La Nueva Cultura Ética


Están ocurriendo cosas increíbles en estos días que nos hacen pensar en que algo está modificando nuestros patrones de conducta, nuestras formas de relacionarnos con el mundo y nuestra riqueza interior a la hora de entender la realidad envolvente.

Este cambio existe y tiene que ver con la teoría del desarrollo humano esbozada en lo que Inglehart llamó en 1977 “la revolución silenciosa”. Una revolución que tiene que ver con la tendencia del cambio de valores que nació en las sociedades occidentales basados principalmente en ideas de autorrealización y participación (posmaterialismo) más allá de las preocupaciones anteriores fundamentadas en la ampliación de la seguridad económica y la seguridad ciudadana (materialismo).

Estos valores posmaterialistas de autorrealización, participación o emancipación se reflejan ampliamente en las revoluciones que están naciendo en estos días. En algún trabajo anterior llamé a estos nuevos valores como Nueva Cultura Ética, ya que son indisolubles a la influencia cultural en la vida social y política de nuestras sociedades y comunidades. Y esta nueva cultura de valores emerge como consecuencia del desarrollo económico influenciado por la herencia cultural de nuestras sociedades adaptadas a las nuevas tendencias y conocimientos, a las nuevas tecnologías y las nuevas formas de relacionarnos con la realidad.

El cambio sociocultural producido no es lineal. La industrialización produjo racionalización, secularización y burocratización, pero el nacimiento de la sociedad que damos por llamar del conocimiento comporta otro conjunto de cambios que se expresan en una nueva dirección, poniendo énfasis en la autonomía individual, la autoexpresión y la libre elección. Además, la secularización va perdiendo terreno, recuperándose un nuevo tipo de espiritualidad alejada de las viejas formas, instituciones y estructuras del pasado pero con un nuevo aire renovado y característico de estos tiempos. Las sociedades desarrolladas, al dar por supuesta la supervivencia, empiezan a cuestionar los riesgos de la tecnología y comienzan a aproximarse a las esencias de la naturaleza, apreciando aquello que tenga que ver con el cuidado y el respeto a la misma. Lo ocurrido en Japón lamentablemente ha puesto en el debate de nuevo el problema nuclear. No en vano, las sociedades maduras desean acercarse de nuevo a los vínculos naturales con la naturaleza, protegiéndola y respetándola en todas sus vertientes.

Ello implica un retorno a las preocupaciones espirituales rechazando la religiosidad dogmática y dando paso a nuevas formas de espiritualidad y preocupaciones no materiales. Podríamos llamarlas, siguiendo las tesis de Inglehart como formas individualizadas de espiritualidad. El ordenador pasa a ser la herramienta principal de la nueva sociedad, y este artilugio moderno raya lo mágico, creando un número ilimitado de realidades virtuales. La creatividad y el estímulo intelectual son la base para que las preocupaciones espirituales vuelvan a estar en boga, lo cual provoca a su vez que el secularismo de la era industrial requiera cada vez más de mayores matizaciones.

Además de cambios en los aspectos religiosos y/o espirituales, se están produciendo cambios en las normas sexuales, sociales, económicas y políticas en las sociedades avanzadas. El énfasis cultural se traslada de la disciplina colectiva a la libertad individual, del conformismo a la diversidad humana y de la autoridad del Estado a la autonomía individual. Estos nuevos valores se reflejan a la perfección en la práctica mayoría de las sociedades avanzadas, donde se experimenta de forma comunitaria y en red con las nuevas tendencias sociales. La autoridad institucional pasa a ser una autoridad de grupo, asamblearia. La educación es horizontal y no vertical, así como las relaciones económicas, basadas principalmente en el apoyo mutuo y la economía del don. La sociedad civil muestra más atención a su poder, por encima del poder vertical de las instituciones jerárquicas. La masa, el pueblo, empieza a retomar su protagonismo esta vez de la mano de las nuevas tecnologías y los nuevos valores.

En todas las dimensiones existen procesos que impulsan el cambio, componentes que lo refuerzan y contribuciones que ayudan a su expansión. Todos estos cambios van dirigidos a la ampliación de la elección humana dentro de una sociedad que se quiere cada vez más humanista, más libre y más fraternal. No hay duda que una gran revolución ha empezado, una revolución que tiene que ver con un profundo cambio en el rumbo que la humanidad desea para sí misma.

 

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2 respuestas a “La Nueva Cultura Ética

  1. Tienes mucha razón en todo cuanto dices.

    Aunque la primera vez que lo lees pueda paracer una “utopía” si lo relees te das cuenta que es pura verdad en palabras, en este caso palabras importantes puesto que describen y dicen mucho.

    Un único problema podría ver en el hecho que nos ofreces y sería el que hay que rascar un poquito en las personas para que den a conocer ese nuevo planteamineto o “Nueva Cultura Ética”. Es algo así como tener miedo a mostrar los nuevos sentimientos respecto a la vida en general o en particular a la religión-espiritualidad, naturaleza-equilibrio, ofrecer sin motivo…

    Todo se andará.

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  2. Pingback: Acuario, hacia la Era del Saber | CREANDO UTOPÍAS

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