Palestina, Luna hiena, Mar Rojo…


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El Mar Rojo al fondo 

 

 

Salimos tarde de Jerusalén. De alguna forma, nos habíamos familiarizado en tan solo dos días con su energía, con su gente, con su mezcolanza, con su multiculturalidad e interreligiosidad. Cogimos el coche, amplio para poder dormir en él, y empezamos a bajar hacia el sur, hacia los relatos que tanto habíamos leído del Antiguo Testamento.

La primera parte del viaje lo hicimos por territorio palestino. Fue un impacto total. Acostumbrados al orden y la limpieza de Israel, el caos reinaba en Palestina. Pero era un caos hermoso, lleno de vida, de niños en las calles, de alegría, a pesar de las continuas advertencias que veíamos por todas las carreteras de que, por favor, nos abstuviéramos de viajar por allí por ser un lugar peligroso.

Nos sorprendió las casas que veíamos en la zona Palestina. No vimos pobreza en la forma de construir, más bien todo lo contrario. No vimos chabolas o esa idea que a veces tenemos de países en conflicto. Si bien las carreteras estaban descuidadas y algunos barrios eran caóticos, había un gran número de viviendas unifamiliares impecables, recién construidas, como si de repente todo palestino tuviera derecho a una vivienda digna. Los almacenes de chatarra, mecánicos en cada esquina y tiendas de fruta colorida contrastaban con esas casas elegantes entre olivos. Nos sorprendió con mucha pena el gran muro que divide Israel de Palestina. Es algo incomprensible en los tiempos que corren y pensamos que quizás en unos años, todos esos muros que ahora separan al ser humano por fin caerían.

Nos paramos en algún borde y comimos generosamente una lata de alubias con tomate que nos supieron a gloria. Tras abandonar tierra palestina y tras unos hermosos paisajes montañosos cargados de bosques, enseguida nos adentramos en el desierto de Israel, dirección sur. Allí nos esperaba el gran Cañón de Ramón, una impresionante meseta excavada en la profundidad del desierto. Buscamos durante un tiempo el lugar ideal para dormir. Nos adentramos hasta muy cerca de la frontera con Egipto, pero en esa zona, estaba prohibido, por la supuesta peligrosidad fronteriza, pode aparcar a los bordes del camino. Una inmensa luna llena iluminaba el pedregoso paisaje hasta que conseguimos llegar a un pequeño pinar en mitad de la nada donde nos sentimos seguros. Nada más llegar, y esta visión fue espectacular, nos encontramos con una gran hiena. Nunca pensamos que ese animal pudiera ser tan grande, y su mirada amenazante y su forma de rodear nuestro coche nos hizo agudizar las precauciones. De ahí surgió la broma de luna-hiena que duró toda la noche. En el desierto hace mucho frío, así que fue una noche muy movida por la incomodidad de dormir en un coche y por no estar del todo preparados para esas temperaturas. Pudimos ver liebres, hienas, zorros y una especie de cabra salvaje a la que pudimos dar de comer de la mano en las aristas del cañón.

Al día siguiente nos levantamos al alba, muy temprano. Tras unas compras y algún café caliente para entrar en calor, nos sentamos al borde del gran cañón, en silencio, dando gracias por poder apreciar tanta maravilla que la austeridad de la roca podía ofrecer. Tras un rato de contemplativa meditación por la anestesia de lo bello y natural, continuamos junto a la frontera egipcia viajando hacia la ciudad más lejana, Eilat. El camino por el desierto que tanto nos recordaba a los relatos bíblicos fue tranquilo. Nuestra idea era poder mojar nuestros pies en el Mar Rojo, no con la esperanza de que se abrieran las aguas, pero sí quizás con la esperanza de que algo interiormente pudiera abrirse. Había en mi interior una necesidad imperiosa de que pudiera abrirse una nueva puerta. Habíamos traspasado ya tantas, que en este viaje de ascesis, deseaba continuar atravesando las puertas estrechas del camino. De ahí pensamos dar un salto hasta Petra, pero a pesar de la cercanía, no nos llegaba nuestra humilde economía. Unos días largos e intensos, lleno de anécdotas, risas y buen humor que nos ha llevado hasta el mítico mar Rojo y sus impresionantes montañas rojas que lo rodean en ambos lados de esta extraña orilla. Jordania a nuestra derecha, Egipto a nuestra izquierda y nosotros aquí, inmóviles en el centro, buceando en los misterios de Israel y Palestina.

