Orden


 

Han llegado amigos desde todas partes. Barcelona, Madrid, Burdeos, en Francia… En estos días de reencuentro solicité paz, amor y alegría. Pedí al universo que fortaleciera las columnas de la belleza, la sabiduría y la fuerza. Las energías del caos habían atraído situaciones especiales, y había que volver a renovar los principios, los acuerdos y especialmente los roles asumidos. Hoy pedí a una gran persona que hiciera de maestra de ceremonias. Su belleza interior hizo que el ritual fuera excelente. Hicimos un círculo de sabiduría cuyo tema estaba centrado en la tolerancia, el cual fue la excusa para introducir el sentido exacto de este lugar.

Ella organizó todo de forma hermosa. Primero, nos hizo entrar al templo arrodillándonos simbólicamente ante una espada que, de no inclinarnos humildemente ante la grandeza de la vida y el misterio del universo, podía cortar nuestro cuello-ego. Antes de empezar la ceremonia, el círculo, antes de la que la luz se manifestara en la tierra como mensajera del sol, cantó una hermosa oración. Luego, como buena maestra de ceremonias encendió la luz, tocó a golpe de mallete el gon y pasó la palabra de occidente a oriente y del mediodía al septentrión. El círculo duró algo más de tres horas de plena atención, enseñanza y compartir. Tras anunciar la última palabra y al cerrar los trabajos, ella volvió a cerrar el círculo entonando primero el Padre Nuestro en arameo y la Gran Invocación, terminando todos cantando el “Non nobis, Domine, non nobis. Sed Nomini Tuo Da Gloriam (“No a nosotros, Señor, no a nosotros. Sino a Tu nombre sea dada la gloria”), una de las frases emblemas de nuestro proyecto. Esta oración templaria, cantada entre todos en la ermita, en círculo, cogidos de la mano alrededor de la luz de la vela, representante del Cristo solar que hoy se crucificaba, ha sido una bonita forma ritual de poner orden en las energías del lugar. Energéticamente, se ha hecho un hermoso ritual psico-mágico representando todas las fuerzas.

Cuando el caos se apodera de nuestras vidas hay que cerrar los ojos y danzar alrededor de la luz, de la esperanza, de la fe en que todo puede terminar ordenándose. Así ha ocurrido, la alegría ha vuelto a reinar en nuestros corazones, en esta pequeña y modesta encomienda. El amor se ha desvelado como el misterio al cual acudir, como la revelación última a la que estamos llamados. De forma abstracta, simbólica, arquetípica, hoy la luz ha vencido a la oscuridad. Quizás solo por un momento, quizás solo por unos días, pero suficientes para que nos sirva de guía para siempre. Gracias de corazón a los aliados que han venido desde tan lejos para cumplir con su parte en el ritual. Gracias de corazón a los que elevaron la antorcha de sus corazones para guiar nuestra senda. Un día mágico y especial. Un día para el recuerdo. Gracias, gracias, gracias… Non nobis, Domine, non nobis.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Anuncios

El mundo de los débiles


 

Realmente mi vida es un libro en sí misma. No haría falta escribir muchas más páginas. Bastaría dejar pasar unas horas y podría contar mil anécdotas. Además, como tuve la suerte de servir para los servicios de inteligencia de mi país, puedo decir que ahora sí que soy un escritor de verdad. Porque un escritor que no haya sido espía, no es realmente un verdadero escritor. Espía, vagabundo, visionario, antropólogo, aventurero, repartidor de pizzas, embajador consorte, empresario, editor, utópico, hippie, burgués, asexual, amante empedernido, enamoradizo, ecologista, bohemio, político, caminante, peregrino, curandero, parapentista, mago, ciclista, pintor, filósofo, insumiso, presentador, doctorante, intelectual, alumno, profesor, conferenciante, actor, articulista, telefonista, repartidor, limpiador, rosacruz, masón, arcano, teósofo, místico, esotérico, ocultista, mentecato, naturalista, anarquista, administrativo, trabajador social, educador, monitor, poeta y a veces, sí, a veces, escribo libros. Si mi gran ego tuviera algo más de memoria podría recitar una cuarta más de oficios y beneficios de esta corta vida. Pero tengo más ego que memoria, así que lo dejo aquí, porque realmente, he venido a hablar de mi libro, que en el fondo, es un libro frágil, tímido, marginal.

