Memoralista y escribano


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Hoy escribía una carta importante donde de alguna forma me despedía de una buena amiga, de una madrina y mentora en el mundo editorial con más de doce años de colaboración ininterrumpida. El cierre de nuestra distribuidora de toda la vida, la crisis del sector editorial y la propia quiebra de nuestra editorial me hacía pensar estas semanas qué camino seguir, tanto profesional como personal. Una posibilidad era continuar como hasta ahora con una nueva distribuidora, esperando tiempos más halagüeños. La otra era arriesgar todo lo que hasta ahora habíamos hecho para reinventar una nueva fórmula de trabajo y venta. Y una tercera vía, sería cerrar la editorial, intentar venderla o dejarla en pausa hasta que vengan tiempos mejores.

De momento, la primera vía la hemos descartado, al menos hasta que no pueda organizar todo el caos editorial que existe en estos momentos y no pueda encontrar otra estrategia de venta. La tradicional distribución, donde entre libreros y distribuidora se llevan el sesenta por ciento de la venta, está dejando de tener sentido. Internet está terminando con esa fórmula, desproporcionada, dicho sea de paso, y está permitiendo otras realidades. Esa es la evidencia. En el modelo actual, un libro que vale 10 euros es repartido de la siguiente manera: 1 euro se lleva el autor, 6 la distribuidora y librería, casi medio euro se va en impuestos y de lo que resta, 2.5, el editor tiene que compartirlo con la imprenta. El margen del editor, si lo hay, suele estar entre el 0,5 y 0,75 euros por libro. Realmente no es un modelo de negocio para hacerse rico, a no ser que lo que te mueva, como es mi caso, sea la pura vocación.

¿Qué hacer tras esta decisión? Al cerrar la distribuidora, lo primero que se me ocurre es recuperar el stock repartido entre librerías y distribuidoras auxiliares. Aún no sé la cantidad que esto supone, pero espero que en esta recuperación, pueda poner al día algunas cuentas y saldar algunas deudas. Mi objetivo personal es poder equilibrar las cuentas de la editorial para intentar, en el caso de que deje la editorial en reposo, poder centrar mis fuerzas en otras cosas.

¿Qué podría hacer? Mis amigos me dicen que tras este derrumbe en cadena y tras la crisis emocional y material sufrida lo que necesito son unas vacaciones donde poder pensar con calma y reorganizar toda mi vida. Esa idea me seduce porque me permitiría hacer lo que más me gusta: viajar y escribir. Así que tal y como le comentaba a mi querida mentora, tal vez ha llegado el momento de plantearme el pedirme un año sabático para así poder disponer de tiempo para la reflexión y el descanso. ¿Dónde ir? Aún no lo sé. Tal vez fuera de España. Se me ocurre pasar alguna temporada en la comunidad de Findhorn, en Escocia, y desde aquella energía equilibrar y armonizar muchas cosas. En unos meses tendré de nuevo, tras la retirada de todo el lastre y la reposición de grandes esfuerzos, las cuentas saneadas y equilibradas y en este tiempo podré pensar dónde ir y cuándo hacerlo.

Memoralistas y escribanos. Oficios antiguos que quizás haya que recuperar. Me motiva la idea de escribir, escribir y escribir. Ahora que ya estoy más recuperado, que ya me siento totalmente libre y emancipado para hacer con mi vida lo que desee, además de seguir apoyando los proyectos utópicos que inicié hace cinco años y seguir editando de forma más tranquila y serena, deseo poder dedicarme a lo que más me gusta: escribir. Así que eso haré hasta la saciedad. Esa idea me hace feliz. Esa idea me hace sonreír, así que ese será el camino hacia mi nueva Ítaca.