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De la verdadera y perfecta alegría


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En la entrada al templo del Santo Sepulcro, tocando con calma sus piedras e intentando recordar toda su historia.

 

Más conocido como Perfecta Letitia, se explica el episodio en el que Francisco, el bueno de Asís, no fue reconocido a las puertas de un convento fundado por él mismo y al que, al intentar, en una noche gélida, buscar cobijo, sus propios frailes lo rechazaron. Él explicaba que allí, en ese episodio doliente, encontró la verdadera y perfecta alegría. Hoy, por dos veces, sufrimos en diferentes templos algo parecido. No nos dejaron entrar, sin embargo, sentimos por dentro el significado profundo de lo que Francisco quería mostrarnos cuando hablaba desde su humildad característica de la Perfecta Letitia.

Paseando una y otra vez por este laberinto de calles que es Jerusalén, nos damos cuenta de que todo este lío, todo este mundo se creó en torno a un mensaje muy sencillo: amaros los unos a los otros. No hay discusión ante el hecho de que ese mensaje fue olvidado y, como ya pasó hace dos mil años junto al Templo de Herodes, látigo en mano, habría que sacudir de nuevo las consciencias para preguntarnos qué hemos olvidado por el camino. Realmente no ha cambiado nada. El mundo de los mercaderes, que simbólicamente es el mundo del miedo, invade cualquier espacio, y el espíritu que dio luz a todo esto luce por su ausencia, excepto en aquellos que, al igual que de forma humilde hizo el bueno de Francisco, entienden el profundo significado de la alegría.

Culturalmente hablando Jerusalén es un lugar que hay que visitar. El poder dormir dentro de las murallas, justo al lado de la vía Dolorosa, es realmente un privilegio por la historia que rodea a los muros de todas estas casas de piedra caliza. Llega un momento, aún cuando llevas poco tiempo por estas calles infinitas, que sientes una sensación de familiaridad con todo. La gente siempre es amable, no importa si son judíos, musulmanes o cristianos, y el ajetreado vaivén entre turistas, curiosos, creyentes y nativos tiene su propia gracia.

Espiritualmente hablando la sensación es extraña. Anochece muy pronto y en unas horas no hay nadie en las calles. Es cuando preferimos salir a pasear, y así poder ver todo con mayor detalle. Cuando llegamos por segunda vez al Santo Sepulcro, nos quedamos de nuevo hasta el último minuto. Pudimos ver el ritual del cierre de las puertas y permanecimos un rato indefinido en la placita que hay justo a la entrada del templo. Cuando ya casi todo el mundo se había marchado y el sigilo adornó el lugar, pudimos orar, rezar el padre nuestro, permanecer en silencio. Ella se acercó y empezó a susurrar la melodía tal y como lo hacen en arameo. Fue un momento emotivo, de hermosa comunión con todo este instante de sanación. Quizás esa melodía fue lo más espiritual del viaje, más allá de la fenomenología de los lugares santos visitados. Cerrar los ojos justo ante la puerta del Santo Sepulcro, en el antiguo Gólgota, volar dos mil años atrás y escuchar esa melodía fue reconocer el misterio de la perfecta alegría.

De noche dimos un largo paseo hasta el Monte de los Olivos, algo apartado de la ciudad vieja y nada que ver con la visión bucólica que solemos tener de ese lugar. Encontramos justo en la cima un antiguo olivo que abrazamos por unos momentos. Al bajar por el inmenso e impresionante cementerio judío, recordaba de nuevo la simplicidad de la vida y la importancia del mensaje universal que hace dos mil años nos transmitieron de forma clara y concisa: amaros los unos a los otros.

