con cierta paciencia. Pero hasta hace muy poco lo único que había ocurrido había sido el nacimiento de la consciencia global. Todos unidos por herramientas como internet que favorecen lo que ya los ilustrados llamaban la unidad psíquica de la humanidad. Esa unidad ya está llegando, y ahora debe materializarse… Pero ocurrirá, como digo, en décadas, y no en meses. Nuestra obligación moral es despertar a esa realidad y trabajar para que todo se desarrolle hacia esa necesaria realidad. Una realidad que no podemos eludir, al igual que el niño no puede eludir ir al colegio o ver crecer sus primeros dientes.

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