  • Gracias de corazón por apoyar esta escritura…

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Una flor es un diamante


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© Carmelita Iezzi

Hay momentos en los que uno desea poseer la facultad de saber cómo cree ser el personaje al que nos enfrentamos, cómo los demás creen que es y cómo es en realidad. Estas son las tres complejas dimensiones de todo ser, aquellas que sólo los dioses conocen y desgranan en sus observaciones. El juicio hacia los demás, a no ser que seamos dioses o tengamos un momento de endiosamiento, es siempre inútil y estéril. Otra cosa son los comportamientos de los demás, aquello que nos hace más sabios o más ruines cuando nos desafían de repente. A nadie le gusta enfrentarse a su sombra, y menos aún reconocerla. Si el espejo nos lo pone el otro delante, enfurecemos, culpando al otro de tanta mendicidad. Pero en el fondo nos revolvemos ante un trozo de verdad, esa que corresponde a una de las dimensiones posibles: “el cómo nos ve el otro”. Por supuesto, una verdad sesgada, contrariada por la totalidad.

Quizás por eso nos gusta siempre lo bello, o buscar en la belleza aquello que nos aproxime más a la comprensión infinita del universo y de los otros. Cualquier gesto, por pequeño que sea, cualquier flor en el campo que nos llame la atención y nos anime a contemplar la hermosura natural de la existencia, se convierte en nosotros en un diamante, en algo con un valor incalculable. Nos gustan los amigos que nos aman, aquellos que son fieles en lo bueno y en lo malo porque ellos han sabido apreciar en nosotros nuestra belleza, y de ella han hecho algo fuerte, duradero, un diamante.

Por eso, en esa distorsión en la que vivimos siempre, en esa discordia entre lo que somos, entre lo que los otros creen que somos y entre lo que nosotros creemos que somos, siempre es bueno aferrarse a cualquier flor, a cualquier representante de lo bello. Si tenemos duda entre el caos y el orden, entre las sombras y la luz, entre lo feo y lo hermoso, siempre buscaremos aquello que nos aproxime más al mundo de la armonía, de la concordia y lo admirable. Si podemos elegir, siempre elegiremos el bien, o aquello que para nosotros, en un estadio de normalidad, consideramos como bueno. Y siempre bajo la regla de oro: no desees al otro, en su distorsión multidimensional, aquello que no deseas para ti mismo.

Aún así, es cierto que a veces la oscuridad, lo tosco, nos atrapa y el mal nos posee. Cuando las fuerzas nos fallan, cuando el mundo parece retorcerse todo entero contra nosotros y el caos se apodera de nuestras vidas, podemos fácilmente abrigarnos en las sombras. Vivimos en un mundo de opuestos, de ciclos, de fuerzas. Cada día tenemos que elegir hacia qué fuerzas dirigir nuestros pasos. Cada día el mundo nos pone a prueba. Y cuanta mayor sea nuestra consciencia, cuanta más luz haya en nuestra inteligencia y mayor bondad en nuestros corazones, mayores tendrán que ser las pruebas y las elecciones a tomar. Porque a mayor consciencia, mayor responsabilidad a la hora de obrar el bien. Y también mayor el riesgo de enfrentarnos al propio mal de forma virulenta y poderosa.

Hay que estar siempre atentos para no ser seducidos por el umbral, por las fuerzas que se ocultan tras la luna. Aquellos que son atrapados por la luna, por sus sombras, difícilmente saldrán de ese embrujo sin la poderosa ayuda de algún sol arrebatador de consciencia. El mundo astral nos atrapa con suma facilidad. El mundo luminoso, siempre complejo, puede ayudarnos a salir, nos envía a sus mensajeros, a sus magos. Por eso es importante buscar flores en nuestras vidas. Merecemos vivir en palacios, merecemos vivir en la belleza, merecemos lo mejor y siempre obrando el bien. Flores que dentro de nosotros se transformen en diamantes. Seres que cuando nos miren, no finjan, sino que aprecien de forma sincera nuestras tres prudentes dimensiones. Sin juicio, con amor.

 

A ti la dama…


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Ahora que todo terminó, no puedo evitar recordar a aquella mujer que hace tiempo, mucho tiempo, habitó en mí. Era alta al mismo tiempo que frágil. Su cuerpo resplandecía apagado como un templo de mármol blanco pero teñido de oscuro, ligeramente inclinado cuando paseaba entre abedules o sobradamente prominente cuando lo hacía entre robles. A veces mendiga, a veces monja, a veces reina, nunca sabías cuales de sus atributos la describía en su contrariedad. Era una auténtica oxímoron llena de paradojas y contradicciones. Era trasparente e invisible para el mundo, pero luminosa para las dimensiones brillantes.

