Soles


La semana pasada fue un día de paradojas. De mucho trabajo, de muchos proyectos. El jueves por la mañana con L., y por la tarde con C. y J.T. paseando por Sol y su particular revolución. El viernes en Lleida y el sábado, aún cansado por el viaje del viernes, fue un día lleno de experiencias. Estuve en dos acontecimientos que me impresionaron. Uno de ellos me entusiasmó al ver reunidos en la amplia sala de ese gran hotel madrileño a tantas representaciones mundiales. Había incluso de países tan exóticos como Togo. Cientos de personas de todo el mundo unidos en la celebración del 200 aniversario de la institución. Fue un acto discreto pero emocionante. El segundo acontecimiento necesita un post para él solo y un tiempo prudencial para poder redactarlo.

Ayer domingo fuimos a pasear de nuevo a Sol, para ver como estaba el ambiente. El niño me cogía de la mano mientras me hacía preguntas. Le decía, con cierta emoción, que estaba presenciando una pequeña revolución. El niño me preguntaba con cierto temor si habría armas y sangre mientras le tranquilizaba intentando explicarle que algunas revoluciones podían ser, como esta, pacíficas.

En una semana, el escenario ha cambiado mucho. Sol se ha convertido en un pequeño poblado activista, diría que casi en una pequeña ciudad, con huerta incluida. Me sorprendió pasear por sus “calles”, por sus “avenidas” plagadas de propuestas y personas con el ánimo aún fuerte. Incluso hay un rincón para la espiritualidad que pretende armonizar las vibraciones del lugar a base de meditaciones y cánticos. El volumen de gente a media tarde había disminuido, pero después de más de dos horas de incursiones por el lugar, podíamos ver como el número de personas crecía. Y había una consigna clara de los visitantes: si los tocan, si los desalojan, toda Madrid vendrá a la plaza a apoyarlos, tal y como ocurrió en Barcelona.

Tras el paseo por Sol, ocurrió una anécdota muy bonita. A., un niño de dos años que nos acompañó en el paseo, tras salir de Sol y frente a una iglesia, me cogió de la mano, y separándonos del grupo, escaleras arriba, me introdujo en la iglesia. Me llevó hasta uno de sus asientos y nos sentamos a rezar. El niño, de tan solo dos años, estaba completamente emocionado, señalándome constantemente el altar mientras que, en su peculiar idioma, intentaba decirme algo. Rezamos a nuestra manera y sin dejar de apretar fuertemente la mano, me llevó de nuevo fuera del templo. No daba crédito a lo que había pasado. Pero fue tan lindo y emocionante que pensé que sería bonito compartirlo. Ese pequeño gesto me pareció también una pequeña revolución…

 

2 respuestas para “Soles”

  1. Lo que nosotros le podemos enseñar a un niño a través del ejemplo, de la actitud consecutiva en la vida y lo que un niño es capaz de aportarnos en un segundo si tenemos la capacidad de saber mirar y escuchar, en definitiva, de observar desde el corazón…

    Una revolución desde la paz se está logrando y quién no quiera admitirlo errará en decisiones futuras. Algunos ya han caído en ese error, pero están a tiempo de enmendarlo.

    Más Sol para todos.

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  2. ¿Como estaba la plaza?, preguntaban ellos, y el publico le respondia:
    La plaza estaba, ¡abarrotaaaa!, del Pulga y el Linterna.
    ese pequeño angel te llevó ha rezar, increible como un niño sabe cuando hay que coger fuerzas, tomar aliento, por un istante.

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