La Princesa Alexandra…


Erase una vez una princesa que vivía en un gran castillo junto a un feroz tigre encantado que custodiaba, en las frías montañas del norte, toda su hermosa realeza. El castillo era grande y lleno de joyas y todos los lujos que la soberanía de aquel entonces podía permitirse. Pero la Princesa, de nombre Alexandra, vivía sumida en una gran tristeza. El feroz tigre no dejaba pasar a nadie al castillo, tal era su celo por cuidarla y protegerla.

Había en tierras lejanas un Príncipe cuya pasión era domar a grandes fieras. Había combatido contra dragones terribles y leones en África. Erase que un día, un mago de la India le advirtió de que en las frías tierras del norte había una Princesa custodiada por un temible tigre que había sido encantado por una bruja y que ambos, el tigre y la Princesa, vivían sumidos en una terrible tristeza.

Fue así como el valiente Príncipe sintió la llamada de la aventura y montó su cabalgadura sin dejar de galopar hasta llegar a la cima de la montaña donde se encontraba el castillo de Alexandra.

Ocurrió que el tigre, cuando vio al Príncipe, pensó que era demasiado valiente y decidido como para poder vencerlo en batalla abierta, así que dejó entrar al Príncipe para, una vez dentro del castillo y ganada su confianza, acabar con su vida.

Fue así como el Príncipe pudo entrar en la gran fortaleza abrazando a la Princesa que, asombrada por la actitud del tigre y la valentía del Príncipe, quedó totalmente perturbada. Sin embargo, el Príncipe permaneció allí hasta que en la noche del séptimo día, la Princesa tuvo una terrible pesadilla. Soñó que al día siguiente el tigre mataría al Príncipe. Así que por la mañana, sin dar ninguna otra explicación y asustada y temerosa por el presagio nocturno, expulsó al Príncipe del castillo rogando que no volviera.

El Príncipe, consciente de su condición de invitado se marchó confundido por lo ocurrido sin saber realmente qué hacer. Así que decidió permanecer cerca del castillo para ver qué ocurría hasta que un día se decidió entrar por sorpresa. Pero allí estaba el tigre, totalmente transformado en una terrible fiera que le doblaba en tamaño. El Príncipe, que llevaba dos días y dos noches sin comer ni dormir, se sentía totalmente abatido y decidió retirarse antes de ser engullido por el aterrador animal. El arte de la prudencia pudo más que la osadía de una muerte segura.

Regresó tierras al sur hasta su castillo y entendió todo lo ocurrido. Comprendió que la Princesa sólo deseaba salvarle del feroz animal y con ello salvó su vida. En ese momento de soledad y lejanía se dio cuenta de que amaba a la Princesa por su nobleza y belleza y que ninguna fiera nacida de ningún abismo podría vencer todo cuanto ahora sentía. El Príncipe, tras unas semanas de silencio, fortaleciéndose y recuperando toda la energía perdida consiguió volver ante el tigre y vencer a la fiera, la cual, alejada de su conjuro, se transformó en un plácido gato. Sólo en aquel momento comprendió que no hay peor fiera que los miedos y los recelos de no luchar por lo que se quiere. Así, una vez alejada las fieras que todos llevamos dentro, fueron felices y comieron perdices.

(Foto: En toda mitología existe la suprema lucha entre el bien y el mal, que de diferentes formas, viene representada por el simbolismo animalístico. En este caso, la lucha del león y la serpiente como representantes de la dualidad humana la cual debe ser superada en la batalla y la lucha interior. Copenhague, diciembre de 2008).

6 respuestas a «La Princesa Alexandra…»

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