Había en su andar una pesada torpeza, como si los años de su juventud pesaran en una ancianidad que le poseía, pero también una elegancia propia de la nobleza. Siendo aún muy joven, sus manos pertenecían a una anciana y su rostro, a veces cansado y a veces alegre, desempeñaba diferentes formas, como si realmente convivieran en él decenas de almas que se mezclaban entre los surcos de su cara. Estaba poseída por el misterio de una belleza que no tenía competencia. Su largo cabello negro se enredaba entre sus hermosos pechos cuando leía a los antiguos filósofos. Me gustaba rozarle los labios con la mirada cuando desnuda, soñaba con algún poeta. Abrazarla, siempre muy tímidamente, era como penetrar en una tierra desconocida, pero al mismo tiempo yerma y vacía. Sus madreselvas decoraban con gracia y espesura toda su plasticidad. Y siempre ese olor suyo, salvaje, pura química anestesiante de un perfume propio e incomparable.

Tuve la suerte de dormir a su lado en alguna luna llena, contemplando únicamente su inteligencia, siempre superior a la mía y a la de cualquier otro, y su cuerpo, más hermoso aún cuando yacía desnudo. Pero todo era fantasía o cuento que terminaba en un despertar aburrido, sin pasión, frío y desolado, o en un momento de cólera inadvertida. Sólo una vez, de forma muy fugaz, conseguí encender dentro su fuego e iluminar su mirada, pero de nada sirvió excepto para desearla una y otra vez sin éxito. El amor no la habitaba, ni siquiera la curiosidad por poder atraerlo. Era feliz en el palacio de su soledad. Hubiera ansiado poseerla una y otra vez, pero entre ella y yo siempre había una gran sombra que a veces se convertía en cisne, en un imponente cisne negro que nos separaba día y noche. Hubiera deseado amarla y ser amado, pero nunca llegó la primavera a nosotros. Quizás sí cierto cariño, quizás sí la desesperación de algún deseo remoto y ocasional, pero nunca la fusión de dos almas, nunca el éxtasis de dos pieles convertidas en una. Era un ser inconquistable en un tiempo difícil. Era un ser impenetrable en un territorio que no invitaba a la aventura.

Aunque la llama nunca prendiera en ella, admito que de sus abrazos áridos saqué una tabla de náufrago, además de una enseñanza, que me permitió navegar hasta la orilla. Me salvó del abismo, me rescató de la ira, me sacó del agua hasta la sempiterna esfera etérica. Sus palabras nocturnas servían de canción de cuna. Su locura, arraigada a otros planos, distraían mi mente en un devenir amargo y afligido.

Hubiera deseado conocerla cuando era joven, y no ahora tan anciana y esotérica. Seguramente su belleza exagerada y alegre hubieran conquistado mi alma para siempre. De haberlo sabido, quizás la hubiera soñado, la hubiera buscado hasta toparme con ella en esa biblioteca con la que tantas veces había fantaseado. A pesar del fracaso y del intento, interiormente estoy agradecido. Es una suerte conocer ancianas hermosas, de generosos pechos, de bellas sonrisas, de libertad extrema emancipada de todo tipo de emoción o sentido, de sublime inteligencia. Especialmente si acuden a tu rescate para destruir la ilusión en la que vivías. Especialmente si son las portadoras de la fuerza suficiente para destruir lo irreal, acomodarte en otra dimensión para luego marcharse para siempre. Su reino era la oscuridad. Allí tenía su lámpara encendida, y allí acudía todas las noches como una luciérnaga ciega y herida. Habitaba en el mundo de las sombras, pero allí tenía su luz, esperando el renacer de la nueva aurora. Un día se marchó y no la vi más. Nunca supe qué fue de ella, excepto el recuerdo de su aliento, de su latir y de aquello que nunca fue y podía haber sido.

