ETA y sus ritos de paso


(Hoy han matado a un ciudadano libre. ¿Por qué? Sigo sin saberlo… ante la impotencia, sólo se me ocurre analizarlo, y rezar para que no me maten…)
El pensamiento único campa a sus anchas por sectas, religiones, partidos políticos, movimientos y cualquier otro modo de organización social que tenga como base la adopción de cierta verdad. ETA, Euskadi ta Askatasuna (Patria Vasca y Libertad), en ese sentido, es toda una institución totalitaria, con sus ritos de pasaje, sus rituales de adopción, su universo simbólico y sus pruebas iniciáticas que desembocan todas ellas en lo que sus militantes llaman «ekintza«, la acción.

Una de sus pruebas, la que realmente te hace miembro honorífico de la secta, consiste en el asesinato. Uno no se puede sentir integrado en el movimiento si no ha pasado por ese rito de iniciación. Antes de eso, se encuentra en un proceso de liminalidad, como diríamos los antropólogos, es decir, vive a caballo entre dos tierras. Hasta llegar a esa secuencia de indeterminación hay que pasar por un camino largo y angosto. Primero, por el desencanto ante una situación social asfixiante construida a base de símbolos y discursos políticos de dudosa reseña: la opresión e invasión del Estado Español. Luego, el adoctrinamiento político y social sobre un ideal o idea fuerza: la liberación del pueblo oprimido. Sigue el empuje rebelde y la aceptación del grupo de referencia, creando sentido a la vida de los adeptos-militantes: los libertadores como agentes que han de dar solución al conflicto y liberar al pueblo oprimido. Y el problema radica en el mensaje y sobre todo, en el apoyo visceral a ese mensaje de parte de la sociedad civil. El joven, aún excesivamente influenciable a las modas y corrientes que surgen externamente a su propio pensamiento, se deja llevar inefablemente por los acontecimientos buscando un mensaje salvador a una vida sin sentido. Se reafirma con valores que no son suyos, como el asesinato o el chantaje, y empieza a hacer suyos mensajes que nunca estuvieron en su ideal de un mundo mejor. Más tarde, el cerco se estrecha y el deseo de ser un miembro para la causa se fortalece con la acción del grupo, la «ekintza«. Y llega el día del bautismo de sangre. Es ahí donde fallan todos, porque los rituales de sangre pasaron a la historia. Ya no se trata de matar por reivindicar algo, si es que exista algo en esta vida que se pueda reivindicar con sangre, se trata de matar para poder pasar con éxito un ritual establecido desde hace tiempo. Sólo se es un buen etarra si se ha sellado el rito de pasaje con sangre. Y tras el macabro rito, la desesperación, porque las salidas de un etarra son bien claras: la cárcel, el exilio o la propia muerte. Y es en esa cadena desesperante de acontecimientos donde se cometen las más horribles de las acciones. Ya no hay salida, y la única posible es aumentar el grado jerárquico dentro de la organización. ¿Y como se consigue? Con más violencia, más sangre, más rito.

¿Como solucionar el problema de ETA? Primero, abolir todos los mensajes de antiguos héroes que consiguieron victorias en el campo de batalla, antiguos y modernos. Toda revolución que se consiguió con sangre no es una auténtica revolución… entonces, ¿por qué seguimos llamando libertadores de la patria, salvadores, héroes, a todos aquellos que empuñaron un arma en contra de su prójimo? ¿Por qué nuestra cultura está llena de héroes emancipadores y libertadores que tienen tras de sí un pasado sangriento? ¿Por qué no se eliminan esos mensajes? Los militantes de ETA tienen la esperanza de ser recordados como los héroes que libertaron su patria. El problema es que ese mensaje de libertador está caduco en una sociedad civil que presume de cierta madurez.

Otro mensaje erróneo: la necesidad de una revolución. Y viendo que el mensaje interno de la organización es el de la revolución, el siguiente paso, como en casi todas las revoluciones, es el enfrentamiento civil a gran escala. Es decir, la matanza indiscriminada de vascos contra vascos en una guerra que cualquier día puede estallar.

¿Se puede evitar esta guerra? Sí… Primero, cambiemos los métodos y los mensajes. Los Etarras se autodefinen como personas marginadas ya que han decidido pasar por un umbral que requiere esa marginalidad. Se autodefinen y autoafirman cada vez que se acercan a algún preso etarra que ha sido torturado o alejado de su país. Pues bien, dejemos de torturarlos y acerquemos los presos a sus tierras. Ahí empezamos a minar sus argumentaciones. Tampoco debemos alimentar sus ritos. Es decir, hacer leyes antiterroristas o tratarlos como terroristas. Hay que tratarlos como asesinos, si han asesinado, y como extorsionadores, si han extorsionado. Con eso se consigue despejar y/o anular cualquier aureola mágica que les pueda dar sentido y causa.

Y por supuesto, no podemos dejar de lado el gran problema vasco: el sentido de independencia. ¿Qué hacer con eso? Única y exclusivamente se me ocurre una cosa: ser democráticos en las buenas y en las malas. Es decir, si el pueblo vasco desea la independencia, que se le otorgue. Y fin del conflicto.

(Foto: tumba en la mezquita catedral con una simbología clara hacia la cárcel temporal de la vida. Mezquita de Córdoba, septiembre de 2005)

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