En mi vida he ayudado a mucha gente y he sido ayudado por mucha gente. Es una balanza equilibrada la cual agradezco. Cuando era niño, medio a escondidas, hacía nidos de pájaros cogiendo maderas inútiles en la carpintería de mi tío. Recuerdo que eso fue lo primero que hice por algo o alguien que no fuera yo mismo. Eso me pareció trascendente, porque cuando haces algo por los demás, de alguna forma trasciendes tu vida, tu ego, tu visión de la vida. Los pájaros son seres muy frágiles, quizás por eso esa fue la primera página de mi verdadero libro, aquel pequeño nido para pájaros cuya intención no era otra que ayudar a las aves a anidar y repoblar así la tierra con música volátil. No hay nada más hermoso como sentarte bajo un árbol y escuchar a un pájaro libre cantar.

Luego mi ayuda se extendió como voluntario a Cáritas, la Cruz Roja y una decena de organizaciones donde, de forma tímida y voluntariosa, procuraba servir. A niños autistas, a niños marginados, a niños con síndrome de Down, a niños tetrapléjicos, a niños complejos. El servicio a los demás, al frágil, al abandonado, al débil, de forma desinteresada, fue una bonita página. Estudié trabajo social porque allí te daban herramientas para ayudar al marginado, al débil. Entonces ayudé a los marginados de la calle, a los vagabundos, a los pobres de verdad, los que habían perdido todo, incluso la esperanza, incluso la cordura, incluso la compañía.

Esa segunda página fue trascendental en mi vida. Yo había sido débil y frágil desde pequeñito hasta que entendí que el mundo estaba siendo humanizado por los frágiles poetas, por los débiles artistas, por los inútiles escritores que configuraban la realidad de lo que debería ser la existencia humana. Por eso me hice escritor, antropólogo, filósofo y utópico de la vida. Los frágiles y débiles diseñamos el mundo para que los fuertes puedan construirlo. Los frágiles y débiles crean la poesía, la escritura, la filosofía, la ciencia, el arte que hace que el mundo sea bello, humano. Mi vida es una vida de fragilidad, de ahí mi empeño en proteger a los marginados, a los que mueren poco a poco de pena o soledad. Como ser frágil, solo puedo dedicarme a pensar el mundo para que sea mejor. Luego ya vendrán los fuertes con sus grandes manos, y lo construirán. Como ser débil, solo puedo pararme a imaginar un mundo más bello, a describirlo con sumo detalle, a indicar de qué mejor manera se puede poner una placa solar, una cabaña octogonal en armonía con el bosque. Puedo imaginar una utopía y diseñarla y cumplir con la promesa de que se construya. Sí, los débiles imaginan el mundo, y al hacerlo, ayudan a su construcción, a su mejora, a su progreso. Soy débil, por eso imagino mundos, por eso escribo mundos… por eso, por ser débil, voy creando utopías…

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

 

Caos


 

a

Llueve y hace frío. No tengo pijama. Se perdió y no logro recuperarlo. Dormir desnudo en la cabaña es toda una hazaña. Una aventura. Cuando esta tarde subía hacia la casa desde las cabañas un hermoso zorro bajaba. Nos cruzamos, me miró asustado y salió corriendo. Se había comido una gallina. Una aventurera ingenua que había pensado que lejos del corral sentiría mayor libertad. Encontró la trascendencia. Estas cosas me ponen tristes. No logro entender del todo estas leyes de la naturaleza. No logro entender que unos se tengan que alimentar de otros. Es algo que me duele, algo que me produce consternación. No entiendo que aún haya gente que coma animales. Me parece un acto criminal, sangriento, doloroso. Hay gente que trabaja en lugares que se llaman carnicerías. Hay gente que trabaja en lugares que se llaman mataderos. Hay gente que come carne, como el zorro cuando mató la gallina. Pude ver las plumas aún calientes. Hay gente que come gallinas y se enorgullece en las redes. No tiene gracia. Comer alitas de pollo no tiene ninguna gracia.

