¿Quién mató al coche eléctrico?, Who Killed the Electric Car?


Vivimos en un mundo de intereses y las personas que gobiernan nuestros países tienen intereses particulares o compartidos con amigos, familiares y conocidos al igual que nosotros en nuestros pequeños ámbitos de influencia. Dadores de favores y receptores de los mismos, implican en ellos toda su vida personal para hacer de su puesto privilegiado un lugar perfecto para negocios y trapicheos.

Sobre intereses va este artículo a raíz del visionado de un documental increíble titulado ¿Quién mató al coche eléctrico?, Who Killed the Electric Car?, en su original inglés. En el mismo se explica como en los años noventa se destruyeron, por parte de la General Motors, más de mil vehículos eléctricos que funcionaban a pleno rendimiento en los estados americanos de California y Arizona para regocijo de sus habitantes. Este impulso en la elaboración de coches eléctricos por parte de empresas como GM o Toyota venía regulada por una polémica ley californiana que obligaba a los constructores de coches a vender un tanto por ciento de vehículos ecológicos y limpios. La directiva de emisión cero, conocida como ZEV, Zero Emission Vehicles, fue rápidamente abolida y con ella, la idea de regular políticamente mejoras para el mundo en el que vivimos. Sin duda, una atrocidad en el que los intereses particulares se interponen a los intereses de lesa humanidad. Un crimen contra el progreso de la humanidad en toda regla.

Las conclusiones que saca este documental parecen obvias. Los coches eléctricos, especialmente el EV1 de la GM, son un peligro para la hegemonía de las grandes industrias energéticas, especialmente las petrolíferas.

Estos coches tenían la particularidad de que podían ser recargados en casa. Esto suponía una independencia total con respecto a las grandes compañías energéticas, y sobre todo, con respecto al petróleo. Bastaba poner unas placas solares en el tejado de la vivienda para ser totalmente independientes y libres. Esto hubiera supuesto la destrucción sistemática de la dependencia hacia el petróleo y sus derivados, y sobre todo, la emancipación del individuo, algo inconcebible para los Estados modernos.

Sin duda, un presidente de los Estados Unidos cuya familia y amigos están vinculados directamente con el sabroso negocio del petróleo no iban a permitir que existieran vehículos totalmente autónomos, ecológicos, limpios y silenciosos que destruyeran su patrimonio personal. Eso hicieron y así fue como destruyeron estos vehículos sin ningún tipo de escrúpulos. Pero no sólo destruyeron el vehículo en sí, sino también la idea de un mundo mejor.

La conclusión ahora parece obvia. No van a permitir que la sociedad civil sea libre e independiente del consumo. El próximo invento será, una vez agotadas las reservas petrolíferas, crear un combustible como el hidrógeno o parecido que necesitará ser comprado y suministrado por esas compañías que antes explotaban el negocio del petróleo. Nadie invertirá en la producción de un coche totalmente ecológico e independiente por el simple racionamiento de que nadie permitirá que eso ocurra.

¿Qué opciones le queda a la sociedad civil, o al menos, a esa sociedad civil minoritaria que se esfuerza por cambiar el mundo? Se me ocurre abandonar el coche (actualmente conduzco un coche híbrido) o intentar adquirir en el mercado alguno que sea totalmente eléctrico. ¿Qué otras formas de dependencia podemos destruir de nuestro ámbito más inmediato? Se me ocurren infinitas pues nuestras necesidades han sido orientadas precisamente hacia el infinito. La inclinación ética hacia un mundo mejor y más justo parece una utopía. Trataremos, hasta donde alcancen nuestras fuerzas, de promover esa utopía.

PD.- Para entender todo esto os invito a ver el documental y así tomar conciencia de lo que está ocurriendo… Lo pongo en un post diferente…

(Foto: Con el coche híbrido en la hermosa sierra de Ronda, Málaga, mayo de 2008. Si bien la opción más ecológica es la de utilizar transporte público, aún no he podido renunciar al placer de conducir. Con esta opción híbrida, la más ecológica del mercado hasta el momento, he hecho más de 250 mil kilómetros en menos de tres años).

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