Una semana cualquiera


Llegué tarde a la Montaña después de la charla con Pimentel. Al día siguiente, ante la imposibilidad económica de alquilar o poseer una gran furgoneta, cargamos dos coches particulares y viajamos hasta Barcelona llenos de libros para su distribución. Tras llegar y una rápida ducha, me fui a ver a Carlos, nuestro editor paracaidista de Séneca, como así lo llamó alguna vez Oscar. Comimos en nuestro chino preferido y hablamos de lo humano y lo divino, y especialmente de la trayectoria de la editorial en estos dos últimos años. Al día siguiente yo tenía una reunión en Toledo y le invité a la misma. La última vez que le invité de improviso a un viaje dejó su trabajo e hicimos un viaje a Escocia que duró más de nueve meses, y de eso hacía no más de año y medio. Cierto nerviosismo se apoderó entonces de nosotros, recordando esa emoción de la aventura. Así que, después de la comida en el chino, cogimos al híbrido, nuestro coche-hotel, y nos fuimos dirección Toledo. Pasamos la noche en la carretera, durmiendo a la altura de Zaragoza en mitad de la nada. Eso de dormir en el coche, al parecer, es algo que nos encanta. En la frontera entre Escocia e Inglaterra, Carlos casi se cuaja de frío. Adjunto testimonio fotográfico.
En Toledo comimos con el grupo con el que viajé hace un año a Mongolia. Querían organizar otro viaje, esta vez a Etiopía. Me causó gracia la coincidencia de que, a raíz de un libro que estoy escribiendo sobre las leyendas del Arca de la Alianza, hacía tiempo que andaba mirando la posibilidad de un viaje a este país, ya que algunos sitúan allí el codiciado objeto. La comida fue muy bien, recordando viejas anécdotas y viendo viejos amigos.
Tras la comida, quedamos en un hotel con Koldo, autor de un próximo lanzamiento de nuestra editorial titulado “La Gran Comunión”, y tras la misma, Carlos y yo marchamos a Madrid. Como al día siguiente tenía una importante reunión en la “Puerta Azul”, buscamos un hotel para ducharnos y descansar algo. Nuestro incondicional Luis, buen amigo, socio y editor de un nuevo sello que saldrá en breve, nos invitó a un cuatro estrellas de forma excesivamente generosa. Así es la vida de un editor. Un día duerme en un coche, y al día siguiente en un palacio. Por la mañana fui a la entrevista que duró todo el día, despidiéndome de Carlos, el cual regresaba a Barcelona.
Ese mismo día por la noche, tras terminar la larga entrevista en la “Puerta Azul”, marché dirección Lérida, donde tenía una interesante reunión con los “Hijos de la Viuda”. Duró todo el día y disfruté de la misma.
Por la noche, nuevo viaje, esta vez al aeropuerto de Gerona. Llegaba Anja de Alemania y habíamos hecho coincidir mi periplo con su llegada, para tener así cierto margen y preparar nuestro viaje a la India.
De nuevo ruta de noche. Dormimos en el coche-hotel híbrido en un precioso bosque cerca de Viladrau. Íbamos dirección Madrid, a una reunión con los socios de la editorial. El domingo cenamos y dormimos en casa de Mario. Por la mañana teníamos una firma con los socios para crear la SL del Grupo Editorial Noumicon, la cual no pudo ser por falta de papeles. La burocracia me aterroriza, y de nuevo hizo de las suyas. Así que levantamos acta e hicimos la correspondiente reunión con Luis, Mario, Cesar y Paloma. Una vez terminada la reunión, viajamos de nuevo hacia el sur de España, algo cansado por el trajín de estos días pero con muchas experiencias en el haber espiritual.
(Fotos: Anja Meier, camino Girona-Madrid, septiembre 2008. Javier León, Carlos durmiendo camino de Escocia, en el frío febrero de 2007)

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