El corazón programado


Hay algo imperfecto en todo cuanto sucede. Algo que crea sospecha, inquietud, angustia. En los últimos años, cierto secreto revelado indicaba la posibilidad de hacer posible todo cuanto quisiéramos. Sólo había que imaginarlo con certeza, creer y crear un poder mental suficiente para transformar la realidad a nuestro antojo. Los artificieros del Kybalion ya nos lo advertían, también algunos escritos herméticos. Todo es mental, decían. Por lo tanto, con un buen control del poder del pensamiento, todo sería posible.

Pero había algo sospechoso en todo ello, algo que muchos ya habían intuido y explicado tiempo atrás y que sin embargo, creaba controversias. La crisis demuestra que no todo cuanto soñamos o deseamos puede ser hecho realidad. También nuestras vidas. Lo más probable es que no lleguemos a alcanzar la mayoría de nuestros sueños. Algunos astutos esgrimen la excusa de que el deseo debe surgir del corazón, y no del bajo vientre, de algún capricho temporal o una necesidad insatisfecha. Y eso que llamamos corazón a veces queda en el refugio del paraguas abstracto, sin definición exacta, sin saber a ciencia cierta a qué nos referimos con la palabra. Tenemos millones de deseos, infinitos. Compramos una casa y deseamos llenarla de muebles, de objetos inútiles, remodelar y ampliar todo cuanto podamos. Y al hacer todo eso, no nos sentimos jamás satisfechos. Un nuevo deseo nos invade: deseamos una casa más grande, o en su defecto, una casa más, o dos, o tres… El límite estará en nuestra propia capacidad para obtenerlas, o para creer que podemos hacerlo. Pero, ¿es eso lo que desea nuestro corazón? Contemos una anécdota para ilustrar una posible respuesta…

Estos días ando de viajes por Madrid y Barcelona. En la capital, en la calle Bravo Murillo, hubo un centro de yoga hace muchos años. La abuela de una amiga había sido su fundadora. Visité a su familia y tuvimos una hermosa comida y una entretenida charla de sobremesa en la que había sido la primera sede en Madrid de una famosa fraternidad espiritual. En la misma, los padres de mi amiga, miembros durante muchos años de dicha fraternidad, entablaron una discusión sobre lo que su madre llegó a llamar “programación”. Afirmaba que todo estaba programado de antemano, mientras que el padre decía que existía a pesar de ello cierto libre albedrío y que todo dependía de la intención a la hora de escuchar nuestra voz interior. Me sumé a la disputa buscando ideas reconciliadoras. Hablé de la “misión” de la vida, del “propósito” de la misma, de la importancia de escuchar en nuestro interior cual es nuestro verdadero camino, de haberlo. Y hablando en voz alta de todo ello fue cuando vino la reflexión sobre un hecho importante: ¿somos capaces de crear la vida a nuestro antojo y transformar la realidad según nuestros deseos, o nacen nuestros deseos según una predeterminación que no llegamos a entender?

Por la tarde, hablaba con mi amiga de los próximos viajes que deseaba hacer a Etiopía y a Israel, viajes que no sabría gestionar debido a la crisis que a todos nos afecta y por lo tanto, no sabía ni como ni cuando los iba a realizar. Y al día siguiente ocurrió algo muy interesante.

El reino de Saba se cree que existió en el llamado cuerno de África, en lo que comprende los actuales países de Somalia, Yibuti, Eritrea y Etiopía. Llevaba tiempo interesado, a raíz de un libro que ando escribiendo, en la leyenda en la que se dice como la Reina de Saba visitó al rey Salomón y como, supuestamente, ambos tuvieron un hijo que, tiempo más tarde, retiró del Templo de Salomón el Arca de la Alianza llevándola hasta Etiopía. Hasta aquí la leyenda y mi interés por visitar Etiopía.

Al día siguiente, y tras la conversación con mi amiga y con sus padres, me hallaba hablando con el amigo Koldo en el encuentro de Inspira Confianza que la Fundación Ananta había organizado en Madrid. De repente, un amigo de Koldo le llamó para indicarle que no podría acompañarle en su próximo viaje. Koldo me miró fijamente, y al poco tiempo ya estábamos hablando de la posibilidad de que fuera yo el que le acompañara al mismo. El destino del mismo: Etiopía. Dos días antes había comentado lo mismo al amigo Joaquín en su casa.

Empecé a enlazar todo lo ocurrido, la conversación del día anterior en Bravo Murillo, con Joaquín, mis deseos de viajar a Etiopía y el encuentro con Koldo al día siguiente y la oportuna llamada de su amigo justo cuando yo hablaba con él. ¿De qué forma había conspirado el universo para que todo ese tipo de sincronías ocurrieran en un mismo tiempo y en un mismo espacio? ¿Programación, azar, determinación, propósito, misión? Nunca hubiera pensado en Etiopía si no hubiera sido por la Leyenda de Saba. O, ¿debería pensar que la leyenda es una excusa y sin duda, algo deberá pasar en Etiopía para que yo mismo asuma mi programación, entienda que ese viaje era inevitable para comprender algo más de mi propio propósito? ¿O acaso todo es fruto del puro y más absoluto azar?
Desde que empecé a indagar sobre la idea de que el mundo es mental pero que no es la mente la que debe dirigir nuestros pasos por ese mundo sino el corazón, no han parado de ocurrir cosas extraordinarias. Pensamos que podemos cambiar nuestro destino, nuestra programación para esta vida, y lo que realmente debemos hacer, si es que a alguien le importa lo que realmente debemos hacer, es precisamente recordar. Platón lo advertía con su reminiscencia. Se trata de recordar quienes somos y actuar en consecuencia. Conocer es recordar, y todo eso que llamamos espiritualidad, grandes meditaciones, practicas de yoga, rezos, oratorias, etc… no sirven más que para provocar el recuerdo… El recuerdo de nosotros mismos, en palabras de Gurdjieff, el recuerdo de nuestro programa, de nuestro propósito, de nuestra misión… Pero, ¿qué ocurre cuando empezamos a recordar? ¿Qué debería provocar esa reminiscencia? ¿Cuál es nuestra actitud ante el conocimiento de quiénes somos realmente y sobre todo, qué debemos hacer al comprobar cual es nuestra verdadera programación? Sólo se me ocurre una respuesta: actuar en consecuencia, fluir con la vida y dejarnos llevar por esa corriente del corazón… Todo lo demás es accesorio y nos cierra las puertas a la experiencia de la Unidad. Escuchemos nuestro corazón, nuestro verdadero guía y maestro. Tiene muchas cosas que revelarnos…

(Artículo publicado en: http://www.marioconde.org/blog/2009/09/el-corazon-programado/ )

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