Bajamos inocentes y llegamos hasta la ciudad vieja. De nuevo un paseo por sus calles mientras soñábamos con las próximas aventuras. Mañana toca ir hasta el desierto, hasta el mar Rojo, hasta la frontera con Egipto y Jordania, donde todo empezó. Mañana un nuevo día, una vuelta de tuerca en esta hermosa fuga. Una fuga que ya me está permitiendo, tras meses de profunda tristeza, hablar abiertamente de pequeña alegría. Así que ya por esto, por ese instante de hermoso susurro, el viaje ha merecido la pena. Gracias de corazón a los obradores de tal milagro, y gracias de corazón a su mensajera más fiel.

Desde Jerusalén


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El Santo Sepulcro, en Jerusalén, esta tarde

Cuando estás en otro fractal, en otra realidad, es como si el tiempo pasara de forma diferente. Es como si de repente entraras en otra dimensión y todo lo demás que hasta ahora te atosigaba o te molestaba o te distraía volviera a otro estado de cosas. Cuando viajas a mundos tan diferentes, la distracción y la impresión de todo lo que ves, de todos esos escenarios, juegan un papel importante. Como se trataba de huir de una realidad excesivamente tóxica y de intentar, a base de otros escenarios, poder reconfigurar el mundo interior, los primeros días ya están ejerciendo un poderoso efecto sobre esa intención. Los problemas se vuelven menores y se disuelven a medida que va pasando el tiempo y el pasado se va marchitando para dar vida al presente y al esperanzador futuro. Viajar es un buen antídoto para volver a empezar de nuevo.

Ayer llegamos, previas anécdotas en Estambul, al hermoso aeropuerto de Tel Aviv. El recibimiento no pudo ser más hermoso ya que desde el avión que aterrizaba podíamos ver como caían rayos y truenos en los paisajes de Israel. Llegamos tarde a todas partes. Tuvimos que buscarnos la vida entre trenes y autobuses nocturnos, entre paseos a media noche por calles desconocidas y sacadas de otra realidad. Deambulamos de un lado para otro hasta que conseguimos llegar al lugar que nos acogería la primera noche. De nuevo el insomnio se apoderó de mí, esta vez de forma alarmante, porque a pesar de todos los acontecimientos del día y a pesar de los cambios de escenario y el cansancio, tardé muchas horas en poder dormir.

Hoy fue un día de paseos entre la hermosa ciudad vieja de Jaffa y la ciudad vieja de Jerusalén. Lo que más nos sorprendió de este país es la mezcla de culturas y religiones, y la aparente normalidad con la que se entienden judíos, árabes y cristianos. Todo muy lejos de esa imagen de violencia y estado de guerra en la que siempre parecen vivir. Al menos, en ningún momento, a pesar de toda la policía y el ejército que hay por todas partes, tuvimos sensación de agobio o miedo. Ni siquiera cuando hemos deambulado a altas horas por barrios desolados y perdidos.

Jerusalén es una ciudad única y sorprendente. Pudimos pasear por los cuatro barrios que dividen la ciudad: el armenio, el cristiano, el judío y el musulmán. En el barrio cristiano, que es donde pasaremos las próximas dos noches, pudimos visitar entre los zocos y la multitud de gente que a pesar del frío y ser temporada baja hay por todas partes, el impresionante Santo Sepulcro, en el monte del Gólgota. El lugar donde dice la tradición que fue crucificado, enterrado y resucitado el Cristo Jesús. También pudimos orar en el muro de las lamentaciones judío, y ver, en una cámara donde se reúnen para rezar todos juntos, como la religión se convierte en la vida de muchos.

Israel es un país que tiene como reto derrumbar los muros que los separan y convivir entre las diferencias, sin importar si unos le rezan a un muro, a una imagen o una palabra. Esta analogía me recordaba todos los muros que aún los seres humanos debemos derrumbar poco a poco. Ahora me doy cuenta de la importancia que supuso para Europa y los europeos el derrumbe del muro de Berlín, y lo que supondrá, para las próximas generaciones, el derrumbe de los muros que separan a Oriente Medio. Todo esto lo veo con optimismo ahora que escribo desde la pequeña ciudad vieja de Jerusalén, donde tantas y tantas diferencias se juntan para rezar al que en definitiva, es un único Dios.

