Melancolía


“Príncipe: Una paz sombría nos trae la mañana: no muestra su rostro el sol dolorido. Salid y hablaremos de nuestras desgracias. Perdón verán unos: otros el castigo, pues nunca hubo una historia de más desconsuelo que la que vivieron Julieta y Romeo”. (Acto V, Esc. III).

Me encuentro en el mismo lugar donde empezó la tragedia, el inicio del fin, en aquel martes trece del frío invierno en el que unas palabras, estúpidas y adversas, crearon la confusión suficiente para que el amor acabara en rostro dolorido y sufriente. Estoy ante un nodo el cual pretende cerrar una etapa antes que poder abrir otra. Y la sensación es extraña, dolorosa, insufrible. Uno piensa en todas las cosas que hace y sobre todo en todas las cosas que no hace o no dice de la forma más adecuada. Lo cruel del destino es que la mayoría de las veces no aprendemos, o no deseamos aprender, de las lecciones de la vida. Y entonces aparece el desgarro y la violenta experiencia del fuego y la pólvora que al unirse, estallan. La tragedia de Romeo y Julieta es un arquetipo que se repite día tras día. Un arquetipo que nos ayuda a comprender que existen cosas más grandes que el amor que no logramos entender, y que ahí están, a la espera de ser abrazadas. Así es como la noche profética se desliza en el brillar de las antorchas… Con dolor y sufrimiento ante el desgarro de la fuerza del destino…

2 respuestas para “Melancolía”

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