Estamos en un tiempo difícil en el plano material (crisis financiera, desmantelamiento del Estado del Bienestar, empobrecimiento de las clases medias) y también en el plano de las ideas, el cual afecta de lleno a partidos de gran tradición como el PSOE. Esta crisis de ideas está poniendo en duda la conexión entre los partidos tradicionales y la ciudadanía, anclada, valga la paradoja, en un mar de protestas y disconformidades ante la crisis acuciante y las pocas alternativas que el modelo neoliberal ofrece desde los organismos españoles y europeos. En este caldo de cultivo, el PSOE necesita realizar una profunda reflexión, una autocrítica constructiva y buscar alternativas que le devuelvan el protagonismo perdido en estos tiempos.
El nuevo liderazgo ideológico tiene que ver con la adaptación de los componentes simbólicos y de fundamento a los nuevos tiempos. La agenda progresista debe adaptarse a este nuevo paradigma económico y social, basando sus premisas en la adecuación de sus símbolos y proyectos identitarios. La gobernanza de la globalización, el reto climático y tecnológico, el problema del hambre y la pobreza en nuestro país y en el mundo, la era del conocimiento y la crisis neoliberal actual necesitan analizarse desde una nueva perspectiva que mire hacia el futuro con una cuidada clarividencia hacia las tendencias que han de llegar al panorama local y mundial.
Las ciencias sociales en general y la antropología en particular siempre han prestado especial atención al mundo de los símbolos como aquellos arquetipos que intentan expresar una idea-fuerza o un conglomerado de pensamientos articulados por rituales de diferente índole, siendo soportes indispensables para que el observador se sienta orientado, relacionado y/o identificado con la idea que sostiene.
En este mundo de crisis y cambios, debemos reorganizar la estructura interna y sus expresiones externas para adecuarlas al nuevo ciclo de acontecimientos. Para algunos investigadores, estamos traspasando la barrera entre el mundo materialista, caracterizado por la revolución industrial de épocas pasadas, al mundo postmaterialista, basado en la industria de la información y el conocimiento. Este nuevo modelo implica la aceptación de que muchas personas empiezan a dejar de comprar cosas tangibles para consumir experiencias, enfrentándonos con ello a una potente y nueva revolución “industrial”. Esto está cambiando la mentalidad social a la hora de enfrentarse a los retos del futuro, creando un sistema de nuevos valores sociales y culturales que todas las fuerzas ideológicas deberían tener presentes.
Estos valores postmaterialistas tienen que ver con proyectos de autorrealización, participación y emancipación individual y colectiva. Ignorarlos puede provocar que las fuerzas vivas que nacen en la sociedad busquen vías de escape o alternativas que, de no ser reconducidas, pueden terminar en movimientos violentos o de protesta continuada. ¿Qué alternativa de futuro, adecuada a los nuevos tiempos, está dispuesta a ofrecer el PSOE?
Las ideas suelen tener una evolución propia con la intención de adaptar sus intereses a los tiempos o lugares donde discurren. Las ideas políticas siempre han basado su permanencia en un proyecto que inyecta, mediante una sólida base de diseños, estrategias y tácticas, un programa y una posición adecuada para defender sus doctrinas.
El socialismo en España, y más concretamente el Partido Socialista Obrero Español, ha entrado en un proceso de caducidad permisivo cuyo remedio requiere de una revisión profunda de sus valores y principios, pero sobre todo, de su estética simbólica a la que se enfrenta en los nuevos tiempos.
Por poner ejemplos concretos y de cierta estética aplicada, esa caducidad queda reflejada en sus propios símbolos. El nombre sigue siendo un prefacio del siglo XIX: Partido Socialista Obrero Español. En un mundo donde la puesta en práctica del socialismo ha fracasado no tiene sentido que un partido moderno siga argumentando bajo esa bandera unos usos caducos. Tampoco debería llamarse obrero, ya que la mayoría de la nueva clase trabajadora está emancipándose del concepto de “clase obrera” para enmarcarse más en el concepto de clase postmoderna que nada tiene que ver con la concepción que Marx hizo de su “working class”.
El símbolo del puño agarrando una rosa también forma parte de un movimiento que nada tiene que ver con todo lo que está ocurriendo en nuestros días. Si bien los símbolos pueden llegar a ser sagrados dentro de los ámbitos de las relaciones con el mundo invisible, en las relaciones humanas de lo cotidiano, los símbolos evolucionan irremediablemente, aunque intenten guardar dentro de sí algún tipo de esencias. Hay algunos que pertenecieron a un tiempo y a las fuerzas de ese tiempo, identificando un proyecto que requiere revisión. Una vez terminado el periodo de fuerza, el símbolo carece de valor.
Para ello, hay que tener en cuenta conceptos claves a desarrollar en el futuro:
- Ya no existe un proletariado o clase trabajadora a la usanza del siglo XIX y en contraposición a una clase capitalista. Hoy en día, la sociedad se está articulando de forma diferente, evolucionando el concepto de trabajo asalariado por formas diferentes de trabajo, muy relacionados con la nueva revolución de la era del conocimiento.
- La terminología “explotación”, muy utilizada como argumento ideológico debería sustituirse por términos menos agresivos, ya que, en términos actuales, las desigualdades sociales no consisten en la explotación de unos sobre otros, sino en las injustas regulaciones existentes a la hora de organizar el mercado de trabajo y capital.
- El propio nombre del partido debería modernizarse, agrupando más el concepto de socialdemocracia –quizás adoptando el nombre que ya algunos partidos socialistas reclaman para sí como el de Partido Socialdemócrata.
- Los símbolos han evolucionado, y en la era industrial del conocimiento, donde el pixel y el ratón son los instrumentos más habituales de trabajo, no podemos seguir vinculando esta era a símbolos del pasado.
Por lo tanto, es necesario realizar una firme revisión no de nuestros valores, pero sí de la forma en la que los expresamos para no caer en la tentación de encerrarnos en la caducidad endogámica y el sectarismo de las esencias. Nuestra visión debe ser amplia y ello requiere cambios en el fondo, en la ética, pero también en la estética.




