Vox Populi, vox Dei


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“Y no debería escucharse a los que acostumbran a decir que la voz del pueblo es la voz de Dios, pues el desenfreno del vulgo está siempre cercano a la locura”. Cartas de Alcuino de York a Carlomagno. Epistolae, 166.

A estas horas estoy sobrevolando Europa dirección Estambul. Desde allí cogeremos un vuelo hacia Tel Aviv, nuestro primer destino. A vista de vuelo panorámico, creo que aún no somos conscientes de todo lo que está ocurriendo en Europa, y hacia dónde nos llevará esta situación cada vez más agravante. Lo ocurrido ayer en el parlamento Británico y la brutal derrota de su primera ministra es solo el principio de un fin que no sabemos aún hacia qué lugar nos llevará. Hablo de lugar, aunque quizás debería de hablar de tiempos…
Vox Populi, Vox Dei, decían los antiguos. Si realmente esta expresión significa que “la opinión popular de la gente revela la voluntad de Dios y debe obedecerse”, debemos pensar seriamente por qué Dios ha querido semejante panorama en la cultura política europea de estos últimos años. El Brexit es un claro ejemplo de retroceso social y político, de vuelta al pasado, de defensa de lo “nuestro” en contra de lo que les ocurra a los demás. Los movimientos nacionalistas, aupados desde el egoísmo y las esencias, vuelven como alocados corceles que, ciegos sobre su destino, solo pueden cabalgar hacia adelante.
Estamos viviendo momentos que pueden determinar para siempre lo que pueda ocurrir en este próximo siglo recién estrenado. Aún nos duele la memoria de las cosas que ocurrieron en tiempos pasados. De nuevo el ombliguismo contra la mirada sincera al otro. De nuevo defendiendo lo nuestro y arrasando por el camino todo lo demás. De nuevo el miedo antes que la cordura de la razón. El Brexit, como los demás patriotismos o nacionalismos de nuevo cuño, forma parte de la derrota de Europa en el campo de las ideas, en la visión de la paz común y en las ideas de fraternidad, libertad e igualdad que tanto nos costó alcanzar tras las grandes guerras del siglo pasado. Todos los avances logrados se empiezan a derrumbar poco a poco, a la espera de que los dioses benévolos vuelvan a susurrar al pueblo las ideas de luz, fraternidad y paz que tanto necesitamos en este nuevo tiempo.
Todo aquello que nos separa, el Brexit, las naciones, las fronteras, las patrias, la ignorancia o el odio nunca puede ser bueno para el conjunto de todos nosotros. Todo aquello que intenta, de la manera que sea y con los motivos que sean, separar, dividir, restar, nunca puede ser un susurro de nuestra más profunda naturaleza. La decadencia del Reino Unido, su declive, se está expresando en estos instantes. El Gran Imperio Británico que durante siglos dominó el mundo está viendo sus últimos días. Ahora es el Brexit, pronto será Escocia e Irlanda del Norte y luego… Europa y sus ideales deben estar alertas para que este movimiento no se expanda aún más… Aquí en España, uno de los últimos reductos que quedaban libre de extremismos, se está manifestando de forma fuerte la derrota de la razón y la fraternidad. La plaga sigue, y es contagiosa. Es como si de repente, estuviéramos de nuevo cerca de la locura… La misma locura que hace un siglo arrasó media Europa.