Cogí el coche con un nudo en la garganta mientras veía como Geo perseguía por el verde prado al zorro veloz. Ambos desaparecieron en los bosques, en sus sombras, en sus misterios. Me adentré por los valles y las montañas majestuosas que hay detrás de este bello lugar. La recogí en su casa y fuimos a tomar algo a la ciudad. Aquí en Galicia no tengo muchos amigos, así que lo de hoy era algo excepcional. Hablamos de mil cosas mientras el tiempo apremiaba por avanzar en todo tipo de encuentros. A veces es bueno salir un poco, tener amigos, charlar de cualquier cosa y sentir el cariño sincero.

Hoy me sentía especialmente cansado. Demasiados frentes. Sin ganas de discutir si la leche debe ser en polvo o líquida, si debemos cocinar con cuatro fuegos o con uno. Pensaba en eso y mil cosas mientras atendía la conversación como podía y pensaba en la gallina. En el primer bar tomé un refresco. En el segundo un descafeinado de máquina y en el tercero una tapa de tortilla. La tortilla estaba exquisita, la compañía era excelente pero la música estaba demasiado alta y los huevos me recordaban la tragedia. Hubo un tiempo, corto, que me hice vegano. Creo que debo intentar de nuevo el veganismo. Los huevos y la leche ya no me hacen gracia. Huelen también a muerte. Me entró sueño y volvimos a los bosques. La dejé en su casa. Los paisajes, incluso de noche, son espectaculares. Nunca había visto un lugar tan bello, ni siquiera en las altas tierras de Escocia, ni siquiera en las profundidades selváticas de Alemania, donde por estas fechas las aves migratorias envolvían el cielo con formas imposibles.

Llovía pero me detuve para hacer algunas fotos. Miré anestesiado el paisaje. En la universidad todo son problemas. Podría estar dando clases en cualquier universidad del mundo pero siempre falta algún papel, algún asunto burocrático. La burocracia asfixia la creatividad y exprime al mundo. Recibí una nota del juzgado. A pesar de que ya casi me había puesto al día con todos los pagos, aún quedan flecos que soportar. Me citan y me informan de que tengo veinte días para pagar la deuda que tengo con un proveedor. Me hierve la sangre pensando que otros están disfrutando de mi dinero y de mis propiedades a mi costa y que yo ando pasando calamidades por estúpido, por insensato. No sé cómo la gente se puede volver de repente tan insensata sin importar el dolor que puedan ocasionar a otros. No sé porqué hay alguien que está disfrutando tranquilamente de todo mi esfuerzo y puede vivir con la conciencia tranquila. Yo al menos no puedo, y llamo a unos y a otros cuando mis deudas superan mi capacidad de reacción. Pero hoy me daba cuenta de que a pesar del esfuerzo, aún son muchos los fuegos que apagar, los frentes a los que enfrentarme con fuerza y paciencia.

Aún no me dio tiempo a poner la tesorería al día. Algunos esperan los resultados a pesar de que el año pasado tuve la osadía de poner al orden a todos los que debían alguna cápita. Al menos pude poner a plomo a los que reclamaban trabajo. Y luego miraba el cable que aún faltaba por enterrar y me dolía todo el cuerpo. Dos días seguidos enterrando cables es demoledor. Al menos ya tenemos luz en las cabañas. Y mientras lo hago voy contestando mails de la empresa, atendiendo llamadas, buscando fuerzas para seguir adelante. Luego me llama el abogado y me pide más papeles. Y me pregunto por qué las personas no pueden llegar a acuerdos cordiales y justos sin tanto papel. Por qué la ambición y el egoísmo nos puede. No lo entiendo.

Mientras espero en la segunda cafetería hago facturas y albaranes. Cinco palets de libros son devueltos por la distribuidora que ha quebrado. Más de 125 mil euros en libros. Justo la cantidad que debo desde hace cinco años, desde que empecé este loco proyecto. Si los vendiera todos me quedaría libre de deudas. En ese sentido sería más feliz, me sentiría más liviano. Seguramente me compraría un coche eléctrico porque junto a un buen móvil y un buen ordenador, son las tres cosas que necesito para desempeñar bien mi trabajo. Lo demás me sobra todo. Por eso no tengo ganas de discutir sobre si la leche debe ser en polvo o líquida. Si siguen estas discusiones tontas tendré que enviar a más de uno a parvularios. Estaría bien plantar más árboles y hacernos veganos. Anular el café y la leche líquida era algo que ya habíamos conseguido. Pero te vas unos meses y todo retrocede. Conquistas pasadas ahora resultan ser un estorbo. Nos hemos vuelto unos señoritos. Hasta tenemos wifi en las cabañas y tostadas todas las mañanas. Un caos.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Cuando todo arde


