Normalidad y anormalidad en la alemania nazi


Me marché de Cataluña porque lo normal era ser nacionalista y lo anormal era ser un libre pensador con ganas de expresarse en cualquier lengua que pudiera ser entendida y comprendida por los oyentes de cualquier foro, reunión o coloquio. Casi me echan de la universidad por expresarme de forma bilingüe en, aquí viene lo surrealista, clases de antropología. Así que me exilié, como aquellos que se exilian de cualquier parte por su pensamiento, religión, sexo, creencia o color político. En Euskal Herria, o en Euskadi o el País Vasco o las vascongadas, como más guste, porque al fin y al cabo estamos hablando de un mismo territorio quizás visto desde diferentes posiciones, ocurre lo mismo. Lo normal es ser nacionalista, y a poder ser, radical. Lo normal es poder ir por la calle aplaudiendo actos etarras, y que esos mismos que aplauden por el día se enorgullecen de las muertes por la noche. Eso es lo normal porque lo he vivido. Y hasta hace muy poco, era anormal que la gente pudiera manifestarse en contra de la violencia, el terrorismo o simplemente, en defensa de una idea que no fuera la nacionalista.
Ocurre que en Alemania, se volvió normal quemar sinagogas. Luego apresar judíos y luego quemarlos en grandes crematorios. Esa fue la normalidad reinante durante mucho tiempo. Muchos sociólogos estudiaron durante mucho tiempo esa «normalidad» tan extraña en la sociedad alemana de aquella época. Sin embargo, ningún sociólogo estudia lo que pasa en esta España invertebrada… Realmente, cualquier acto que atente contra la libertad individual y colectiva me parece una aberración, más si ese acto está manchado de sangre. Me resulta aberrante que la normalidad instaurada sea a costa de sumir a una realidad existente, como cuando en tiempos de Franco te apresaban por hablar catalán o vasco. Ahora de momento no te apresan, pero en Cataluña te pueden multar si pones un letrero en tu negocio en castellano. ¿Donde está la normalidad? ¿Qué es la normalidad? No lo sé… yo soy antropólogo, y todo lo relativizo…

(Foto: bandera nacionalista ondeando en una plaza pública como acto de normalidad en las fiestas de un pueblo del tarragonés catalán. Me parecería de lo más normal si, ese mismo acto, en la misma plaza, y con una bandera, pongamos, española, no fuera motivo de quema de brujas. 2005).

10 respuestas a «Normalidad y anormalidad en la alemania nazi»

  1. Bueno, yo soy gallega, vivo en Galicia, y no me identifico en absoluto con el nacionalismo. Es más, me molesta bastante la gente con esa mentalidad tan cerrada, pero no por ello me voy a exiliar. Aún así, respeto tu opinión, Javier, porque creo que en Cataluña y en el País Vasco se han traspasado ya unos límites que no se podían haber superado. Me temo que Galicia va por el mismo camino. Una pena.

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  2. Dímelo a mí, que no puedo ejercer mi profesión por no tener el famoso nivel C de catalán. Acaso dejo de ser menos profesional por el hecho de no tenerlo? A veces me da por pensar en el etnocentrismo y esas cosas, quiénes somos los «etnocentristas»? nosotros o ellos? Comparto contigo todas tus reflexiones sobre el nacionalismo, cohíbe al ciudadano de una forma aplastante.

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  3. Realmente, a estas alturas del curso, ni siquiera estoy en contra del nacionalismo ya que ir en contra de cualquier forma de pensamiento o expresión sería ir en contra de mi propio sentido de la libertad. Sí estoy en contra, sin embargo, del pensamiento único y totalitario. Y eso está ocurriendo donde el nacionalismo excluyente se apodera del poder o, por defecto, de la conciencia colectiva.

