Secretario de Cultura, Innovación y Deportes.


Había participado hace muchos años en la secretaría de bienestar social en la izquierda militante. También en la ejecutiva nacional de un partido que abandoné porque empezó a mezclar discursos nacionalistas con ideas de izquierda, cosa que, si me lo permiten, me parece totalmente contradictorio. Ante las dudas de semanas anteriores, y tras ganar la lista a la que muy amablemente se me invitó a participar, pude empezar a trabajar como Secretario de Cultura, Innovación y Deportes en la nueva ejecutiva de mi partido a nivel local, con un ambiente renovado y positivo.
Lo primero que uno recibe cuando empieza a mover fichas, a trabajar por el bien del grupo, son sospechas, críticas y reproches. Soy un provocador por naturaleza, lo admito. Y reconozco, sin avergonzarme de ello, que disfruto removiendo las consciencias, aún a costa de crear antipatías y recelos. Ya no me importa… El fruto siempre se desgrana rompiendo la cáscara… y como dice un amigo, hay que dar espectáculo… Pues en esas andamos…

El otro día, mientras fotografiaba el pueblo a la búsqueda de cosas que pueden ser mejoradas, llegué a una pequeña pero hermosa plaza en la cual había mucha suciedad en su suelo. Empecé a fotografiar la suciedad y más tarde, bajo la mirada atenta de una vecina que paseaba a su perro, empecé a recoger todo lo que ensuciaba la calle y depositarlo en una papelera. «Bien hecho», decía la mujer mientras su perro se cagaba en la calle… «haga fotos también a las neveras y lavadoras que han tirado en frente de mi casa, allí, en la era»… Luego añadió, cuando vio mi cara de estupefacto ante el perro que cagaba a gusto, ajeno a la conversación… «es que está enfermo», se justificó la mujer… Lo curioso es que ella podía ver la nevera y la lavadora enfrente de su casa… le parecía molesta la visión de tener que ver todas las mañanas esa basura concentrada en frente suya… sin embargo, el acto, la acción del que tiró aquella lavadora allí en plena naturaleza, era muy parecido al acto de dejar la mierda perro allí en mitad de la calle… Mi gesto, provocador, no gustó…
Este ejemplo ilustrativo es, con franqueza, una descripción de como funcionan los resortes retorcidos de nuestra mente humana. Los actos ajenos siempre resultan malos y, a veces, incluso obsenos… Más los nuestros… ¡ay los nuestros! Sólo confío en que, al menos, sirva de reflexión… También en la política…
(Foto: Manuel Chavez y Javier León en un acto público de mi partido. En la política, es bueno diferenciar entre la persona y el personaje, entre el pensamiento y la mente pensante… Febrero de 2007).

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