La fuerza del Edipo


La expresión del amor la aprendemos de nuestros padres, pero muchos quedan atrapados en esa energía sin saber transmutarla con la edad. Madres que duermen con sus hijos, hijos que viven con la madre casi toda la vida. Padres que se enlazan subconscientemente con su hija, creyendo incluso que es ella su pareja, y no su pareja real. Madres solteras y con hijos que sabotean nuevas relaciones porque han creado ya un vínculo de pareja con su descendiente. Padres incapaces de tener relaciones sexuales con parejas por miedo a defraudar a su hija. Hijos e hijas que sienten tanta fascinación por sus padres que no pueden entablar relaciones serias con personas de su edad. Mujeres que se enamoran de hombres diez o veinte años mayores, buscando con ello seguir con el lazo incestuoso de su padre. Personas que buscan parejas que no sobrepasen en nada a sus padres. Edipos intelectuales en los que los hijos repiten los patrones y valores de sus padres: todos somos de derechas o izquierdas, todos somos de tal equipo de fútbol, todos vamos a los mismos sitios, y vivimos en los mismos pueblos, y queremos y amamos a las patrias de nuestros ancestros. Personas que buscan extranjeras para que no puedan competir con sus padres. Padres que ponen a sus hijos los mismos nombres o padres que se ponen celosos de sus parejas cuando estos se llevan excesivamente bien con sus hijos. Otros que viven apegados a amores imposibles, amores platónicos, similar al amor inconsciente e imposible que sentimos de pequeños hacia nuestros mayores. Algunos van buscando que otros nos abandonen de forma subliminar. Buscamos parejas imposibles para que luego cualquier excusa sirva de detonante destructivo de la relación. Así seremos la novia o el novio eterno de nuestros ancestros, o descendientes, de tenerlos en el caso de madres o padres solteros con hijos. Personas incluso que se meten a monjes, o llevan una vida de puro celibato porque así serán los novios eternos de sus padres, o personas que confunden su sexualidad para sabotear con ello constantemente relaciones. Incluso la búsqueda de maestros y gurús que puedan ser referentes de esos padres que en algún momento nos abandonaron. O la búsqueda superficial de expresiones de poder, o de hombres o mujeres de poder, para anclarse en esa energía ancestral que pretende realzar nuestra línea sanguínea. Cientos de problemas sexuales no resueltos precisamente por estos lazos caducos.

Todo esto surge por los afectos de los que no sabemos salir cuando somos niños, reproduciendo de mayores los apegos que deberíamos haber superado. Como padres, debemos saber acompañar a los hijos en todas las etapas de la vida, siempre de forma correcta sin confundir los roles de unos y de otros. Como hijos, debemos estar alerta para no reproducir lazos que ya no tocan y que hay que sanar. He visto madres que besaban a sus hijos en la boca, que dormían con ellos, aborreciendo el sexo con sus parejas, o el simple contacto. Madres que ya tenían pareja –su hijo- y que desean parejas de mucha mayor edad, con la vida resuelta y segura –el padre-.

Vivimos muchas veces en nudos incestuosos, como los llama Jodorowsky, de los que  no somos conscientes. Vivimos anclados en relaciones que no son sanas porque no hemos resuelto del todo situaciones pasadas, traumas de la infancia o relaciones que no han superado su estadio natural. Hay muchas formas de consumar una pareja ficticia anclados aún a la energía familiar. Lo podemos ver en las parejas que no funcionan, en los maridos que necesitan estar siempre fuera de casa o que están anclados excesivamente en el entorno familiar con frecuentes visitas a los mismos descuidando su propia familia.

La verdadera entrega en el amor solo es posible cuando hemos resuelto estos laberintos del pasado, incluyendo en ellos todo tipo de traumas, conscientes, inconscientes y subconscientes. Algunos podemos verlos e identificarlos, otros, necesitamos de un profesional o terapeuta para hacerlo.

(Foto: Esta tarde cortando leña para pasar el frío invierno mientras reflexionaba sobre la fuerza del Edipo. ¿Será por la forma fálica de los troncos?).

 

2 respuestas para “La fuerza del Edipo”

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