Duelo…


Escribía el otro día unas palabras a una amiga que reproduzco ahora con su permiso. Y lo hago para recordarme que a veces los procesos de separación son dolorosos, pero también necesarios. El apego a los seres queridos, aquellos que están o aquellos que se van suele ser uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en las relaciones humanas. El apego no deja espacio a la libertad, a la expresión, al dejarse fluir por nuevas experiencias… El duelo es necesario para advertir la renovación precisa… Y a veces tendemos a regir nuestras vidas presentes por apegos, experiencias o traumas pasados. Estos últimos meses he podido experimentar en mis carnes algo parecido y he condicionado mi vida por cosas que debían haber muerto hace tiempo. Y a su vez, he sido condicionado por segundas personas que seguían ancladas a un pasado remoto. Y dije así:

El duelo es un proceso lento. Uno cree sentirse orientado cuando ha terminado el dolor, pero luego llegan los fantasmas del pasado, el recuerdo inevitable ante los gestos, los guiños, los momentos. A veces me sorprendo a mí mismo llorando por aquellos que ya no están porque es inevitable e incluso necesario. Cuesta rehacer nuestras vidas cuando todo se derrumba. Vagas como un fantasma rogando respuestas a unos porqués imposibles. Un día, casi sin darte cuenta, descubres que la pregunta estaba mal formulada, que no había respuesta posible y que ya sólo nos queda recuperar el tiempo perdido… Uno nunca sabe como ocurre eso, cual es la chispa para mover el motor de una nueva vida. La ilusión por vivir, por reinventarte de nuevo y sobrevivir al dolor es algo que aparece de repente, quizás cuando de tanto llorar uno se quedó sin lágrimas.. No sé como funciona realmente ese mecanismo pero sé que es así. Así que solo nos queda tomarnos estas cosas con cierta calma. Sentir el dolor pero alejándonos poco a poco del tormentoso sufrimiento. Vaciarnos y llenarnos de nuevo. Así es la vida…
(Foto: mujer mirando al pasado. Copenhague, diciembre de 2008)

Una respuesta a «Duelo…»

  1. Es cierto, que el sentimiento de pérdida es demoledor, que no es fácil soltar amarras a lo que nos acompañó en nuestro camino. Quizás llorar sinceramente, sea el primer paso para poderlo superar y muchas veces lo dejamos para lo último, o peor…Nos negamos el derecho que tenemos de llorar nuestra pena, convirtiendo el pasado en una atadura para siempre.

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