 

 

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Nunca más, con prisa…


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© Marandmar Photography

Mañana empieza la aventura. No sé si podré volver a escribir de nuevo hasta mi regreso a Ginebra o Escocia. Los tres primeros días están organizados en Jerusalén. Luego alquilamos un coche que nos llevará por todo el país de norte a sur y de este a oeste de forma bastante improvisada. Es más barato dormir en un coche de alquiler que hacerlo en hoteles. Al final no viajaré solo, lo cual es un alivio y una suerte. Una joven y hermosa dama me acompaña y ambos tendremos que hacer el gran esfuerzo de soportar la presión del viaje y las condiciones interiores tan revueltas que se avecinan. Viajar con amigos es hermoso, y también una forma extrema de conocer al otro. Como no hay expectativas de nada ni ningún tipo de presión, eso nos dará libertad para ser como somos sin fingir lo que no somos.

Así que se presentan trece días difíciles en Israel y Palestina, complejos y en teoría, de disfrute, de cambio de escenarios, de intentar, en un lugar de mucha fuerza, volver a ordenar las dos líneas de tiempo que se separaron y se atascaron hace seis meses. Ese será el trabajo mágico, o el trabajo interior que debo hacer en este primer viaje. Reordenar los dos tiempos y poner cada cosa en su lugar, en su correcto fractal cuántico. El segunda viaje en Ginebra, junto al poder del impresionante lago Leman y los Alpes, será para visionar el nuevo tiempo con la práctica del raja yoga y el poder grupal. El tercero, en Escocia, para trabajar esa visión y consolidarla en la hermosa y calmada bahía de Findhorn. No son casuales, ni lugares elegidos al azar, sino que cada uno, con su propia impregnación y energía, ayudarán a acelerar los tres procesos en los que estoy envuelto. Esa es la perspectiva y la idea, luego la realidad enviará sus propias enseñanzas y sus propios regalos y aconteceres.

El desierto jugará un papel importante en todo esto y espero poder disfrutar del mismo desde la serenidad y la paz interior que ahora no tengo. También las Tierras Altas de Escocia, la hermosa bahía de Findhorn y el mar del Norte servirán de apoyo. Será un tiempo de reconciliación, de perdón y de esperanza. Será un tiempo de fe y vuelta al centro que nunca debí abandonar. Será un tiempo de trabajo interior que me llevará inevitablemente a la victoria contra las sombras. También una etapa para abrirme por fin a lo milagroso de la existencia. Tan encerrado en mí mismo todos estos meses, aún no he tenido tiempo de mirar la vida, de enfrentarme a ella, de observar todo lo que ocurre a mi alrededor de forma generosa y expansiva. Será tiempo de arrodillarme cuando la arena roce la mirada, hincar las rodillas al suelo y reverenciar la grandeza de la creación con sumo agradecimiento. Dar gracias a la vida nunca es suficiente. Pero tras seis meses ignorándola, es hora de abrazar sus secretos, sus misterios y su grandeza.

Soy consciente de que solo cambio de escenario. Pero también soy consciente de que una fuerza interior ha nacido para poder hacerlo y enfrentarlo. Hasta hace poco tiempo estos pasos eran impensables. Ahora una voluntad interior me lleva a ello, siguiendo los pasos de la intuición que poco a poco van desvelando el camino.

Agradezco infinitamente a mi acompañante la valentía de querer emprender este viaje significativo juntos y agradezco su infinita generosidad por todo lo que ha hecho para que fuera posible. También agradezco la oportunidad de no tener coche y permitirme disfrutar más de los lugares. El hecho de haber estado casi un mes en Barcelona me ha permitido reconciliarme con muchas cosas que quedaron aquí abiertas. Así que me marcho en paz y tranquilo, a sabiendas de que se quedan cosas ordenadas a muchos niveles. Tanto tiempo cantando la canción de que “nunca más con prisas”, y es ahora cuando empiezo a experimentarlo dentro de mí. Que la fuerza y la suerte nos acompañen en esta nueva travesía…

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Como vencer a la depresión…


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© Asier Garagarza

 

Tristeza, rabia, melancolía, infelicidad, abatimiento, frustración o derrumbe. Pasar por un mal momento es algo que nos ocurre a menudo. Eso puede provocar una pequeña depresión a la que, si no se le pone remedio, puede llegar a desembocar en una gran depresión o un trastorno depresivo persistente. Según la psicóloga, estoy ya rozando el trastorno, y podría ser que tuviera que medicarme si no cambio el rumbo de los acontecimientos. Como sugerencias me invitó a seguir en terapia mientras me cogía, al mismo tiempo, un año sabático para poder así reordenar mi vida, pero, sobre todo, reordenar mi psique y mis pensamientos. En ese año sabático no debía hacer nada excepto viajar y disfrutar de pequeños placeres diarios. Debía distraer mi mente con nuevos paisajes y experiencias.