 

 

 

El silencioso sacrificio del ego


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 “En el tercer domingo de Adviento: el hombre busca la realidad verdadera, que se encuentra en lo espiritual. La clave para esta realidad y para toda cognición espiritual es el sacrificio. La voz de la quietud dice: no quiero hacer sufrir a nadie, quiero perdonarlo todo.”  Rudolf Steiner

Silencioso y siempre doloroso. Silencioso porque sabes que no puedes atar la experiencia cuando la experiencia ya siente que su proceso ha terminado. Sabes también que esa experiencia no tiene la suficiente fuerza para marcharse por sí sola. Entonces haces lo necesario para que la fuerza proponga soluciones y luego la ayudes con cierto empuje. El alma pone toda su fuerza para reordenar el escenario, el empuje lo da el ego cuando, retorcido de dolor, se ve en la necesidad, contra su voluntad, de obedecer los designios. Si fuerzas con rabia, el empuje sale de forma descontrolada pero efectiva, la experiencia desaparece, huye despavorida. Eso era lo que se hacía en silencio, pero con cierto deseo de liberar aquella actividad que por sí sola no tenía fuerza ni valentía para hacerlo. Si miras desde lo más alto eres capaz de hacer el sacrificio. Cuando la experiencia siente que todo ha terminado, hay que liberarla, aunque duela, aunque sintamos apego, aunque la queramos para nosotros. La presión es dolorosa, pero necesaria. El sacrificio del ego sufre como una segunda muerte.

Es doloroso porque si amas realmente, no deseas perturbar la nueva etapa vital con las pequeñas cosas y eso necesariamente requiere un sacrificio. Prefieres dejar la experiencia lo más libre que puedas para que la experiencia decida y se trascienda, disfrute de verdad de ese nuevo reto vital que se ha diseñado para empezar en otro escenario diferente, pero con las mismas pruebas, ahora incrementadas. Si amas de verdad, solo puedes desear lo mejor para el otro, y quizás lo mejor para el otro en esos momentos es que el alma se retire, esté en un segundo plano, sin hacer mucho ruido, callada, respetando y aceptando la situación y aceptando el sacrificio doloroso del ego. En esa retirada hay una parte de riesgo, pero de ahí viene el misterio del sacrificio oculto. Al retirar voluntariamente el alma, liberas la experiencia para que siga su camino si decisió que el anterior estaba agotado o no merecía la pena continuar en el mismo.

En todo este juego de máscaras hay verdades veladas y decisiones complejas. El ego sigue jugando su rol para alejar lejos la experiencia, para que se libere y encuentre su nuevo marco dimensional. El ego se rompe en el proceso, padece, sufre. Y al hacerlo, de alguna forma la empuja a ello. Desde un punto de vista energético, la persona se ha topado con un nodo y ese nodo la ha impulsado hacia otra dimensión. Pero no siendo suficiente, al alcanzar el impulso e instalarse en ese nuevo marco de experiencia, el nodo desaparece, se sacrifica para permitir la corriente energética y la nueva enseñanza. El nodo es la fuerza que atrae, pero también la fuerza que repele para redimensionar la experiencia. Para que eso ocurra, como una gran catapulta que lanza al ser hacia el nuevo estadio, hay un momento de retiro, de sombra, de dolor inevitable.

En el imaginario de las máscaras cada cual juega su rol para que así sea. Uno se siente triunfador y feliz por haber llegado tan lejos y el otro agotado, dolorido, roto por el esfuerzo del lanzamiento. Así hasta que el alma, el nodo, vuelva de nuevo a su lugar, y la experiencia se fortalezca para vivir su nueva vida. Si lo consigue, si es fuerte para soportar las nuevas enseñanzas, todo habrá tenido sentido. Si fracasa, volverá de nuevo al punto de partida hasta que esté preparada. Todo se reorganiza de nuevo. Todo vuelve a su lugar. Todo es volver a empezar.

La vida te necesita ahora, no cuando seas perfecto


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Alguien que no estaba bien de la cabeza dijo:
La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad. La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante.
La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que “Es“.
La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces.
La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.
La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección.
La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como río.
La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”. La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe. La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.
La vida te aleja de las personas que amas, hasta que comprendes que no somos este cuerpo, sino el alma que él contiene.
La vida se ríe de ti tantas veces, hasta que dejas de tomarte todo tan en serio y te ríes de ti mismo.
La vida te rompe y te quiebra en tantas partes como sean necesarias para que por allí penetre la luz.
La vida te enfrenta con rebeldes, hasta que dejas de tratar de controlar.
La vida te repite el mismo mensaje, incluso con gritos y bofetadas, hasta que por fin escuchas.
La vida te envía rayos y tormentas, para que despiertes.
La vida te humilla y derrota una y otra vez hasta que decides dejar morir tu EGO.
La vida te niega los bienes y la grandeza hasta que dejas de querer bienes y grandeza y comienzas a servir.
La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser.
La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro.
La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir.
La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.
La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar.
La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar.
La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos.
La vida te niega a Dios, hasta que lo ves en todos y en todo.
La vida te acorta, te poda, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR.

