El que sabe escuchar…


Me envía el amigo JL este hermoso dibujo que tantos recuerdos me trae. Recuerdos de viajes, de aventuras, de encuentros, de sonrisas. Ayer noche llegué y había un vacío intenso en la casa. Se podía respirar e incluso cortar con el filo de una navaja. Hace unos meses se marcharon a otro plano mis animales, también los amores, y este fin de semana, con cierta nocturnidad y alevosía, como a mí me gusta, también «el inquilino», como llamaba cariñosamente a JA. No dejó una nota de despedida, ni un adiós, o un hasta luego. Ni siquiera un abrazo preñado de complicidad. Es curioso porque he hecho lo mismo veces infinitas. Nunca me gustaron las despedidas, así que todo está bien. Todo vacío para que de nuevo se vuelva a llenar de nuevas cosas… Vacuidad absoluta, puro zen, puro budismo…
Tras el partido del siglo nos fuimos de Barcelona a Castellón, donde pasamos la noche en casa del viejo amigo E. De allí fuimos a Madrid donde teníamos una reunión editorial en casa de MC. Comimos con Nwanda el cual se iba al día siguiente a Colombia y pasamos la tarde con MC y MF, con el cual diseñamos las ideas de un nuevo proyecto que pronto saldrá a la luz. Tras la reunión, salimos ya de noche hasta llegar de madrugá a La Montaña. Y llegó el otoño por fin, y el frío… qué frío más bueno… habrá que concentrarse para no pasar exceso del mismo o para que los reyes nos regalen la chimenea que le falta al salón… Sea como sea, y como todo lo que está vacío tiende a llenarse, el calor brotará de nuevo y el sonido de Brahma llenará y proveerá de energía todo cuanto sea necesario… Amén de que así sea, sigamos caminando…

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