Viendo el panorama, una buena amiga me ha invitado a pasar unos días a Tierra Santa. Estaré trece días intentando distraer mi mente con nuevos escenarios, con nuevas experiencias y nuevos lugares nunca vistos. Cuando termine este viaje estaré en Ginebra, por motivos de trabajo, unos días, y de ahí, me retiro un mes a la comunidad de Findhorn, en Escocia, para intentar desde allí reorganizar toda mi vida mientras espero la ansiada primavera. Exceptuando un compromiso en el mes de julio, el resto del tiempo, al menos hasta que salga de este trastorno depresivo, lo pasaré viajando o viviendo en lugares diferentes. La otra opción es ir a un psiquiatra para empezar a medicarme, y es algo que no me seduce nada.

Hoy empecé a tomar un nuevo remedio homeópata tras una hora de consulta con una buena amiga doctora que intenta ayudarme desde esa terapia. Y hoy toca otra consulta con otra amiga doctora para intentar buscar una guía alternativa a mis pensamientos recurrentes. El escribir también es terapéutico. De alguna forma me alivia el expresar en voz alta este sentir y el poder compartirlo con otros. La disciplina física que adquirí hace unos meses, la cual me obligaba a comer bien y hacer algo de deporte al aire libre hizo que mi ánimo de alguna manera se restableciera. También, aunque esta semana he tenido alguna recaída, hizo que el cuadro de ansiedad desapareciera. El socializar y el hacer cosas diferentes como ir a retiros, conciertos o comidas con amigos también han ayudado en la segunda etapa de mi recuperación.

Las ideas de suicidio, muy recurrentes cuando pasas por un estado depresivo, han desaparecido prácticamente. Este es un tema crucial, porque la gente suele obviarlo y esconderlo. Pero los que pasan por problemas de depresión profunda, lo que más sienten es un deseo intenso por desaparecer. Lo único que lo impide es la cobardía, la falta de fuerzas o de valor, o el arropo constante de amigos y familiares. Mi salvación fue una mezcla de todo, aunque de vez en cuando me sorprenda con esa idea en la cabeza. Los pensamientos siempre son nuestro peor enemigo en este estado de ánimo.

Cuando uno se encuentra así, es un repelente de personas. En mi caso, acostumbrado a empalmar una relación tras otra, esta vez lo miro como una ventaja. Me está permitiendo descartar por completo la posibilidad de tener pareja a corto y medio plazo, y me está ayudando a contemplar la posibilidad de vivir absolutamente solo en los próximos años. Viendo con franqueza el fracaso acumulado de todas mis relaciones pasadas, no tiene sentido seguir insistiendo y tengo que ser honesto conmigo mismo. No me acomodo a la moda actual de tener parejas pasajeras, con falta de compromiso y responsabilidad. Así que me decantaré, irremediablemente, por la vida en solitario, con la posibilidad de albergar espontáneas noches abrazado a alguna amante casual. Así que, lo que al principio veía como una derrota, ahora puedo verlo desde otra perspectiva más positiva intentando acomodarme a lo inevitable. Si por el camino algún día me vuelvo a enamorar perdidamente y pierdo de nuevo la cabeza, pues bienvenido sea el amor. Pero debo ser honesto y no entrar a engaños ni dejarme engañar de nuevo.