¿Cuando estallará la burbuja energética?


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Aerogenerador en la Comunidad de Findhorn, Escocia

 

Estamos viviendo un momento álgido de transición, tanto tecnológica, energética como social y cultural. Las fronteras están desapareciendo, el mestizaje y la multiculturalidad se está extendiendo por todos los países, la pureza racial, nacional o cultura están desapareciendo y el concepto de “pueblo” está dando paso a un concepto más amplio llamado “ciudadanía”. Las leyes se están adaptando a estos cambios masivos y la tecnología, especialmente toda la que tiene que ver con la comunicación y la movilidad, están revolucionando el nuevo paradigma al que nos enfrentamos.

El concepto de estado-nación está entrando en quiebra y de ahí que existan movimientos reaccionarios que reivindiquen la noción de “pueblo”. Ya pasó en tiempos de la ilustración con el romanticismo y en el siglo XX con las dos guerras mundiales ante el “imperialismo” que denunciaba Lenin. Ahora los movimientos populares, los nacionalismos y los patriotismos pretenden de nuevo ir contra los “tiempos”. Y los tiempos avanzan irremediablemente hacia una segunda revolución ilustrada que nos aleje de las esencias patrias y nacionales. Entre otras cosas porque ese sentido nostálgico de lo tradicional está desapareciendo. Hoy día en un mismo barrio pueden vivir cientos de personas de cientos de orígenes diferentes. En unas décadas será inútil hablar de usos y costumbres porque el mestizaje avanza irremediablemente.

En términos tecnológicos, el agotamiento del petróleo (teoría del pico de Hubbert) y la dependencia absoluta hacia el mismo está acelerando la migración hacia la electrificación de las cosas, especialmente de los vehículos. Esto provocará un colapso eléctrico que será superado con el abandono de las energías alternativas y la extensión de la energía nacida de la fusión nuclear, en fase experimental en estos momentos y en fase de producción en unos años. El resultado será el terminar de liquidar la industria del petróleo, pero también la industria de tecnologías alternativas como la eólica o la solar, ahora en fase de expansión.

La robótica también verá una explosión de desarrollo a mitad de siglo, momento en el que los estados empezarán a aplicar la renta básica universal para que la producción de cosas y el propio sistema no colapse. Seguramente, en las próximas décadas nuestras sociedades avanzadas vivirán escenarios de pánico y crisis debido a esta transición inevitable, y la incertidumbre aumentará a medida que las reservas de petróleo disminuyan, encarezcan los precios de los combustibles fósiles (miremos con atención los síntomas de la revolución francesa de estos días de los chalecos amarillos) y el sistema aún no esté preparado para adaptar todo su sistema a un consumo suficiente de electricidad. Solo cuando la tecnología de la fusión nuclear esté madura, sea segura y no contaminante, podremos avanzar pacíficamente hacia una nueva era más silenciosa, más prudente, más ecológica y más humana. Mientras esos tiempos lleguen, nos esperan dos décadas de vértigo. Estemos preparados.

 

Conversaciones con una meiga


 

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Como las magas no entienden de tiempo, llegó un poco “tarde”. Para ella era la hora justa. No sobraba ni faltaba ningún minuto. Llegó en el tiempo de la “ocasión”. Lo importante es que llegó después de un largo viaje. Como no pudimos comer juntos, la merienda se convirtió en una comida-cena improvisada, con una sabrosa sopa de fideos y guisantes de la cual abusamos para así atender con fuerza a la magia. Hay que tocar tierra para poder mirar al cielo.