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  4. Identificar, directa o indirectamente, las posturas nacionalistas con el totalitarismo, el terrorismo o el nazismo es un burdo reduccionismo que, además de falso, constituye un insulto a los millones de ciudadanos que votan opciones políticas pacíficas y democráticas. Lo normal en Cataluña, Javier, no es el nacionalismo excluyente. Hay minorías radicales, por supuesto, pero de todo signo. Tenemos un presidente de origen andaluz y el partido mayoritario en el gobierno tiene su principal apoyo electoral entre gentes que fueron inmigrantes y, en su mayoría, hablan y viven en castellano con total normalidad. En este contexto, es surrealista sostener que vivimos sometidos a un nacionalismo catalán totalitario que odia y persigue lo diferente. También es absurdo pretender que este nacionalismo haya abducido nuestra conciencia colectiva, a menos que cuente con el más poderoso aparato propagandístico y subyugador de mentes que haya conocido la historia. Las arcas del gobierno catalán no dan para tanto, creéme.Lo normal en Cataluña es la perfecta convivencia del castellano y el catalán en la calle, en los locales públicos, en las familias. Lo normal en Cataluña no es el odio a lo español ni la persecución del castellano, ni existe conflicto social alguno por estas cuestiones, más allá de los aspavientos de ciertos extremistas de ambos bandos, muchas veces magnificados des de fuera, interesadamente. En Cataluña existe un amplísimo consenso, expresado democráticamente, sobre la voluntad de preservar y cultivar nuestra cultura e identidad. De forma constructiva, pacífica e integradora. Cataluña no es una pequeña dictadura totalitaria, no es una tribu, sino un país abierto que ha acogido gente de todas partes, alcanzando niveles de convivencia más que aceptables. Un comentarista anónimo en tu blog se queja de no poder ejercer en Cataluña por carecer del nivel C de catalán. No dice a que se dedica, pero sería interesante aclarar que no se exige nivel C a cualquier profesional, sino a determinados funcionarios públicos. También convendría dejar claro que el nivel C no es una licenciatura en filología, sino un mínimo de conocimientos fácilmente adquirible si existe, claro está, un mínimo de predisposición. Pero en todo caso, ¿por qué debería primar el derecho a ejercer de un funcionario público sobre el derecho del ciudadano a ser atendido (o, al menos, entendido) en su lengua? Curiosa su pretensión, señor anónimo, de ir a un lugar queriendo imponer sus derechos sobre los de las personas a las que ofrece sus servicios, y si éstas le ponen pegas tildarlas de etnocéntricas.En fin, disculpa la extensión de este comentario. Me dirás que has vivido en Cataluña y sabes de qué hablas. Yo sólo puedo darte mi visión e invitar a quines no conozcan este país a que lo visiten, hablan con la gente, observen sin prejuicios y saquen sus conclusiones.

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  5. Estimado Eugeni, gracias por tu comentario y por tu visión, la cual enriquece la pluralidad existente. Sigo pensando que el totalitarismo español y el catalán son extremos inquietantes y que se expanden cada día más como una balsa de aceite. Sólo un ejemplo: La potestad de imponer sanciones por no rotular en «al menos en catalán» data de la Ley de política lingüística aprobada en 1998 bajo impulso de CiU. El tripartito recaudó en su primer mandato un total de 212.450, sancionando con 1.800 euros a comercios por usar tickets en castellano o con 1.200 euros por tener en este idioma el cartel de «prohibido fumar».

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  6. Coincido contigo en que todo totalitarismo es inquietante. Lo que me preocupa es que se busquen conflictos donde no los hay, y se difunda una falsa imagen de Cataluña como si se tratara de un pequeño tercer reich.Podríamos discutir mucho sobre las multas por no rotular “al menos” en catalán (ojo, no se multa por rotular en castellano, sino por hacerlo sólo en este idioma). Personalmente no me parece una medida muy afortunada (la mayoría de comerciantes rotulan también en catalán por respeto a parte de su clientela, no por imposición legal), pero no la veo como una prueba del supuesto totalitarismo catalanista, sino como parte de una política lingüística aprobada democráticamente y con un amplio consenso. No se busca perseguir ni fastidiar a nadie, sino garantizar los derechos de los catalanohablantes y preservar un idioma que, por razones históricas y demográficas, se encuentra en situación desigual. Aquí va un enlace para seguir enriqueciendo el debate: http://www.publico.es/agencias/072673/lingista/castellano/catalan/moreno/cabrera?pagCom=21En fin, polémicas a parte, quisiera felicitarte por tu blog. La verdad es que comparto gran parte de tus reflexiones sobre lo divino y lo humano, y es un placer leerte.Un abrazo.

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