Así que en dos días me marcho de Barcelona hacia Jerusalén, sin mucho ánimo ni alegría, pero con la esperanza de que este ciclo de viajes continuo me ayude a reordenar todo mi mundo interior, y con ello, de paso e inevitablemente, reordenar todo mi mundo exterior. Quedo agradecido a todos los familiares y amigos que con su paciencia y apoyo me están ayudando en este proceso. También pido paciencia a los que les debo algo, sea lo que sea, para restablecer pronto mis compromisos. Ahora toca salvarme de este infortunio para poder seguir adelante. Ahora toca cuidarme, con mucha observación, para seguir avanzando.

Si alguien está pasando por una situación parecida y desea escribirme en privado estaré encantado de escucharle y contarle con mayor detalle mi experiencia, por si sirve de ayuda… (javier@dharana.org)

 

¿Cuál es tu rostro original?


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Hoy en la casa de espiritualidad de Sant Felip Neri, en Barcelona

 

A las cinco de la madrugada ya tenía los ojos abiertos, recordando los recurrentes sueños, intentando comprender su naturaleza, mensaje o misión. Miraba en la negrura pero no veía nada. Dos horas después estaba duchándome. Dejaba que el agua caliente intentara despertarme del insomnio. Cogí el metro temprano y estaba lleno de borrachos, de zombis que venían de fiesta, de personas tumbadas en los suelos sin sentido. Miraba sus rostros, pero en su negrura no podía ver nada. Me llamó la atención comparar esa estampa con la que viviría más tarde en una casa de espiritualidad donde más de medio centenar de personas, despiertas y lúcidas, se retiraban para meditar en un domingo cualquiera en una gran ciudad cualquiera.

Llegamos temprano a la hermosa casa de espiritualidad Sant Felip Neri que las filipenses tienen en Barcelona. Un pequeño y bello oasis en medio de la ciudad donde se mezcla la cultura cristiana de unas monjas que han abrazado las prácticas del budismo zen. A las nueve empezó el samu de preparación, seguido durante toda la mañana de las prácticas frente a la pared de zazen y kinhin, acompañados de un hermoso teisho que Berta Meneses había preparado. Este era el koan para el día de hoy: “¿cual es tu rostro original?”

Pensaba en ello mientras me retorcía de cierto dolor durante la primera hora de práctica. Sujeto con fuerza al zafu, el pequeño cojín redondo que se utiliza en estas prácticas, intentaba, pobre occidental, adaptarme a la compleja posición del loto. Luego conseguí una postura cómoda, más parecida a la postura de la esfinge, más propia para nuestros rígidos cuerpos, y pude dejar pasar el dolor y el sufrimiento para centrarme en la meditación zazen. El fluir de la respiración, la correcta posición y el dejar pasar los pensamientos son los primeros pasos para adentrarse en este mundo de vaciado mental.

Recordaba las imágenes de la primera hora de la mañana, luego las del hermoso lugar donde estábamos y las contrastaba con mi propia experiencia interior, últimamente condicionada por el dolor y el sufrimiento excesivo. No me sujetaba a esas tres experiencias, solo las observaba, mientras intentaba desvelar mi auténtico rostro. Fue entonces cuando de alguna forma empecé a llorar interiormente, porque el verdadero rostro es algo íntimo y secreto, algo difícil de describir y comprender, pero que existe, está ahí y todos estamos llamados a descubrirlo. El rostro original de cada uno, más allá de las máscaras y los sentires circunstanciales, aparece cuando las aguas revueltas dejan paso a la inmensa paz de los océanos interiores.

Lo complejo de esta experiencia, hermosa y necesaria a la hora de descubrirnos realmente, es poder gestionar su realidad con las circunstancias envolventes y condicionantes del día a día. Especialmente sobre la elección que hacemos diariamente. Todos los días sin excepción debemos elegir entre ser auténticos, ser un reflejo vivo de nuestro verdadero rostro, o dejarnos llevar por todas esas máscaras que nos ponemos para defendernos: el orgullo, la soberbia, el miedo, el rencor, el odio, la desidia, la pereza… Todos los días tenemos una lucha, y debemos discernir. ¿Cuál es tu rostro original? Medítalo, todos los días, con calma, y discierne entre ser verdadero o mostrar tu rostro más falso y embustero.