El caótico mundo de los negocios


Ayer tuvimos una hermosa velada en casa de unos amigos. Cenamos y hablamos de proyectos, de empresas, de crisis y de libros. Él, un empresario de larga trayectoria, hablaba desde las dos perspectivas posibles. En la primera recordábamos cuando disponíamos de todos los lujos posibles de la época de bonanza y de cuando las cifras que se manejaban, en su caso particular a su favor, se podían contar por millones de euros. En la segunda repasábamos todo lo que había ocurrido hasta que la ruina terminó con toda una generación de emprendedores y de bonanza sin fin.
La evidencia de que todo está quebrado lo vemos día a día. Ayer hablábamos de que estábamos en un nuevo mundo, en una nueva era de los negocios, donde lo importante era la guerra de guerrillas y la pura supervivencia. Recordé cuando Nietzsche hablaba de la mentalidad del esclavo y la mentalidad del guerrero. El primero, servil y educado para mantener siempre el status quo del servilismo y la masa, vivía una vida más o menos monótona dentro de la esclavitud de cada tiempo. En el nuestro, el modus de representar esa esclavitud es el trabajo asalariado del ciudadano medio que mantiene un servilismo con el Estado a base de impuestos y coacción mediante cárcel o castigos.
El guerrero sería en nuestro cuento actual el joven empresario que lo arriesga todo a cambio de un mundo de posibilidades. Y no me refiero a ese empresario de clase alta, nacido en una familia pequeño-burguesa donde sus padres, a base de cheque o herencias van montándole al hijo su empresa-juguete. Me refiero a ese guerrero que surge de la nada y explota la posibilidad de alcanzar algo.
Pero en los tiempos que corren, todos se han convertido en esclavos de las circunstancias. Hoy me daba cuenta cuando estaba realizando la liquidación de nuestros distribuidores. En seis meses, una inversión en libros de casi diez mil euros sólo ha conseguido unas liquidaciones que no llegan ni a trescientos euros. Me preguntaba atónito como era esto posible, y qué sentido tenía mantener una red de distribución quebrada y falta de beneficio. Veo que la supervivencia global de toda la empresa ha sido gracias a la guerra de guerrillas de la que hablábamos ayer, no precisamente de la anquilosada y ortodoxa venta por distribución, sino más bien gracias a otras fórmulas como la venta directa desde internet o los pedidos que algunos autores entusiastas hacen de su propia obra.
A toda esta quiebra hay que sumar las deudas acumuladas por casi la mayoría de las empresas existentes. Unas derivadas por una mala gestión, otras por la quiebra de terceros y otras por créditos que no han podido ser afrontados por la escasa o nula actividad empresarial.
¿Cómo salir de este atolladero sin salida a corto plazo? Es evidente que adaptándonos a los tiempos y cambiando el paradigma de hacer negocio, ya no quizás buscando una base lucrativa como telón de fondo sino una base motivacional y social que entienda como modelo filosófico no la competitividad sino la cooperación y el apoyo mutuo.

Por cierto, para ayudarnos aún más a salir adelante el gobierno propone subir el IVA. ¿Cuando vamos a proponer nosotros que recorten autonomías, diputaciones, políticos, senados, coches oficiales, palacios, realengos de toda índole, embajadas, y ese largo etcétera interminable?

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