notredame.jpg

Hace tres años ardía el corazón de un buen amigo. Su llama se apagó en la tierra y nació un brillo allá en el cielo. Durante estos años lo hemos imaginado amable, sonriente, tocando un arpa en algún lugar de alguna de las dimensiones celestes. Un hombre bueno nunca muere en los corazones que iluminó. Por eso sigue vivo, en el recuerdo de los que lo conocimos, en las lágrimas de los que lo lloramos. Arde su llama en nosotros, y esa poderosa lumbre seguirá ahí mientras el recuerdo siga vivo. Su ejemplo nos hizo mejores, y eso será algo que algún día podremos transmitir a los nuestros. Si la bondad es contagiosa, la plaga seguirá su curso hasta que todo ser humano se llene de misericordia y humanidad. Los hombres buenos nos hacen mejores, nos iluminan, nos inspiran, nos dan la esperanza del futuro.

Hace hoy justamente tres años viajábamos inocentes, recién nacidos en el amor, hacia la tumba de ese buen amigo. Uno siempre piensa, en esa ingenua llama que arde dentro, que el amor durará para siempre, que el celo, que la vida nos une para permanecer ardientes toda la existencia. Nunca pude imaginar que esa llama terminaría por un malentendido, por una mala gestión de emociones y hechos fortuitos que pusieron a cada cual en un lugar extraño. Pero así es la vida y sus avatares. La vida siempre es sabia, y sabe cuando el amor se agota, cuando el amor debe pasar a otra fase.

Hoy recibí noticias de un ser querido perdido en los bosques. Andaba preocupado y por fin dio señales de vida. Continua su viaje, que suena a despedida o reencuentro, nunca se sabe. Viendo como la llama arde en el consuelo de las almas, siento agradecimiento y paz. Al menos sé que está viva, al menos sé que si no halló el amor en su errante marcha, en alguna parte lo encontrará. Mi llama sigue ardiendo, ya sin importar ser o no ser correspondida, porque ahora entiendo que lo importante es amar sin importar el sujeto amado. El amor es un llamamiento para entender que la vida no puede ser atrapada, que todo se purifica una y otra vez en los arrebatos de lo indecible. El amor nunca palidece, permanece latente a la espera de una respuesta, de un abrazo, de un retorno, de ese gesto que aviva como un soplo las brasas perennes.

Cuando llegué a casa tras una jornada abrasadora de noticias y acontecimientos, como si no hubiera sido suficiente, veo las imágenes de París ardiendo en su corazón. Notre Dame, mi querido y añorado templo, ardiendo en llamas. No me lo podía creer. No lo quería creer por toda la carga simbólica de lo que realmente estaba ardiendo. ¿Arde París? No, no es la pregunta histórica la que encierra la respuesta. Es algo mucho más profundo e incierto. Cuando todo arde, uno ya no sabe a qué aferrarse. Bueno, quizás sí, al hombre bueno que nos dejó hace tres años, al amor imposible, al amor, siempre al amor… Pero sobre todo, a la esperanza de que esas paredes, de que esos muros de piedra pulida volverán a levantarse una y otra vez. Como el amor. Así es el ser humano… Indecible, confuso, perdido, pero lleno de fe y esperanza.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

 

Trascendencia


 

 

IMG_20190414_170437

Trascendencia es quedarte a solas con esa mujer hermosa, en la oscuridad de una habitación grande mirando por una ventana vacía, viendo una película para niños, acurrucados castamente bajo una manta mientras ella piensa en su novio y yo en aquella que se fue lejos, desapareció de repente en un bosque lluvioso y nunca más supe de ella. Trascendencia es que me pida que la acompañe, por miedo, en la oscura y fría noche. Ella se acuesta en una litera, en la gran casa, y yo en la del frente, junto a la ventana, sin pijama, con la ropa puesta por si tuviera que salir corriendo hacia ese bosque que imagino lluvioso, solitario, desnudo. Atrapado entre media docena de mantas y aún así con el frío dentro, me imagino huyendo hacia ella, desesperado, hambriento.

