Consciencia vs conciencia. Ichein y Dasenin


“En tiempos de mentira universal, decir la verdad es revolucionario”.

George Orwell

El matiz en las palabras a veces requiere exploraciones semánticas y filológicas que nos hacen pensar en su origen y en su significado profundo. He discutido muchas veces sobre el mal uso, sobre todo en ámbitos de calado místico o espiritual, de la palabra conciencia y desearía profundizar algo más en sus ramales lingüísticos para definir acertadamente o no sobre su desambiguación.

Conciencia viene del latín conscientia, –con scientia, con conocimiento- que expresa conocimiento compartido. Pero en la riqueza de nuestro idioma hablamos además de la consciencia, que es aquello por lo cual nos hacemos conscientes de ese conocimiento, es decir, aquello que nos permite sabernos ya no separados del mismo, sino en particular interrelación con ese conocimiento desde una postura revelada. Es un conocimiento inmediato sobre uno mismo, sobre nuestros actos, emociones y pensamientos en interrelación inmediata con el mundo. Es mucho más que esa capacidad de reconocernos a nosotros mismos y de juzgarnos sobre esa visión y reconocimiento (conciencia). Es el arte de intuirnos parte de un todo mayor, gotas de un océano infinito y omniabarcante (consciencia).  Abarcar lo inmanente y lo infinito. Ser dioses, porque esa parece ser la finalidad última de la naturaleza.

Los filósofos alemanes utilizan una palabra peculiar para profundizar en los designios y propósitos de la consciencia: Dasenin, cuya traducción literal significa estar ahí, existencia. Así, el matiz entre conciencia y consciencia vendría literalmente de un atributo al que podemos llamar ser. Un ser que no sólo ve la realidad envolvente y la analiza (conciencia) sino que participa de ella de forma activa, presencial, existiendo en ella y por ella (consciencia).

En el budismo y sus tradiciones se habla del ichinen, es decir, del sujeto que se fusiona con la energía cósmica, del ser que se fusiona con la mente una, “realidad última que en todo instante se manifiesta en el mortal común”. Es alcanzar la budeidad desde la cual la vida se manifiesta de forma universal.

Desde esta perspectiva amplia, podemos ver la complejidad de la naturaleza que pasa de la simple manifestación física a la vida, de la vida al movimiento con los pulsares emotivos, de ahí a la mente, a la inteligencia para más tarde desembocar en la conciencia y luego abrazar, en un respiro más profundo, a la consciencia del ser, del alma y la unidad con todas las cosas, a la existencia total y plena en un mundo vivo y dinámico.

Pero si pensamos en todo esto, el mismo significado que le damos a las cosas contrae dentro de sí una postura personal. No es lo mismo vivir la vida de forma conciente que consciente. El matiz o la “postura” diferenciadora, como expresan los budistas, permite comprobar la calidad de nuestro paso por la vida.

Existe un estado interior en todas las criaturas. Algunos despiertan a él y experimentan el significado profundo de la existencia como una experiencia que, sin la misma, todo carece de sentido. Esto es lo que decide a qué deseamos consagrar nuestra vida, cual es el propósito real de todo cuanto hacemos, pensamos y sentimos.

Lo que determina nuestra vida, y por lo tanto su calidad, es aquello donde ponemos nuestra “consciencia”, nuestro corazón, nuestra alma.  Es la determinación y el compromiso más absoluto con nuestros más altos ideales, con nuestras más altas aspiraciones. Ahí reside la importancia de la decisión. ¿Qué deseamos ser? ¿Hacia donde dirigimos nuestros pasos? ¿Qué tipo de consciencia nos revela el camino a seguir? ¿Estamos lo suficientemente abiertos, despiertos y activamente empáticos con nuestros deseos más íntimos y verdaderos? ¿Somos capaces, en consciencia, de conectar con nuestra más sublime esencia? ¿Qué palpita dentro de nosotros?

Quizás sea cierto eso de que cada momento de la existencia posee tres mil estados. ¿En qué estado nos encontramos nosotros? Posiblemente en el mismo en el que se encontraban poetas y místicos, pensadores y filósofos, activistas y “despiertos”: el estado de auténtica vigilia, el estado de auténtica revolución metafísica, el estado del eterno recuerdo de nosotros mismos. Estar ahí, presentes, vivos, dinámicos, despiertos.

4 comentarios sobre “Consciencia vs conciencia. Ichein y Dasenin

  1. saberla usar, o en su defecto “usarla”, como dijo Jesus: “amaras al projimo como a ti mismi. y yo digo. respeto , regla de oro: respeta y seras respetado, yo respeto para que me respeten ami.y asi se podra ir al fin del mundo.aunque no siempre encontramos gente que respeta pero no hay que dejar de hacerlo.

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  2. Lo importante es estar en armonía. Si tus vibraciones reales andan afinadas con la Madre Tierra y con todos los Seres que la conforman, entonces es cuando el Universo conocido, entiende tu mensaje y se funde en las mismas.

    Todo lo que no lleve esa armonía afinada en el 7º y/o 12º traste…solo es un quiero y no puedo. Así lo entiende este sencillo trovador de palabras.:

    Rafael

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