Tras el paseo por el lugar para que viera y sintiera las energías del mismo, nos fuimos al salón y todos nos dispusimos alrededor de ella. A cada uno de nosotros nos miró fijamente a los ojos y penetró en nuestros corazones. Hizo las preguntas oportunas y enseguida, conectándose con alguna fuente desconocida para nosotros, empezó a estirar de nuestros latidos hasta que desveló nuestros secretos. Lloramos cada vez que extraía algún dolor, alguna experiencia enterrada, alguna flaqueza, pero, sobre todo, nos llenamos de esperanza cuando con sus sabias palabras nos guiaba hacia el camino, hacia la sanación, hacia la fuerza oportuna para equilibrar cada una de las heridas.

Se hacía tarde y quedaba yo. Como quería conocer la editorial tuve la suerte y el privilegio de disfrutar de una conversación a solas entre libros. Gozamos un rato de la energía de las librerías cargadas de tomos y nos sentamos uno en frente del otro para empezar la sesión en la pequeña salita. “Si te fijas, eres joven y a pesar de ello has hecho muchas cosas en la vida. Lo más importante de todo lo que has hecho es que has conseguido enlazar mundos, crear puntos de luz y entregarte al servicio de forma contundente y consciente. Eso ha creado en ti y a tu alrededor un punto de fuerza que atrae a mucha gente, pero también a muchas energías”. En este punto de la conversación es cuando empezó a ponerse seria pues estaba a punto de entrar en el mundo de los arquetipos. “Si crees en las fuerzas y las energías, lo que te ha ocurrido en estos meses es que has sufrido un poderoso ataque que casi termina contigo. Sólo por la fuerza de los seres que te protegen has podido sobrevivir. Podrías haber muerto porque has abierto puertas y mundos y ahora estás vulnerable”. A medida que hablaba iba entendiendo cosas que pasaron en estos meses. La noche oscura del alma casi me llevó al abismo. Cosas que no podía entender ahora cobraban sentido.

Empecé a respirar hondo y empecé a poner atención a todo sin decir nada. Sus palabras y su forma de decir las cosas eran especiales. Entraban en el corazón y lo desnudaba. De repente conocía secretos de mí mismo que nadie sabía excepto yo. “Esas fuerzas te han quitado lo que más querías. Han sabido hacerlo de forma sabia. Si te fijas, todos tenemos alguna debilidad. Si tu debilidad es el dinero, la ambición, te van a atrapar por ahí. ¿Por qué crees que lo que más querías te lo han arrebatado ofreciéndole algo irrenunciable e irresistible para su debilidad? Ha sido utilizada en su debilidad, y ante la elección, no podía renunciar a ello. Ella, como tú, sucumbió ante su debilidad. Sin embargo, esa es su debilidad, su elección y aprendizaje, pero su alma te sigue amando y protegiendo. Por las noches te acompaña y te protege”.

Escuchándola podía de alguna forma entender mis sueños recurrentes, y también entender la forma en la que había pasado todo. De alguna manera sentía algún consuelo y cierta paz interior. “Tienes muchas virtudes trabajadas, pero ahora toca centrar la atención en tus debilidades. Todo esto que ha pasado ha sacado tu rabia y frustración, pero tu mayor debilidad es la “justicia” y la “fe”. Es eso lo que tienes que trabajar para que todo el equilibrio se vuelva a restablecer”.

Pasaron las horas y yo seguía escuchando atentamente. Realmente lo importante no eran las palabras, ni siquiera la conversación discurrió de esta manera pues solo recuerdo algunas ideas vagas. Era su energía, era su poder a la hora de ver, intuir y atravesar mi alma. Sentía que me encontraba ante una auténtica maga, no de esas que van engatusando a las mentes débiles con cuentos para adormecer sus heridas, más bien una poderosa alma capaz de atravesar todos tus adentros, mirar sin fisuras dentro de ti en tus recodos con confianza y acierto, ayudando a empoderarte en el trabajo mágico del alma. Hay personas que te tocan y lo hacen para siempre. Hay auténticos magos que te transforman por dentro. Ayer tuve la suerte de conocer a una auténtica. No fue lo que dijo, fue el cómo lo dijo. No fue lo que decía, fue todo lo que tocaba por dentro cuando lo decía.