Trascendencia es levantarte, desayunar e ir a pasear con esa bella mujer. Ella hablándome de su novio y yo pensando en el bosque, pero entendiendo lo que ella me dice mientras desahogo mi pena en ese largo camino hacia el castro celta. En el centro ese miedo a la soledad, esa soledad solemne, trascendente. Ese miedo al desprecio, al abandono, a la indolencia de un mundo en el que no encajamos. Esa lucha constante por intentar vivir el amor a ciegas, a tientas, de forma áspera y desesperada.

Trascendencia es llegar al final del camino, sentarse en un alto de rocas blancas, otear el horizonte fijamente intentando con la mirada llegar hacia el otro lado, más allá de todo cuanto se ve. Es cerrar los ojos con el lagrimal ausente, húmedo, respirar profundamente esa tristeza de no entender las cosas que nos separan, de no saber cuánto tiempo habrá de pasar hasta aprender las sublimes lecciones de la soledad trascendente. Es agarrar con fuerza la tierra y rascar con un dedo ese nudo gordiano que pretende, ingenuamente, atravesar toda la tierra hueca hasta el otro lado del mar. Si consigo entrar dentro, estaré a salvo, piensa mi mente cobarde.

Trascendencia es comprender en el paseo que el miedo es necesario, que nos ayuda, nos protege, nos salva. El miedo es el mayor aliado de la supervivencia. Es cierto que a veces por miedo cometemos graves errores. ¡No sabría decir cuantos he cometido en estos meses de pánico, de pavor! También por miedo nos perdemos oportunidades. ¡Cuantas en esta vida habré dejado pasar! Pero ella es dulce con la palabra e inteligente con el ánimo y sabe conducir la conversación hacia la paz, hacia la esperanza, hacia la memoria futura de la fe, ciega y segura. Trascendencia es prestar atención a sus consejos y escuchar su dura experiencia para aprender algo. Mientras lo hago, es inevitable seguir suspirando, e imaginar ese otro bosque que imagino lluvioso. ¿Estará bien? ¿Seguirá indomable, arisca, salvaje? Pero… ¿estará bien? Me inmolo si hace falta, pero que esté bien, que sea feliz, que haya encontrado ese camino que tanto anhela.

Trascendencia es seguir amando en silencio, ahora ya sin molestar, dejando que cada uno siga su tránsito, sea el que sea el que haya inventado, el que haya creado a su imagen y semejanza. Es soltar y asumir que la soledad es lo que ahora toca abrazar, es soltar y asumir que en el fondo siempre estamos solos, aún cuando nos abrazan de forma sentida, aunque ese abrazo nos confunda por un instante. Trascendencia es aceptar este paisaje yermo, esta melancolía dolosa, esta tramposa ilusión de creernos separados por bosques húmedos y montañas. Trascendencia es saber que está ahí, a pesar de todo, pero también saber que está aquí, y en ella, y en la otra, y en el otro. Incluso está en las flores y en los árboles, en la lluvia y el rocío de cada una de las mañanas. También en los ocasos y en los vacíos y en el canto de cualquier pájaro.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

Por qué votaré a PACMA y breve análisis de por qué no votaré al resto


a

Tiempos modernos (1936), siempre tan de actualidad

La verdad es que me siento libre pensador, y podría votar a cualquier partido del espectro social de nuestro país si pudieran convencerme de algo que realmente me conmoviera como votante itinerante y ácrata. Eso es algo que me gusta de nuestra idiosincrasia como país irreductible: el ser lo suficientemente libre para votar a unos y a otros según nuestra particular visión o conveniencia. Aunque el sistema de votación y la democracia representativa me parece algo anacrónico e irreal, una vez más voy a participar en este sistema para no parecer, que bastante lo parezco ya con esta manía de crear utópicas realidades, un antisistema al uso.

En estas últimas elecciones de nuevo voy a repetir y votaré a PACMA. Ante la quiebra política que se avecina y ante la posible destrucción de lo que parecía un marco de convivencia ideal (qué hermosa es España en su conjunto y qué manía nuestra de siempre querer destruirla), me declino ante la idea de intentar sumar fuerzas a ideas que tengan que ver más con la ingeniería humana, la convivencia pacífica en nuestro planeta y los altos ideales de amor y fraternidad hacia los animales. Cuando estos valores lleguen a nosotros, nuestra visceralidad desaparecerá y estaremos más cerca de poder convivir desde el amor, y no desde el rencor. Dicho esto, explicaré con detalle por qué no votaré al resto de partidos y sí a PACMA.

