Mercados, inversores, bolsa y ludópatas


“Ciertamente, no se puede valorar como feliz y próspera una sociedad donde la mayoría de sus miembros están reducidos a la pobreza y la miseria. Lo justo, no obstante, exige que aquellos que alimentan, visten y dan hogar a todo el cuerpo de la nación, tengan, en el producto de su propio trabajo, una parte suficiente para poder alimentarse, vestirse y encontrar vivienda por sí mismos”. (Adam Smith)

Los mercados son necesarios. Desde la más remota antigüedad, siempre han existido esos lugares comunes donde unos y otros intercambiaban los productos y servicios producidos con su esfuerzo y trabajo.

Desde que nos regimos por el modelo capitalista, los inversores han sido necesarios para incentivar proyectos que necesitaban un empujón para poder asentar las bases de la llamada economía real o economía productiva.

Estas inversiones no tienen nada que ver con las realizadas en las llamadas economías especulativas o financieras.

La economía especulativa es ganar dinero sobre cosas que aún no existen o no se han producido. A esto se le llama mercados de futuros. Es decir, comprar algo que vendemos más tarde porque pensamos que en poco tiempo va a valer más. El especular con cuanto subirán o bajarán productos financieros se le denomina derivados financieros.

Uno de los problemas de esta crisis es la de poder analizar el hecho que propicia a la economía especulativa a generar diez veces más dinero que la economía real. Es decir, generan dinero única y exclusivamente especulando sobre las personas que producimos bienes y servicios.

Las Bolsas de Valores son entidades privadas que permiten y facilitan que todo este mercado pueda actuar, y por lo tanto, la especulación pueda ser en cierta manera “ordenada”, “regulada” y descrita.

Aquí está la gran paradoja de nuestra sociedad: el lucro, la usura y la avaricia de los mercados especulativos dominan el panorama de la economía real, de los Estados y de las sociedades desarrolladas en su conjunto. Es decir, unas personas que se dedican a especular sobre cosas que no existen (aunque lo hagan a partir de cosas existentes) dominan el panorama mundial de nuestra economía. O dicho de otra forma, es como si un puñado de ludópatas jugaran y apostaran en un gran casino todo nuestros recursos reales.

Muchos consideran que llamar ludópatas a estos especuladores es algo exagerado, pero veamos que entiende la psicología como ludópata. Para que alguien pueda ser considerado mediante diagnóstico como ludópata, se debe cumplir al menos cinco de los siguientes síntomas: 1. Preocupación. Tanto los mercados como los estados lo están. 2. Tolerancia. Como en el caso de la tolerancia a las drogas, el sujeto requiere riesgos mayores para experimentar la misma emoción. 3. Abstinencia. Inquietud o irritabilidad asociada con los intentos de dejar o reducir el juego. 4. Evasión. El sujeto juega para mejorar su estado de ánimo o evadirse de los problemas (la prima de riesgo y los mercados sirven como excusa para no afrontar la realidad económica). 5. Revancha. El sujeto intenta recuperar las pérdidas del juego con más juego (más deuda soberana). 6. Mentiras. El sujeto intenta ocultar las cantidades destinadas al juego mintiendo a familia, amigos o terapeutas (justamente lo que está haciendo el gobierno y los mercados). 7. Pérdida del control. La persona ha intentado sin éxito reducir el juego. Como estamos viendo en estos momentos, los mercados y los Estados están perdiendo el control de la situación. 8. Actos ilegales. La persona ha violado la ley para obtener dinero para el juego o recuperar las pérdidas (amnistía fiscal, por ejemplo). 9. Arriesgar relaciones significativas. La persona continúa jugando a pesar de que ello suponga arriesgar o perder una relación, empleo u otra oportunidad significativa (el Estado permite los desahucios, ayudando sin embargo a la banca). 10. Recursos ajenos. La persona recurre a la familia, amigos o a terceros para obtener asistencia financiera como consecuencia del juego (los mercados, letras del tesoro, etc.)

En la selva, los fuertes avasallan a los débiles. Es lo que ocurre en los mercados financieros. En el reino humano, los fuertes ayudan a los débiles. Es lo que debería ocurrir y no está ocurriendo en los Estados desarrollados. ¿A quién debe rendir cuenta los Estados? ¿A la selva o al reino humano?

Conclusión: estamos en manos de unos ludópatas especuladores que están fijando el designio de nuestras sociedades desarrolladas.

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