Burka, ¿una ofensa a la dignidad de las mujeres? Un debate abierto sobre el integrismo europeo.


La pregunta es tan absurda que parece increíble que el debate se plantee en la Europa moderna, civilizada, tolerante y abierta al mundo. Es como si de repente, en nombre de la modernidad o de los valores de unos cuantos, se prohibiera comer carne sólo porque el presidente de alguna república fuera vegetariano y pensara que la ingesta de cadáveres en público atentase contra los valores del respeto y la vida. Y que para colmo, dijera, a todos, que los “vegetarianos primero”, tal y como se escucha hoy en algunos grupúsculos a la hora de criminalizar al extranjero diciendo eso de “los españoles primero”.

Y que eso pase en países como Francia o España resulta paradójico. Pero la paradoja tiene un trasfondo que no gusta decir: la alterofobia. O más bien, la islamofobia. El miedo recurrente a la invasión de valores “extraños” o “extranjeros”, un fenómeno que ya ocurría en la antigua Grecia y en Roma. Pero dos mil años después, creo que si algo hemos aprendido es a tolerar al otro, sus manías, sus costumbres, sus culturas, sus valores, sus ideas, sus creencias. ¿Acaso el otro no es un humano de carne y hueso como nosotros? ¿Qué clase de derechos, en nombre de la herencia cultural y territorial, poseemos con respecto a “los otros”, nuestros hermanos?

Como antropólogo, el hecho que se prohíba el burka o el hiyab o cualquier otro símbolo religioso me parece un atentado hacia la dignidad de las personas que libremente deciden seguir su tradición, su cultura, sus valores o creencias. Hasta no hace mucho, en España se llevaba velo para cubrir el rostro de las viudas, y además, era obligatorio, hasta el Concilio Vaticano II, el llevarlo dentro de las iglesias católicas. ¿Acaso el velo se prohibió? La dirección de Asuntos Religiosos del Ministerio de Justicia ha sido clara estos días: “el derecho a profesar una creencia incluye el derecho a expresar, exteriorizar o vestirse de acuerdo con éstas”.

Existe un rancio olor ideológico, -de nuevo las ideologías- que pretende poner en defensa valores antiquísimos, en nombre de occidente y su agredida cultura, la cual peligra, según algunos, por la cada vez mayor incursión de valores ajenos a los nuestros. Al menos ese parece ser el discurso. Un discurso extendido, al estudiar las estadísticas, donde el noventa por ciento de la población está de acuerdo con esta prohibición. El reciente caso, pero no único, de la joven Najwa es surrealista. Y digo surrealista e indigno porque ocurre, además, en un instituto de enseñanza… Pero, ¿enseñanza de qué? El Ministerio de Justicia sigue diciendo al respecto: “Que la alumna lleve un velo en una escuela pública no ofende los derechos fundamentales de los demás ni tampoco el orden público.” Además, “el derecho a ser escolarizado en condiciones dignas prima sobre cualquier otro tipo de consideración”, concluye.

Creo que la libertad del ser humano, siempre que sea respetuosa con el otro, está por encima de cualquier ideología religiosa, cultural o de valor. Y creo que prohibir los valores religiosos que no atentan contra nadie es algo que no se veía desde las cruzadas medievales. Y como vivimos en una sociedad hipócrita y farisea, los que se encerraron para apoyar a Garzón no sé si harán lo mismo para apoyar a la joven e inocente, esta sí, Najwa. En todo caso, quede este botón de apoyo hacia ella, sus ideas, sus creencias, sus dioses y sus costumbres.

2 respuestas para “Burka, ¿una ofensa a la dignidad de las mujeres? Un debate abierto sobre el integrismo europeo.”

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