PARTIDO PIRATA: A pesar de que fui candidato a las últimas europeas con este partido, quizás como editor comprometido debería votarlo. Pero su caos y falta de liderazgo me obliga a no hacerlo. También el que sólo se interesen por lo referente al mundo digital sin mayores aportaciones que esas.
EQUO. También he militado en este partido, pero cuando los intereses partidistas están por encima de los intereses y las ideas que persiguen, el resultado es decepcionante. Me refiero a que se vendieran y formaran coalición con Podemos, como si la ecología fuera algo exclusivo de las izquierdas. Esto es una grave visión futura. La ecología debería ser de todos porque es algo que nos afecta a todos. ¿Cuando nos daremos cuenta?
PARTIDOS NACIONALISTAS. La miopía y egoísmo de estos partidos, el etnocentrismo, la xenofobia y lo rancio de sus mensajes nacionalistas me impiden ni siquiera mirarlos de reojo. Me parecen rancios, caducos y fuera del tiempo. Aunque se visten de modernidad y libertad, es lo más anacrónico y trasnochado que he visto nunca. Y esto lo digo desde la visceralidad más absoluta, pero también desde la crítica más comprometida.
VOX. No deseo ofender la inteligencia de aquellos que visceralmente, por hartazgo, deseen votarlo. Allá ellos y sus consciencias. Pero volver a la edad media no me parece inteligente. Y tampoco me parece sano y sí muy peligroso volver a dar alas alegremente a la extrema derecha. Cuidado con los extremos. Vox es la otra cara de los partidos nacionalistas. Igual de rancio, caduco y anacrónico. Los extremos se tocan y se necesitan para subsistir. Poner en pie de guerra este hermoso país no traerá nada bueno. Alimentar estas dos bestias que en su esencia son exactamente lo mismo, nacionalistas y extrema derecha solo puede volvernos a escenarios muy peligrosos. Cuidado que esto no es una broma.
PODEMOS. Estuve muchos años militando en Izquierda Unida y no me perdí ni una manifestación cuando ocurrió el 15M. Ahora veo con tristeza cómo los líderes se convierten en casta y como ingenuamente los ilusionados indignados se convierten en señoritos que pretenden vender un mensaje vacío para seguir pagando sus bonitos chalets con piscina. Lo siento pero mi voto se ha indignado aún más con vosotros.
CIUDADANOS. Me gustó mucho sus inicios y el trabajo que han hecho en Cataluña al dar voz a una gente que vivía con miedo en una tierra absorbida por el mensaje nacionalista. Olé en Cataluña por la valentía y patética gestión en el resto de España por su deriva ideológica para rascar votos de unos y de otros.
PP. Nunca me gustaron sus líderes. Ahora Rajoy me parece un santo varón cuando los comparo con Fraga o Aznar o Casado. El Casado es joven y tiene mucho que madurar, pero viendo su competencia con Vox para ver quien la tiene más grande (me refiero a la bandera, claro) y viendo que centra su mensaje en las esencias, parece más un tripartito kafkiano que un partido con personalidad propia.
PSOE. Milité algunos años en este partido y de haber perseverado seguramente hubiera tenido una carrera política de su mano. Estuve a punto de ser alcalde de un pequeño pueblo, pero se cruzó por mi vida una embajadora que me alejó de esa posibilidad. Me gustó mucho, debo confesarlo, la carrera que su actual líder ha realizado para destronar de una vez por toda la ortodoxia casposa de su partido. El hecho de que todos los “varones” se pusieran en su contra y aún así venciera, me dio mucho morbo. También me gustó ese esfuerzo por dialogar con la bestia satánica independentista, como la ven algunos. Pero el partido socialista hace mucho tiempo que dejó de ser socialista. Y los utópicos como yo siempre fuimos vistos como ingenuos a lo largo de toda la historia. Así que seguiré votando ingenuamente a los imposibles.

