La gimnasia soberanista: el camino del comunitarismo al cosmopolitismo social


Decíamos ayer algo sobre la independencia de los pueblos, los nacionalismos trasnochados y las ansias de asaltar el poder –político y económico- a base de ningunear y manipular la psique y las emociones de la gente. El principio nacionalista y patriótico se basa precisamente en eso: en el ninguneo, en la manipulación cultural y el chantaje social de unos pocos contra muchos. Es la contracorriente de los tiempos modernos, que son abiertos y procuran abrirse al otro, en contra de toda forma de etnocentrismo o de sociocentrismo de esos grupos autocentrados, que implica una autovaloración y una tendencia a cerrarse sobre sí mismos.

Arrinconar el sistema feudal y la sociedad estamental fue un gran logro de la humanidad. Se suprimieron algunos privilegios aparentemente –luego se transformaron en otros- y se creó un acceso libre a la promoción social, aunque siempre protegida por las nuevas oligarquías políticas y económicas.

En las sociedades antiguas, la soberanía y el poder emanaban de forma jerárquica y piramidal de arriba abajo. En las sociedades del futuro, la tendencia se horizontalizará en unas bases cada vez más amplias, existiendo una jerarquía horizontal, y no vertical como hasta ahora, donde el verdadero poder recaerá en la ciudadanía no cada cuatro años, sino a cada instante de su existencia.

La autonomía plena y verdadera nacerá ante el inevitable deterioro del sistema estatal, la caída de las patrias y las naciones hasta llegar a un cosmopolitismo social pleno y libre, donde las leyes, siempre desde el respeto hacia las diferencias de unos y otros y la pluralidad humana, serán universales.

Es inevitable la caída de los estados-naciones, del sentimiento gregario del patriotismo o nacionalismo. Por eso, la verdadera gimnasia soberanista recaeré en el individuo libre, que pacta con sus prójimos la verdadera convivencia social no basada en banderas, ni en historias, ni en batallas ni en sangre, ni en fechas ni en ideologías, sino en la necesidad de aplicar el sentido común, la libertad, la fraternidad y la igualdad entre los hombres. Y ese camino ya ha empezado, y es irrenunciable.

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