Ahora mis amigos independentistas y mis amigos de la extrema derecha y mis amigos de la extrema izquierda y mis amigos moderados y mis amigos del centro y mis amigos ácratas y mis amigos místico-espirituales se enfadarán todos. Pero no me importa. Yo os seguiré amando, a pesar de vuestras ideologías, de vuestras creencias y de vuestra capacidad o no de juicio crítico, opinión y debate. Votaré, y votaré a PACMA y le daré voto a los animales, a ver si así nosotros nos humanizamos en el camino.

 

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar

 

Mi voz no es mi voz


 

a.jpg

Es difícil verlo, pero a la entrada de este lugar hay un pequeño templecito natural representado por tres columnas: belleza, fuerza y sabiduría (cipreses) y las columnas J y B representadas en la entrada del templo natural por dos árboles de acacia. También encontramos la piedra bruta y la piedra tallada entre las columnas-cipreses… Dentro de la casa, las tres grandes columnas son impresionantes. 

Fue hermoso después de mucho tiempo poder volver a comer con una de las fundadoras del proyecto. Estuvimos hablando apasionadamente de todo lo que aconteció en aquellos primeros años de “magias” y “milagros” dónde ocurrió de todo hasta que llegamos a construir este lugar. La sobremesa se alargó durante cuatro horas porque eran muchos los temas a tratar. Me gustó su fuerza y apoyo en todo este proceso. Me hizo ilusión ver que guardaba con cariño y buen cuidado el que fue mi “hotel Prius” y que en su nueva vida junto al mar había retomado la calma y la paz. Hablamos de los progresos materiales del proyecto pero también hablamos de lo difícil que era progresar espiritualmente. Esta cuestión fue de suma importancia en la conversación y me hizo ver la necesaria colaboración con lo inevitable. Ella había puesto en práctica lo que juntos aprendimos sobre la importancia del decoro, de la belleza, de la armonía, del orden, de la limpieza. Pude ver sus espacios con un equilibrio exquisito, y eso es reflejo de lo que en su vida interior ahora disfruta.

Nada más despedirme de ella, aproveché que estaba en la gran ciudad y fui a un gran centro comercial para comprar siete grandes velas. A mi vuelta de estas largas vacaciones observé que el pequeño templecito de la ermita había sido iluminado por unas pequeñas velas rojas. Todo son símbolos y arquetipos, así que intenté hacer un acto de psicomagia comprando siete grandes velas, reflejo de que a partir de ahora intentaría prestar más atención a la parte interior de todo lo que aquí hagamos, tal y como hacíamos al principio de todo. Subir la vibración del lugar, y de las personas, y de todo lo que aquí realicemos para que el propósito que perseguimos deje de ser un sacrificio y se convierta en algo hermoso y dulce. Siete velas puede ser un buen comienzo. Solo un pequeño acto, un sencillo gesto para empezar a transmitir el verdadero propósito.

Tras terminar la compra me escondí tras el coche en el parking del gran almacén y me cambié de ropa. Me puse el traje negro, la corbata, los zapatos y toda la indumentaria que la noche de ayer requería. Fui hasta ese lugar secreto cuyo emplazamiento solo los hijos de la viuda conocen y allí permanecí hasta más allá de medianoche. El Segundo Vigilante, es guardián y conservador del Orden y del Silencio en las Columnas del templo, y me tocó representar esa hermosa figura, mirando atentamente el septentrión y observando que el orden y el silencio reinara generosamente entre la fuerza, la sabiduría y la belleza.

A veces me transmitían la voz, pero como vigilante, era capaz de entender que mi voz no era mi voz… mi voz es el eco de miles de voces que vienen de lejos. Lo hermoso de transmitir cierta tradición, sea la que sea, es esa sensación de no ser protagonista de nada, sino simplemente un eslabón más en la infinita cadena áurea. Una voz que no es mi voz, sino como dice la tradición, el murmullo sereno y fraterno de un árbol de seres nacido y crecido en el tiempo… y todas esas ramas y todos esos frutos maduran en torno a la raíz de su verbo. Realmente el de ayer fue un día hermoso y pleno. Cargado de inspiración, de amistad, de fraternidad. A las tres de la madrugada llegué a la pequeña ermita, algo cansado y dormido. Dejé una de las siete velas en su centro y el resto las puse en lugares que deben retomar la serenidad. Volverá la luz, siempre más luz.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

donar